Patricia Carro.
Burgos, 10 nov (EFE).- Lucía Alonso tiene las ideas muy claras: como librera convencida defiende que vender libros es una de las formas más honradas de ganarse la vida; como lectora empedernida, que un buen libro es aquel que consigue atrapar al lector; y como gerente de la librería más antigua de España, que la piratería está machacando al sector.
“Todo el mundo tiene que ganarse el pan, tiene que pagar las facturas y yo siempre tuve muy claro que tenía que hacer algo que me pareciera honrado, respondiera a mis creencias y a mi forma de ver la vida”, reflexiona en una entrevista con la Agencia EFE con motivo del Día de las Librerías este lunes, 11 de noviembre, y ese algo ha sido continuar con el legado familiar al frente de Hijos de Santiago Rodríguez.
La librería que fundó en 1850 Santiago Rodríguez Alonso, primero como imprenta y luego como editorial, cumple su 175 aniversario, y en plena celebración Lucía Alonso defiende que si bien “vender es una palabra muy fea, vender libros es una de las maneras más hornadas de ganarte la vida”, pues aporta “esa sensación de que estás haciendo algo por los demás”.
Un libro puede ayudar a una persona que está pasando por un mal momento a hacerle frente, o a pasar un rato de evasión; a los niños les aporta capacidad para razonar, conocimiento y espíritu crítico; y no es raro que un librero se convierta, de tarde en tarde, en un aprendiz de psicólogo.
Contribuir a la sociedad fue precisamente lo que impulsó a Santiago Rodríguez en aquel 1850. Este joven de 25 años era muy inquieto, tenía muchas curiosidades, y un nivel adquisitivo que le permitía ser "más curioso aún”.
Visitó la Exposición Universal y volvió queriendo ayudar a que España avanzase y se equiparase con el resto de países europeos, así que empezó con una imprenta en la que imprimían libros pero también periódicos, facsímiles y publicidad, para pasar a la reproducción de libros y, de ahí, a editar sus propias publicaciones, sus míticos manuales de enseñanza.
“Él creía que una sociedad tenía que leer y escribir para poder formarse y poder avanzar”, así que llegaron las cartillas de lectura y matemáticas; al negocio se sumó su hijo Mariano y “despegó”, pasando de generación en generación hasta cumplir 175 años, no exentos de vicisitudes.
Entre ellas, la muerte del abuelo materno de Lucía, José Luis Rodríguez, que falleció joven, con 60 años, lo que obligó a cerrar la editorial; la librería pasó a manos de la familia del hermano del abuelo y, pasados años, regresó con Lucía y su madre, Mercedes Rodríguez, al frente, hasta llegar a la actualidad.
A ellas les ha tocado enfrentarse a la pandemia y, antes, la crisis económica de 2008, que les obligó a tomar medidas duras, como un ajuste de personal y vender el emblemático local de la Plaza Mayor de Burgos para trasladarse a uno más pequeño en la calle Avellanos: “Decidimos que queríamos seguir peleando y que la librería más antigua de España siguiera funcionando”.
El espíritu que llevó a Santiago Rodríguez a poner en marcha su imprenta y editorial sigue vivo en Hijos de Santiago Rodríguez, y frente al clasismo que impera en algunas corrientes literarias, Lucía defiende que “un libro, sea el que sea, es un buen libro si consigue atrapar a la gente y que pase un buen rato”.
“Sigue habiendo libros de literatura de muchísima calidad, de muchísimo talento y de muchísimo ingenio pero ¿cuánta gente hay con esa capacidad de talento, ingenio y conocimiento?”, reflexiona, así que en su opinión “tiene que haber libros para todos” porque “dime si no aprendes un montón con Mafalda”, o con el cómic ‘Príncipe Valiente’ como le ocurrió a ella.
De ahí que en la librería, como prescriptores, trabajen para dar un espacio a editoriales pequeñas, en un mundo editorial que se ha vuelto inabarcable, pues los escritores desconocidos también necesitan su oportunidad, y Lucía es consciente de que hay auténticas joyas que pasan por la librería “sin pena ni gloria” porque ni el librero puede leerlas ni llegan al público.
En vísperas del Día de las Librerías, la gerente de Hijos de Santiago Rodríguez afirma que lo que está haciendo daño al sector de las librerías no es el libro electrónico, sino la piratería, que la gente crea que prevalece su derecho a leer sobre el derecho de autores, creadores, maquetistas, impresores, editoriales, agentes comerciales y libreros.
“Eso es robar, no lo vamos a romantizar”. Y a Lucía no le vale la excusa de que los libros son caros, porque los hay de bolsillo, están los electrónicos, hay bibliotecas… “La picaresca española es una jetada”, concluye. EFE
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