La psicología explica por qué a algunas personas les genera ansiedad ver “Escribiendo…” en Whatsapp

La persona sabe que hay una respuesta en curso, pero desconoce su contenido, su tono y el momento exacto en que llegará. Esa combinación de certeza parcial e incertidumbre total resulta, según la literatura sobre el tema, particularmente difícil de procesar

Una mujer con camiseta sin mangas y falda de mezclilla mira su teléfono móvil sentada en un banco de madera en un parque arbolado.
Una joven vestida observa fijamente la pantalla de su teléfono móvil mientras espera un mensaje sentada en un parque público. (Imagen Ilustrativa Infobae/IA)
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Tres puntos suspensivos aparecen en la pantalla. Alguien está escribiendo. Debería ser información tranquilizadora: la respuesta ya viene en camino. Sin embargo, para muchos usuarios de WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería, ese indicador produce el efecto contrario. Nervios. ¿Qué me dirá? ¿Estará todo bien? ¿Por qué lleva tanto rato escribiendo? La psicología tiene una explicación para este fenómeno y la encuentra en un concepto estudiado desde hace más de una década: la intolerancia a la incertidumbre.

Estas ansias con las que puede que te identifiques describen la dificultad de una persona para tolerar situaciones ambiguas o impredecibles. El investigador R. Nicholas Carleton, de la Universidad de Regina, en Canadá, definió el constructo en un trabajo publicado en 2016 en el Journal of Anxiety Disorders como “la incapacidad disposicional de un individuo para soportar la respuesta aversiva provocada por la ausencia percibida de información relevante, sostenida por la percepción asociada de incertidumbre”.

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El indicador “escribiendo…” reproduce ese mecanismo de manera casi exacta: comunica que algo sucede, pero retiene precisamente el dato que el receptor busca. La persona sabe que hay una respuesta en curso, pero desconoce su contenido, su tono y el momento exacto en que llegará. Esa combinación de certeza parcial e incertidumbre total resulta, según la literatura sobre el tema, particularmente difícil de procesar para el sistema cognitivo.

Un metaanálisis de 2026 confirma el vínculo con la ansiedad

La solidez empírica de este mecanismo quedó reforzada por un metaanálisis preregistrado publicado este año en la revista Clinical Psychology Review, liderado por el profesor Mehdi Akbari junto con Gordon J. G. Asmundson y otros colegas. El trabajo, titulado A Hierarchical Uncertainty Framework of Anxiety: Preregistered Meta-Analytic Structural Model of Intolerance of Uncertainty and Worry Across Anxiety Disorders (Un marco jerárquico de la incertidumbre en la ansiedad: modelo estructural metaanalítico preregistrado sobre la intolerancia a la incertidumbre y la preocupación en los trastornos de ansiedad) reunió 738 tamaños del efecto provenientes de 115 estudios y tesis doctorales, con datos de 28.693 participantes.

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Una persona de cabello rizado con camiseta blanca sostiene un teléfono móvil frente a una marquesina de autobús en la calle.
Una persona observa con atención su teléfono móvil mientras espera junto a una parada de autobús.Imagen Ilustrativa Infobae/IA)

Los autores encontraron una gran relación entre la intolerancia a la incertidumbre y la preocupación, y confirmaron que ambos factores se asocian con la ansiedad en distintos trastornos relacionados. El vínculo resultó más fuerte en el trastorno de ansiedad generalizada y más débil en el trastorno de pánico, lo que llevó a los investigadores a describir la intolerancia a la incertidumbre como un factor de vulnerabilidad transdiagnóstico. El modelo estadístico mostró además que la preocupación actúa como mediadora parcial entre la intolerancia a la incertidumbre y los síntomas de ansiedad, un hallazgo que ayuda a explicar por qué la mente tiende a “llenar” el vacío informativo que deja el indicador de escritura con explicaciones propias, casi siempre negativas.

Los teléfonos como fuente de alivio y de refuerzo del hábito

Antes de ese metaanálisis, el propio Carleton ya había estudiado la relación entre la conectividad digital y este rasgo psicológico. En un artículo de 2019 publicado en Cognitive Behaviour Therapy, junto con Gabrielle Desgagné, Robyn Krakauer y Ryan Y. Hong, el equipo documentó un aumento de la intolerancia a la incertidumbre entre 1999 y 2014, correlacionado con la expansión del uso de teléfonos móviles e internet en ese mismo período.

Según ese trabajo, los teléfonos inteligentes ofrecen acceso casi constante a información y a lo que los autores llaman “señales de seguridad”, recursos que las personas utilizan para reducir la incertidumbre y la ansiedad. El problema, señalan los investigadores, es que la búsqueda repetida de tranquilidad ofrece alivio a corto plazo, pero refuerza la tendencia a repetir esa conducta cuando la incertidumbre regresa. Ese patrón describe con precisión lo que ocurre frente a los tres puntos suspensivos: se revisa la conversación, se comprueba si el contacto sigue conectado, se espera, y cuando la respuesta finalmente llega, la tensión se disuelve, solo para reaparecer en el próximo intercambio ambiguo.

Diez estudiantes documentaron la carga emocional de la mensajería instantánea

La dimensión subjetiva de esta experiencia fue objeto de un estudio cualitativo de 2025 publicado en la South Eastern European Journal of Public Health, firmado por Khushboo Gauttam, Veena Gupta y Vijeta, de la Universidad de Delhi. Los autores realizaron entrevistas semiestructuradas a diez estudiantes universitarios para explorar sus vivencias con los silencios, las demoras y los bloqueos en la mensajería instantánea.

El análisis temático identificó ocho categorías, entre ellas “expectativas de respuesta”, “silencio comunicativo” y lo que los investigadores describieron como una carga cognitiva y emocional asociada a la espera. El trabajo advierte, no obstante, sobre sus propios límites: una muestra de diez personas no permite establecer que los indicadores de escritura generen ansiedad de forma generalizada, ni tampoco probar una relación de causa y efecto. Lo que sí ilustra, señalan los autores, es que esta experiencia forma parte activa de la vida digital de quienes participaron y que puede volverse emocionalmente significativa cuando la capacidad de respuesta del otro importa.

Ningún estudio citado sostiene que sentir tensión frente al indicador “escribiendo…” equivalga a padecer un trastorno de ansiedad. La intensidad de la reacción depende de variables individuales: la personalidad, el peso emocional del vínculo, el tema de la conversación, experiencias previas y el nivel particular de tolerancia a la incertidumbre de cada persona. La evidencia disponible ubica el fenómeno dentro de un mecanismo psicológico ampliamente documentado, no como una anomalía moderna sin precedentes, sino como una versión digital de una incomodidad que la investigación en ansiedad describe desde hace años: la dificultad para tolerar no saber qué viene después.

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