Celia Agüero Pereda
Silió (Cantabria), 7 ene (EFE).- La Vijanera, el primer carnaval del año en Europa, se está desarrollando como es tradición este domingo en Silió, en el municipio cántabro de Molledo, haciendo frente al mal tiempo.
Aunque la asistencia a esta tradicional fiesta no sea tan multitudinaria como en otras ocasiones por las adversidades meteorológicas, miles de personas se han acercado a esta pequeña localidad de apenas 600 habitantes situada entre Los Corrales de Buelna y Reinosa, en el corazón de Cantabria.
Declarada Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial en 2021, se trata del primer carnaval del año en Europa que se celebra el primer domingo de enero, aunque en la antigüedad en Silió siempre se celebraba el día de Nochevieja.
Este carnaval, dedicado al oso como alegoría del mal, fue recuperado por un grupo de jóvenes que se esforzó en seguir la huella vijanera con los recuerdos de sus mayores, con la tradición oral de la zona y con las escasas fotografías que se conservaban en algunas casas.
En esta fiesta participan más de 150 personas que, ataviadas con 80 trajes distintos, festejan con una decena de actividades esta tradición que se remonta a la antigüedad.
Se trata de una fiesta ancestral que conmemora el solsticio de invierno, el momento en el que el sol empieza a ganar el pulso a la noche.
Los vijaneros recorren el pueblo para representar las distintas escenas: la captura y la muerte del oso, que simboliza el intento de acabar con lo malo, la defensa del límite del pueblo en "la raya", o el parto de la preñá, que vaticina cómo será el año.
Entre los personajes que participan en esta celebración para dar la bienvenida al nuevo año y ahuyentar a los malos espíritus están: El Danzarín Negro y El Blanco, El Caballero, El Oso y El Amo, El Viejo y la Vieja, La Pepa, Las Gorilonas y El Húngaro, Los Guapos, La Madama, Mancebo y Marquesito, la Preñá y Marido, Trapajeros y Trapajones, Zarramaco y Zorrocloco.
Desfilan por Silió con sus llamativos atavíos completando los diferentes actos que se celebran a lo largo del día, como los campanos, la salida, la captura del Oso, la Defensa de la Raya, las coplas, la muerte del Oso y las comedietas.
A la espectacularidad de los zamarracos, con cara negra y estruendosos campanos, se unen los trapajones, cubiertos con elementos de la naturaleza, como panojas de maíz, musgo, paja, helechos, o cortezas de árbol. Pero también los danzarines, el propio oso o la preñá.
Este año, como novedad, es la primera vez que un trapajón aparece en solitario.
Dentro de los trapajones, los verdes son los que precisan más trabajo porque sus materiales deben coserse a la saca los días previos para evitar que se sequen.
Son diferentes al resto de trajes, porque ese esfuerzo que requieren hace que se valore aún más la tradición, se potencie la convivencia y crezca el sentimiento de orgullo, siendo un aliciente para volver a superarse el año próximo.
La Vijanera es el punto en el que las diferentes generaciones conviven y en el que se repite cada año la iniciación de los nuevos vijaneros, que son acogidos por los más veteranos.
Gracias a las tradiciones, este rincón del Valle de Iguña se reivindica como un pueblo que quiere seguir siéndolo y como guardián de la cultura.
La Vijanera ha arrancado a las 6 de la mañana tocando los campanos, pero las actividades principales han empezado sobre las 11.30 horas, y no cesan hasta la caída del sol. EFE
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