
El 18 de septiembre de 1943 nacía en Chipiona María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado. Poco más de quince años después, la gaditana abandonaba la calle Calvo Sotelo para probar suerte en los tablaos de la capital. Fue en Madrid cuando, después de dar la bienvenida a los años 60 y soltarse el pelo, nació Rocío Jurado. Una estrella indomable, destinada no solo a reinventar la música española, sino a sacudir los cimientos de la sociedad de su tiempo.
En una España aún encorsetada por la moral tradicional y el machismo imperante, la artista convirtió los escenarios y los platós de televisión en un espacio de libertad sin precedentes. Lejos de asumir el rol abnegado que las convenciones de la época reservaban a las mujeres, y que la copla clásica solía perpetuar, Rocío Jurado decidió cantar al deseo. Decidió poner voz a la soberanía corporal y a la independencia, desafiando a la censura y dejando atónita a la crónica social de los años 70 y 80.
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Sin la mítica bata de cola y mirando de forma directa a la cámara, Jurado cantó millones de veces: “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”. Las palabras y la actitud de la cantante durante la dictadura y los primeros años de la democracia supusieron una grieta irreparable en el discurso general. En un país donde la sexualidad de la mujer estaba supeditada al varón, ella proclamaba el derecho al placer propio, al cansancio y a la ruptura sin culpa.
Rocío Jurado fue construyendo así en su repertorio una colección de dardos que la época no tardó en señalar. Acompañada de sus canciones, la de Chipiona se encargó de dejar claro cuál era su mensaje, enfrentándose a todo tipo de entrevistas y comentarios en televisión.
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¿Qué talla de sujetador tienes?
En la fecha en la que la artista cumpliría 82 años, resulta imprescindible recordar que su defensa de la libertad se libró también en los platós de televisión frente a un escrutinio mediático que a menudo buscaba cosificarla. Uno de los episodios más recordados de la historia de nuestra televisión tuvo lugar durante su entrevista con la periodista Lourdes Lancho, en un momento en el que la conversación derivó hacia la obsesión por el físico de las artistas y se le cuestionó abiertamente por su llamativo vestuario y por qué talla de sujetador utilizaba.

La respuesta de Rocío Jurado desarmó por completo el tono de la pregunta y se convirtió de inmediato en una lección imborrable para toda una generación. Lejos de incomodarse, la cantante miró de frente a la cámara y desvió el foco del cuerpo hacia el intelecto y el arte con una réplica contundente: “El único sujetador que me importa es el mental. El que te tendrías que haber puesto tú para no hacerme esa pregunta”. Una lección de altura con la que ‘La Más Grande’ volvió a demostrar que no estaba dispuesta a permitir que ninguna pregunta redujera su valor.
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El feminismo en sus canciones
Su repertorio musical funcionó como un manifiesto de emancipación en el que la mujer dejaba de ser una espectadora pasiva de su propia vida. En Ese hombre, desarmó la fachada del orgullo viril con un verso demoledor: “Es un gran necio, un estúpido engreído (...) que en la cama es un cero a la izquierda”. Con esa misma contundencia despojada de culpa, en Lo siento, mi amor convirtió la insatisfacción sexual en una razón legítima para tomar la iniciativa y romper la relación al entonar: “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”.

Incluso en el desamor más desgarrador de Se nos rompió el amor, huyó de la victimización tradicional para asumir el desgaste afectivo desde una posición de absoluta madurez y soberanía: “Se nos rompió el amor de tanto usarlo, de tan intenso fue”. Versos que, cantados a pleno pulmón en la España del momento, desmantelaron tabúes e impulsaron una nueva forma de entender el deseo y la autonomía personal.
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El respaldo al colectivo LGTBIQ+
Esa misma valentía se tradujo en su público apoyo a la comunidad homosexual en una España que apenas despertaba en libertades. Conviene recordar el contexto: apenas siete años antes, la homosexualidad era perseguida penalmente en el país, tipificada como delito y causa de encarcelamiento o marginación bajo la Ley de Vagos y Maleantes (reformada en 1954) y posteriormente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, derogada en este punto a finales de 1978. En ese marco de lento cambio social, resultó de enorme impacto su entrevista de 1986 con Mercedes Milá en el programa De jueves a jueves de TVE.
Kiko Hernández o Samantha Hudson nos cuentan por qué creen que Rocío Jurado era un referente LGTBIQ+.
Cuando la periodista le preguntó abiertamente por su nutrida comunidad de seguidores homosexuales, la chipionera no buscó evasivas y defendió a sus fans con rotundidad: “Son una raza que ha creado Dios y respeto como a todas las demás”, añadiendo que a ellos les debía “un mundo de ilusión que crean para el artista” y recordando que era un colectivo que “necesitaba de mucho cariño”. Un alegato sin tapujos en la televisión estatal que rompió estigmas y afianzó su estatus como icono indiscutible de tolerancia.
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“A mí tanto machismo me apabulla”
En otra de sus intervenciones en RTVE junto a quien fue su última pareja, Ortega Cano, Jurado vivió también un momento incómodo. Cuando el torero empezaba a hablar de sus logros y de la importancia del toro, la cantante con las gafas puestas paró de abanicarse de golpe. “Si no fuera por la vaca, el toro no sale”, contestó como primera réplica. Lejos de quedarse ahí, Rocío Jurado no dejó seguir a su marido con una de las frases más conocidas de su carrera: “A mí tanto machismo me apabulla”.
Muestra de ello fue su sonora entrevista en 1976 para la revista Diez Minutos, donde abordó con total naturalidad asuntos que entonces eran absoluto tabú en España: “La educación sexual debería estar incluida en todos los planes de estudio. A mí no me educaron sexualmente y, en más de una ocasión, he tenido que lamentar el no estar lo suficientemente informada al respecto”.
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Años más tarde, en una intervención de 1980, la artista volvía a sintetizar la esencia del movimiento con absoluta lucidez conceptual: “No se trata de ir en contra del hombre, sino de igualar situaciones. A través de esta canción sé de casos de mujeres que se han atrevido a plantear una situación y decir ‘lo que tú estás haciendo conmigo no es normal y si sigues así, me voy a tener que divorciar’”.
El verdadero triunfo de Rocío Jurado no residió únicamente en la magnificencia de su voz, sino en su capacidad para introducir la vanguardia del pensamiento libre en el corazón del consumo de masas de una España en transformación. ‘La Más Grande’ no solo interpretó el cambio: lo encarnó en cada escenario que pisó y en cada cámara que se atrevió a mirarla de frente, legándonos una certeza imborrable: que el arte, cuando es verdaderamente grande, es inseparable de la valentía.
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