
El servicio meteorológico nacional del Reino Unido, el Met Office, ha advertido de que el episodio de El Niño que se desarrolla en el océano Pacífico podría ser el más intenso desde que existen registros fiables, con temperaturas superficiales del mar ya más de 2 °C por encima de los valores normales en la zona clave del Pacífico. Los pronósticos apuntan a que ese umbral podría superar los 3 °C antes de que acabe el año, lo que situaría este episodio por encima de cualquier evento similar desde el siglo XIX.
Un evento “sin precedentes”, “récord”, el “más intenso en 500 o incluso 1.000 años”
“Debemos dejar claro que se trata de un evento sin precedentes”, afirmó el profesor Adam Scaife, jefe de predicción a largo plazo del Met Office, a la AFP: “Nunca había visto una señal de El Niño tan intensa en nuestros pronósticos. Un El Niño típico provoca un aumento de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial de entre 1 y 2 °C, siendo 2 °C un evento realmente grande. Esto implica que, si el pronóstico es preciso, y otros sistemas de predicción muestran valores igualmente extremos, 2026 superará con creces nuestra experiencia reciente de El Niño y sus influencias climáticas a nivel mundial.”
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El fenómeno funciona así: los vientos alisios que soplan de este a oeste sobre el Pacífico se debilitan o invierten y el agua cálida avanza hacia el este y libera calor hacia la atmósfera. En este episodio, las capas más profundas del océano registran temperaturas alrededor de 8 °C por encima de lo normal a 100 metros de profundidad en algunos puntos, lo que actúa como un depósito de energía adicional.

Algunos grupos de análisis climático manejan proyecciones de hasta 4 °C de anomalía. “No está fuera de lo posible decir que este podría ser el episodio de El Niño más intenso en 500 o incluso 1.000 años”, señaló el doctor Zeke Hausfather, climatólogo de Berkeley Earth, quien añadió: “Nos quedan muchos meses mientras este evento continúa desarrollándose, y esa es una de las razones por las que tenemos mayor confianza en que será un evento récord”.
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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) sostiene que “no hay evidencia” de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de estos episodios, aunque reconoce que es un área de investigación abierta. Un informe de 2021 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) apuntó que la intensidad de El Niño parece haber aumentado desde 1950, aunque los registros históricos muestran fluctuaciones tan amplias a lo largo de los milenios que resulta difícil vincular ese fortalecimiento al calentamiento global. Lo que sí queda establecido es que el fenómeno se despliega sobre un planeta más cálido, lo que amplifica sus efectos.
Los impactos ya son perceptibles. El monzón del suroeste asiático registra precipitaciones muy por debajo de lo normal en India, la actividad de huracanes en el Atlántico se mantiene reducida con solo tres tormentas nombradas en lo que va de temporada, y Centroamérica, las naciones del Pacífico occidental y el sur tropical de América del Sur afrontan riesgo de escasas lluvias y sequía. Perú, Ecuador y el sur de Estados Unidos pueden sufrir inundaciones, mientras el norte de América del Sur y Australia se exponen a sequías e incendios.
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Honduras ha declarado en alerta casi el 80% de su territorio por la sequía agravada por el fenómeno. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) anunciaba este jueves que, a partir de septiembre, se reducirá el número de buques que podrán cruzar esta vía interoceánica debido al descenso de la lluvia. Además, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido de que el episodio podría dejar a decenas de millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda.
Por qué El Niño afecta menos a España que al resto del mundo
En España, la previsión para el otoño de 2026 apunta a un trimestre más cálido y húmedo de lo habitual, aunque el efecto será limitado. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) estima una probabilidad muy alta de que las temperaturas superen los valores normales en todo el territorio entre agosto y octubre.
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La señal térmica es la más fiable de las dos variables: el calor estival tardará en retirarse y pueden aparecer periodos excepcionalmente cálidos durante septiembre, octubre e incluso noviembre, con especial intensidad en las costas mediterráneas, Baleares y Canarias.
La lluvia es más difícil de anticipar. El balance trimestral podría resultar húmedo, pero eso no significa que llueva de forma regular: el agua puede concentrarse en dos o tres episodios torrenciales mientras otras zonas, como cuencas del sur, el nordeste o el interior, permanecen en sequía. El pronóstico húmedo, por tanto, no garantiza una recuperación generalizada de embalses ni de la humedad del suelo.
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Septiembre y octubre son los meses de mayor riesgo. A comienzos de otoño, la tierra y el mar conservan el calor del verano mientras llegan las primeras vaguadas y masas de aire frío en altura. Una atmósfera más cálida retiene más vapor de agua, lo que significa que cualquier situación de inestabilidad dispone de más energía para generar tormentas con lluvias intensas, granizo y actividad eléctrica. El litoral mediterráneo, las Baleares y el sistema Ibérico son las zonas más expuestas en septiembre.
En octubre, el riesgo se concentra especialmente en el Mediterráneo español: si el mar sigue caliente y una circulación de levante arrastra grandes cantidades de humedad hacia la costa, la coincidencia con una DANA o una vaguada puede desencadenar tormentas intensas y repetitivas sobre la Comunidad Valenciana, Murcia, Cataluña, Baleares y el este de Andalucía. Dependiendo de la trayectoria de las bajas y la dirección del viento, los episodios también podrían extenderse hacia Aragón, Castilla-La Mancha o el centro peninsular. Si el anticiclón de las Azores se mantiene fuerte, los frentes se desviarían hacia el norte de Europa y buena parte de España podría quedar seca pese al El Niño.
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La influencia del fenómeno sobre la Península Ibérica es, en todo caso, indirecta. La señal parte del Pacífico ecuatorial, donde el calentamiento anómalo del agua modifica los vientos alisios y altera la circulación atmosférica global. Pero antes de llegar a Europa occidental, esa señal debe recorrer el Pacífico Norte, cruzar Norteamérica y atravesar el Atlántico, y en ese trayecto puede debilitarse, desplazarse o incluso invertirse.
Los modelos climáticos indican que el Mediterráneo occidental tiende a recibir alrededor de un 10% más de lluvia en los otoños de episodios intensos de El Niño, aunque esa tendencia no se repite con la misma claridad en todos los casos ni en todas las décadas. La señal del fenómeno sobre Europa es más robusta a finales del invierno que durante el otoño. Lo que condiciona el tiempo en España de forma más directa e inmediata es la Oscilación del Atlántico Norte, la posición del anticiclón de las Azores y la trayectoria de las borrascas atlánticas, factores que pueden reforzar, neutralizar o incluso contradecir lo que marque el Pacífico.
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