El mar que la Unión Soviética hizo desaparecer hace 60 años para cultivar algodón: hoy todavía luchan contra sus devastadoras consecuencias

Los proyectos de regadío acabaron provocando la desecación del 90 % del lago salado. En la actualidad existen proyectos y propuestas para recuperar la zona mediante reforestación o reinundación

Barcos abandonados en el desecado mar de Aral. (Arian Zwegers/Wikimedia Commons)
Barcos abandonados en el desecado mar de Aral. (Arian Zwegers/Wikimedia Commons)
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De desastres ambientales, lamentablemente, está cargada la historia de la humanidad. Uno de ellos en concreto sigue golpeando con sus consecuencias al territorio de Asia Central, incluso sesenta años después de que se produjese. Es la desecación del mar de Aral, que hace ya más de un lustro era el cuarto lago más grande del mundo. Hoy, sin embargo, es un extenso desierto salino que funciona como una herida abierta por los graves efectos sociales y ecológicos que todavía están asociados a su devastación.

En la década de 1960, la antigua Unión Soviética perseguía el objetivo de cultivar grandes terrenos de algodón. Para hacerlo realidad en una tierra árida fue necesario desviar el cauce de los ríos Amu Daria y Sir Daria para regarlos. Las consecuencias en este enclave ubicado entre Kazajistán y Uzbekistán no se hicieron esperar.

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En los años 80, estos dos grandes ríos, principales afluentes del mar de Aral, casi se secaron durante los meses de verano. El resultado fue que el lago empezase a sufrir una rápida evaporación, provocando la separación en varias partes de la masa de agua, cada una de las cuales con una salinidad mucho mayor que antaño. La superficie continúa descendiendo y en el año 2007 ya solo quedaba el 10 % de su tamaño original. Fue así como nació el desierto de Aralkum, en lo que antes había sido la cuenca oriental del fragmentado mar de Aral.

Vista aérea del mar de Aral en 1989 y 2008, que muestra el nivel extremo de pérdida de agua. (NASA/Wikimedia Commons)
Vista aérea del mar de Aral en 1989 y 2008, que muestra el nivel extremo de pérdida de agua. (NASA/Wikimedia Commons)

La pérdida del mar de Aral hace 60 años

Esta desecación supuso un duro golpe para la biodiversidad, pero también implicó dificultades económicas y efectos sobre la salud humana. La industria pesquera de la región quedó arruinada, no solo por la pérdida de gran parte del lago, sino también por el hecho de que en la zona restante de agua el aumento de la salinidad había provocado la extinción local de varias especies, como la trucha de Aral, el barbo de Turkestán y todas las especies de esturión.

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Además, el lecho marino contaminado por pesticidas y otras sustancias químicas quedó al descubierto. Estas son arrastradas por el viento, que lleva consigo las partículas tóxicas y ocasiona problemas respiratorios en la población local.

Tal es la tragedia medioambiental en el mar de Aral que se han propuesto diversas iniciativas de restauración para su recuperación. Kazajistán y Uzbekistán se comprometieron a la repoblación forestal de una zona de tres millones de hectáreas del fondo seco. Para ello, la clave se encuentra en el saxaúl negro, un arbusto endémico de Asia Central.

Saxaúl. (Wikimedia Commons)
Saxaúl. (Wikimedia Commons)

Gracias a sus profundas raíces, podría mejorar la calidad del suelo al reducir la salinidad. Además, retiene enormes cantidades de arena y, cuando está completamente desarrollado, funciona como una barrera natural frente a las tormentas de arena.

Reinundar el mar de Aral para evitar la liberación de carbono

La recuperación del mar de Aral podría tener otro beneficio oculto: evitar la liberación a la atmósfera de megatoneladas de carbono que hasta el momento había permanecido almacenado. Para ello, se plantea la idea de reinundarlo.

Así lo señalan los expertos en una investigación reciente publicada en la revista Science y que fue liderada por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC). En este estudio, los investigadores observaron que el mar de Aral no es solo un símbolo de pérdida ambiental, sino también una oportunidad de mitigación climática.

“Los lagos y mares interiores desempeñan un papel importante en el ciclo global del carbono porque acumulan materia orgánica en sus sedimentos durante largos períodos de tiempo, almacenando carbono que originalmente fue retirado de la atmósfera por plantas y algas”, explican los autores del experto en un comunicado. “Sin embargo, cuando estos sistemas se secan, esta función de almacenamiento de carbono puede invertirse: los sedimentos quedan expuestos a la atmósfera, la materia orgánica se descompone y el carbono vuelve a liberarse a la atmósfera en forma de dióxido de carbono”.

Sequía en España: las comunidades toman medidas

Desde 1960, los sedimentos expuestos por la desecación del mar de Aral han liberado a la atmósfera 748 megatoneladas de dióxido de carbono. Una cantidad sustancial todavía permanece enterrada bajo el antiguo lecho del lago, por lo que la reinundación podría evitar que se liberaran otras 605 megatoneladas, una cantidad cercana al equivalente a casi tres años de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero causadas por la actividad humana en España.

“Existe un tesoro oculto de carbono bajo el mar de Aral. Si estos sedimentos permanecen expuestos, el carbono seguirá liberándose a la atmósfera. Si el mar se reinunda, ese mismo carbono podría pasar de ser una fuente de emisiones a formar parte de la solución climática”, explica Rafael Marcé, investigador del CEAB-CSIC y autor principal del estudio.

De esta manera, lo que ahora es un serio problema para un territorio castigado por la emergencia climática podría convertirse en una nueva oportunidad para evitar su avance. Para ello, sin embargo, es necesario cerrar esa herida que aún permanece.

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