Un estudio revela que tener un jardín en casa puede reducir hasta en un 21% el riesgo de Alzheimer

Los resultados sugieren que el entorno inmediato de la vivienda puede desempeñar un papel relevante en el envejecimiento saludable

Una mujer se asoma al jardín de su casa (Magnific)
Una mujer se asoma al jardín de su casa (Magnific)
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Vivir rodeado de árboles, jardines y pequeños espacios verdes podría beneficiar no solo al bienestar emocional, sino también a la salud cerebral. Así lo indica un estudio publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia, que relaciona la presencia de vegetación a menos de 100 metros de la vivienda con una reducción del 21% en el riesgo de desarrollar demencia en personas mayores.

La investigación ha sido realizada por especialistas del Instituto Karolinska y la Universidad de Estocolmo, que siguieron durante un máximo de 16 años a 2.993 adultos mayores que no tenían demencia al comienzo del estudio. Al finalizar el seguimiento, 477 participantes, el 16% de la muestra, habían recibido un diagnóstico clínico de esta enfermedad.

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Los resultados sugieren que el entorno inmediato de la vivienda puede desempeñar un papel relevante en el envejecimiento saludable. No obstante, los autores advierten de que se trata de una asociación estadística: el estudio no demuestra que vivir cerca de zonas verdes evite directamente la aparición de demencia.

La importancia de tener árboles cerca de casa

Uno de los principales hallazgos es que la distancia importa. Los investigadores observaron que la asociación entre vegetación y menor riesgo de demencia se debilitaba al ampliar el área analizada a 250 o 500 metros, hasta desaparecer su significación estadística.

En otras palabras, la vegetación más próxima a la vivienda podría ser especialmente relevante. Los árboles de una calle, los jardines de un edificio o las plantas que rodean una entrada permiten mantener un contacto frecuente con la naturaleza sin necesidad de desplazarse hasta un parque.

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Para medir esta exposición, el equipo utilizó imágenes satelitales anuales con una resolución de 25 por 25 metros y datos sobre las direcciones de residencia de los participantes. El análisis abarcó observaciones realizadas entre 1990 y 2018 en Kungsholmen, un distrito de Estocolmo.

Una joven cuida los cactus del jardín (Magnific)
Una joven cuida los cactus del jardín (Magnific)

Las mujeres presentan una asociación más pronunciada

Los beneficios observados no fueron iguales en todos los participantes. Entre las mujeres, una mayor presencia de vegetación cercana se relacionó con un riesgo de demencia un 31% menor. En los hombres, la reducción estimada fue del 7%, una diferencia que no alcanzó significación estadística.

El estudio también examinó el papel del gen APOE-ε4, una variante genética relacionada con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer. Entre las personas que no portaban esta variante, la vegetación próxima se asoció con una reducción del riesgo del 28%. Entre los portadores, sin embargo, los resultados no fueron concluyentes.

Estas diferencias requieren nuevas investigaciones antes de extraer conclusiones firmes sobre cómo influyen el sexo y la genética en la posible relación entre naturaleza y salud cerebral.

¿Cómo podría beneficiar la vegetación al cerebro?

Aunque el estudio no analizó directamente los mecanismos biológicos, los investigadores plantean varias explicaciones posibles. Una de ellas es la reducción del estrés: el contacto con entornos naturales puede favorecer la relajación y mejorar el estado de ánimo, mientras que el estrés crónico se relaciona con procesos inflamatorios y daños en los vasos sanguíneos.

Otra posibilidad es que los espacios verdes faciliten la actividad física y las relaciones sociales, dos factores asociados con un envejecimiento cognitivo más saludable. Además, la vegetación puede contribuir a amortiguar el ruido del tráfico y reducir la exposición a determinadas partículas contaminantes.

La asociación entre verdor y menor riesgo de demencia se mantuvo incluso después de ajustar los resultados por contaminación atmosférica y ruido del tráfico, lo que refuerza el interés de esta relación.

La neuróloga Miriam Emil Ortíz ha redactado un curso con una serie de pautas para retrasar la enfermedad del Alzheimer

Un hallazgo relevante para las ciudades

Los autores reconocen que el estudio se realizó en una zona de Estocolmo con características socioeconómicas particulares, por lo que los resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todas las ciudades.

Aun así, la investigación respalda la importancia de incorporar árboles y jardines en los entornos residenciales, especialmente en barrios donde vive una población envejecida. Aunque todavía no puede afirmarse que aumentar la vegetación prevenga la demencia, mejorar el acceso cotidiano a la naturaleza podría ser una medida beneficiosa para la salud pública y la calidad de vida.

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