Por qué no debes lavarte el pelo con agua caliente: la ciencia desmiente que su resultado es más limpio o con mayor suavidad

Los investigadores sostienen que bajar un poco los grados deja un cabello más hidratado y fuerte

Una mujer lavandose el pelo en la ducha (Pexels)
Una mujer lavándose el pelo en la ducha (Pexels)
Guardar

Siempre nos han dicho que lavarse el pelo diariamente es malo. O que el cuerpo hay que lavarlo con agua caliente para tener una buena salud e higiene. Supuestamente, con esto la piel queda más limpia y con menos bacterias. Sin embargo, la evidencia científica ha desmentido más de una vez esta creencia y advierte de que el agua a altas temperaturas puede deteriorar seriamente la barrera cutánea.

Un estudio desarrollado por el Departamento de Dermatología de la Universidad de Granada analizó de forma objetiva los efectos de la exposición al agua y a los cambios de temperatura en la función barrera de la piel. En la investigación participaron 50 voluntarios sanos a los que se midieron parámetros biofísicos clave, como la pérdida de agua transepidérmica —que refleja si la piel retiene bien la humedad—, el pH y el grado de enrojecimiento o eritema.

PUBLICIDAD

Durante la investigación, los autores se dieron cuenta de que el impacto de la temperatura y de la cantidad de agua no se limita a las manos o los brazos, sino que afecta de forma directa a la higiene del cabello y del cuero cabelludo. De este modo, determinaron que “es aconsejable utilizar agua fría o tibia para el lavado”.

Una mujer de espaldas lavandose el pelo en la ducha (Pexels)
Una mujer de espaldas lavándose el pelo en la ducha (Pexels)

El cabello lavado con agua tibia tiene un resultado usa

Los resultados de esta investigación se amplían con las conclusiones de otro estudio publicado en la Revista de la Sociedad Japonesa de Ciencias de la Enfermería, donde se profundiza en el diseño de técnicas de lavado capilar capaces de reducir la contaminación por bacterias como el Staphylococcus y eliminar el exceso de grasa sin agredir la piel. El trabajo comprobó que el método tradicional de pasar repetidamente los dedos entre el pelo mientras cae un chorro escaso de agua no garantiza la eliminación de los gérmenes; de hecho, en ocasiones las bacterias suspendidas quedan atrapadas entre los cabellos.

PUBLICIDAD

En cambio, emplear un volumen adecuado de agua tibia (unos diez litros) y aclarar la cabeza acunando el agua con la palma de la mano mientras se agita suavemente el cabello logró reducir la presencia bacteriana a un tercio de sus niveles iniciales (con un descenso notable en la tasa de microorganismos hasta 0,34). Los expertos japoneses señalan que la combinación de una mayor hidratación del cabello con el movimiento fluido del agua genera una fuerza mecánica suave que desprende los microorganismos y el sebo sin necesidad de frotar con brusquedad.

En cuanto a la frecuencia ideal del lavado, la Revista Internacional de Dermatología Femenina divulgó otro trabajo que examina las percepciones y falsos mitos que rodean al cuidado del cabello en la sociedad actual. Muchos ciudadanos creen erróneamente que lavarse el pelo con frecuencia es dañino.

Una mujer de espaldas con el pelo mojado tras ducharse (Pexels)
Una mujer de espaldas con el pelo mojado tras ducharse (Pexels)

Sin embargo, este trabajo científico aclara que lavar el cabello regularmente con un champú suave elimina la acumulación de sebo, la picazón, las escamas y los lípidos oxidados, manteniendo en mejor estado la barrera protectora de la cutícula. Asimismo, la publicación advierte que someter el cabello a temperaturas excesivas durante el lavado o el moldeado puede desnaturalizar las proteínas de la fibra capilar, provocando anomalías estructurales como la fragilidad excesiva o el denominado “cabello burbujeante” (’bubble hair’).

De este modo, la ciencia lanza un mensaje claro: el cuidado de la piel y el cabello requiere huir de los extremos. Utilizar agua tibia o fresca en la higiene diaria, evitar el frotado agresivo y erradicar la idea de que el calor limpia mejor son pasos sencillos que protegen la salud de nuestra cubierta natural frente a irritaciones, sequedad e infecciones.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD