
Cada día, cuando concluye su jornada laboral en una consultoría de ingeniería técnica, Elena arranca su “segundo turno”. Es la presidenta de Ayúdanos a Ayudar Gatos, una asociación de Leganés fundada en 2017 que lucha a pie de calle por la protección felina. Su relato no es el de un refugio idílico con grandes instalaciones, sino el de una labor cotidiana sostenida únicamente por voluntarios, casas de acogida y recursos propios.
“Nosotras podemos dejarnos la piel, pero el Ayuntamiento no hace nada”, lamenta Elena. “No tenemos ninguna localización física, dependemos al 100% de las casas de acogida”, explica, señalando que, si no hay hogares disponibles, es imposible rescatar a los felinos de la calle. “Hemos pasado de hacer 80 adopciones al año a hacer cinco, por la falta de recursos y de espacio”, advierte.
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La asociación supervisa una colonia que funciona como punto caliente en un entorno de naves del municipio. “Es una colonia en la que hay como unos 70 gatos y creciendo”, observa, al existir una dificultad de acceder al interior de las propiedades privadas para esterilizar a todos los felinos. “Esa colonia nunca va a estar controlada”, reconoce. Además, asume de manera personal la tarea de las capturas por la falta de disponibilidad de voluntarios para esta labor en concreto.

“Empiezas con muchas ganas de ayudar, pero al final te acaba quemando”, confiesa Elena al describir la carga emocional que supone conseguir una acogida temporal de apenas tres semanas para curar a un animal malherido y encontrarse después sin alternativa si no surge una adopción. “Si no tengo nada para él, en mi casa no lo puedo meter. Si no me sale otra casa o una acogida... ¿Lo vuelvo a soltar en la calle?”, reflexiona.
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La calle no es lugar para un gato
El testimonio de Elena no es un caso aislado, sino el reflejo a escala municipal de una problemática extendida en todo el país. Según datos del III Barómetro Felino de Sanicat, 8 de cada 10 gatos en España han llegado a su hogar tras una situación de vulnerabilidad: un 42% fue recogido directamente de la calle y un 39% llegó a través de protectoras y entidades de rescate.
Uno de los mayores obstáculos con los que tropiezan a diario las asociaciones es la falta de identificación de los felinos. El I Estudio Oficial sobre la Gestión de la Protección Animal en España, elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, revela un dato tajante: el 95% de los gatos que ingresan en los centros de recogida de animales no están identificados con microchip.
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Aunque la Ley de Protección Animal de 2023 establece la obligatoriedad de identificar con microchip a todos los gatos domésticos antes de los seis meses de edad, la realidad a pie de calle dista mucho de la norma. Según relata Elena, es habitual encontrar animales abandonados sin chip procedentes de camadas no deseadas o de personas que argumentan no ponérselo porque las mascotas no salen de casa.
Por otro lado, la intervención ciudadana en la calle debe hacerse siempre con cautela. El activista y creador de contenido Jose (@Joselecats) hace hincapié en la importancia de verificar el estado real del animal antes de retirarlo de la vía pública: “Comprobar si lleva chip o chapita, preguntar en la zona y coordinarse con las asociaciones que gestionan las colonias”, ya que, si se actúa sin conocimiento previo, “podemos desorientarlo o separarlo involuntariamente de su colonia o de una familia que lo está buscando”.
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Las cicatrices del abandono
Cuando alguien se desentiende de un animal, la decisión deja huellas profundas. La veterinaria Belén Montoya, experta en medicina felina, advierte sobre el choque psicológico y físico que sufren al ser expuestos de golpe al exterior. “El terror que siente un gato al perder la previsibilidad y el control de su entorno puede generarle un trauma de por vida o afectar a su salud de forma aguda con consecuencias potencialmente mortales”, sostiene la especialista.
De hecho, cuando una asociación o un particular logran rescatar a un felino desamparado, el primer examen sanitario suele confirmar la dureza del entorno. En las consultas veterinarias se diagnostican habitualmente dos grandes grupos de secuelas: traumatismos graves (fracturas o heridas provocadas por atropellos y peleas) e infecciones (parasitosis, problemas respiratorios severos y virus incurables, como la leucemia felina o la inmunodeficiencia felina).
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Para evitar que los animales rescatados vuelvan a sufrir un desenlace similar, las entidades de protección aplican un protocolo de máxima exigencia. “Nosotras hacemos un cuestionario, pedimos comprobación de la seguridad de la vivienda y cobramos una cuota ética de 75 euros que cubre a precio de coste sus tests, chip y vacuna”, sostiene Elena. Además, en la asociación supervisan minuciosamente la instalación de redes de seguridad en ventanas y balcones para garantizar un entorno completamente seguro antes de formalizar la adopción.
“Dejar salir libremente a un gato no es darle libertad; es exponerlo a peligros mortales. Proteger ventanas no es encerrarlo, sino garantizar su supervivencia. Adoptar implica entender que el animal depende de nosotros y que debemos adaptar nuestro entorno a sus necesidades durante toda su vida”, subraya el activista Jose.
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Un compromiso que dura toda la vida
Frente al mito del gato independiente que se las apaña solo, su salud depende directamente de un compromiso real. La veterinaria remarca que la vacunación, la esterilización y las revisiones no son secundarias, sino obligaciones esenciales: “Entender las necesidades físicas y emocionales de nuestra mascota es la mejor herramienta para evitar futuros abandonos o problemas de convivencia”.
Por su parte, Jose apela a un cambio de mentalidad colectivo en la sociedad: “Un gato no es un capricho ni un juguete temporal; es un miembro de la familia para los próximos 15 o 20 años”. En este sentido, subraya que antes de dar el paso de meter un animal en casa, hay que valorar si se van a poder cubrir todas sus necesidades médicas, emocionales y de seguridad a lo largo de toda su vida, evitando decisiones impulsivas.
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Mientras tanto, la labor en Leganés no se detiene a pesar de la falta de medios. Elena señala que la mayor urgencia es conseguir casas de acogida para sacar de la calle a los casos más críticos: “En la colonia tenemos ahora mismo a un gato enfermo, pero sin un hogar temporal no podemos sacarlo”. Para sufragar parte de las facturas veterinarias, la asociación confía en la venta de su calendario solidario; “Sin la ayuda de la gente, nosotras solas no podemos seguir adelante”.
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