El expríncipe Andrés demanda a la policía británica por registrar su casa tras su arresto por el caso Epstein

El hermano del rey Carlos ha iniciado una revisión judicial para cuestionar la legalidad de los registros realizados en sus propiedades de Sandringham y Royal Lodge tras ser detenido el pasado febrero

El príncipe Andrés en una imagen de archivo. (EFE/Andy Rain/Archivo)
El príncipe Andrés en una imagen de archivo. (EFE/Andy Rain/Archivo)
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Andrés Mountbatten-Windsor ha decidido plantar cara a la policía británica. El antiguo duque de York ha emprendido acciones legales contra la policía de Thames Valley por la investigación abierta a raíz de los documentos de Jeffrey Epstein. Según publica The Telegraph, Andrés ha solicitado una revisión judicial para que un juez determine si las actuaciones de los agentes contra él se ajustaron a la ley. Un nuevo capítulo en un caso que lleva meses persiguiendo al hermano del rey Carlos III y que ha colocado a la familia real británica ante una situación sin precedentes.

El punto de fricción está en las órdenes que permitieron a los agentes registrar su vivienda en la finca de Sandringham y su antigua residencia de Royal Lodge, en Windsor. Los permisos fueron concedidos por un juez del Old Bailey después de que Thames Valley Police presentara su solicitud. Ahora, Andrés quiere que los tribunales revisen si aquella decisión se tomó conforme a la ley. Su equipo pidió permiso para impugnarla a principios de año y un magistrado del Tribunal Superior acabó dando luz verde a la iniciativa.

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El siguiente capítulo se escribirá esta semana, cuando el caso llegue a una vista privada en el Tribunal Superior. Durante la sesión se decidirá también si algunos de los documentos relacionados con el procedimiento pueden hacerse públicos. No es un movimiento menor: según The Telegraph, es la primera vez desde el juicio de Carlos I, en 1649, que un miembro de la familia real británica cuestiona judicialmente la legalidad de unas actuaciones penales emprendidas contra él.

Un oficial de policía en la entrada de Sandringham. (REUTERS/Chris Radburn)
Un oficial de policía en la entrada de Sandringham. (REUTERS/Chris Radburn)

Un arresto que sacudió a la familia real

Para entender cómo se ha llegado hasta aquí hay que retroceder al pasado febrero. Andrés fue detenido en el mismo día en que cumplía 66 años, en Marsh Farm, su residencia de Norfolk. Desde allí fue trasladado a una comisaría de Aylsham, a unos 65 kilómetros, donde pasó cerca de 12 horas respondiendo a las preguntas de los investigadores.

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La policía le interrogó bajo sospecha de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, un delito contemplado en el derecho británico que, en términos generales, se refiere al abuso de poder por parte de un funcionario para obtener algún tipo de beneficio.

La detención tuvo una enorme repercusión y dejó una de esas imágenes difíciles de olvidar. El antiguo príncipe abandonaba la comisaría con gesto de agotamiento y desconcierto, mientras las cámaras seguían cada uno de sus movimientos. Pero aquella jornada no terminó ahí. Los agentes registraron durante varios días Marsh Farm y Royal Lodge y se llevaron documentos y otros objetos que consideraban relevantes para la investigación.

El príncipe Andrés tras su detención. (REUTERS/Phil Noble)
El príncipe Andrés tras su detención. (REUTERS/Phil Noble)

Andrés pasó así a convertirse en el miembro de mayor rango de la monarquía británica detenido en la época moderna, un episodio inédito para la Casa de Windsor. Desde entonces, su vida ha quedado marcada por las pesquisas y por un progresivo alejamiento de la esfera pública. Personas de su entorno citadas por The Telegraph aseguran que se siente “viviendo en el limbo”, una expresión que resume la incertidumbre que rodea a un caso cuyo desenlace todavía está lejos de aclararse.

Las pesquisas arrancaron tras la publicación de nuevos documentos del caso Epstein. El material apunta a que Andrés podría haber compartido información sensible con el financiero y delincuente sexual durante los años en los que ejerció como enviado comercial del Reino Unido, entre 2001 y 2011.

Entre los archivos aparecen informes sobre sus viajes oficiales a Hong Kong, Singapur, Vietnam y Shenzhen que habría enviado a Epstein apenas unos minutos después de recibirlos de su entonces asistente, Amit Patel. También figura un correo enviado en Nochebuena de 2010 con información confidencial sobre oportunidades de inversión en la provincia afgana de Helmand.

Y hay más. Los documentos reflejan conversaciones para poner en marcha un negocio en China entre Andrés y Epstein, incluso después de que este último hubiera sido condenado por un delito sexual contra una menor. Las negociaciones, en las que habría intervenido un intermediario, se habrían prolongado aparentemente durante varios años.

El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta a la justicia tras ser arrestado. La operación se produce después de la publicación de documentos que lo vinculan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que pudo compartir información sensible del gobierno británico.

Una investigación rodeada de incertidumbre

El caso tampoco avanza sin obstáculos. Uno de los principales problemas para los investigadores está en el acceso a la documentación estadounidense. El Departamento de Justicia de Estados Unidos se ha negado a entregar las versiones sin censurar de los documentos de Epstein. Una petición formal podría tardar más de un año en recibir respuesta y, además, ni siquiera existe la garantía de que las autoridades estadounidenses terminen facilitando el material.

En mayo, Thames Valley Police anunció que ampliaría la investigación para incluir acusaciones de conducta sexual inapropiada e hizo un llamamiento a posibles testigos. La decisión generó dudas sobre el rumbo de las pesquisas. Incluso una fuente de alto rango de la Metropolitan Police cuestionó la forma en la que se produjo el arresto y puso en duda que fuera necesario detener a Andrés en su propio domicilio en lugar de citarlo para declarar bajo advertencia.

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