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125 kilómetros por hora, 60 metros en el carril contrario y un choque que lo cambió todo: así fue el accidente que condenó a Ortega Cano

El 28 de mayo de 2011, Carlos Parra perdió la vida cuando el vehículo del torero invadió su carril en la A-8002 de Sevilla

El torero José Ortega Cano, en la sala de los juzgados de Sevilla. (EFE).
El torero José Ortega Cano, en la sala de los juzgados de Sevilla. (EFE).
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La noche del 28 de mayo de 2011 parecía una más para Carlos Parra. Había pasado unas horas con su mujer, Manoli, y se preparaba para acudir a trabajar al turno nocturno de un hotel de Sevilla. Tenía 48 años y una vida construida lejos de los focos, marcada por su familia, la música, el teatro y su compromiso político. No podía imaginar que aquel trayecto iba a convertirse en el último de su vida.

Poco después de las diez y media de la noche, Parra circulaba por la carretera A-8002, entre Sevilla y Castilblanco de los Arroyos, al volante de su Seat Altea. En dirección contraria avanzaba un Mercedes R 320 conducido por José Ortega Cano. El encuentro entre ambos vehículos se produjo de forma repentina y terminó en un choque frontal que acabó con la vida de Parra en el acto.

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La posterior investigación y la sentencia judicial reconstruyeron aquel instante con cifras que explicaban la gravedad del accidente. El vehículo del extorero circulaba, según consideró probado la magistrada, a unos 125 kilómetros por hora en un tramo limitado a 90. Además, invadió el carril contrario durante aproximadamente 60 metros antes de impactar contra el coche que conducía Parra.

Ortega Cano sobrevivió al siniestro con heridas de extrema gravedad y fue trasladado al Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Allí comenzó otra parte de una historia que se prolongaría durante años en los tribunales. El accidente no solo había terminado con la vida de un hombre: también abría un proceso judicial que terminaría llevando al célebre torero a prisión.

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El torero José Ortega Cano, en la sala de los juzgados de Sevilla. (EFE).
El torero José Ortega Cano, en la sala de los juzgados de Sevilla. (EFE).

Una prueba de alcohol en el centro de la batalla judicial

Uno de los grandes interrogantes del procedimiento fue si Ortega Cano había conducido bajo los efectos del alcohol. Durante el proceso apareció una analítica que reflejaba 1,26 gramos de alcohol por litro de sangre, una cifra muy superior al límite permitido en aquel momento.

Sin embargo, la juez Sagrario Romero decidió finalmente no utilizar esa prueba para fundamentar la condena. La razón estaba en la cadena de custodia de la muestra, obtenida en el hospital con fines médicos y analizada posteriormente. La magistrada consideró que no podía garantizarse su conservación en unas condiciones destinadas específicamente a determinar la presencia de alcohol. La decisión tuvo una consecuencia importante: la condena quedó por debajo de los cuatro años de prisión solicitados por la Fiscalía y la acusación particular.

Ortega Cano siempre negó haber bebido antes de ponerse al volante. Durante el juicio sostuvo que había tomado refrescos y que únicamente había probado una pequeña cantidad de cava en un establecimiento. También rechazó haber circulado a una velocidad excesiva y aseguró que respetaba las normas de tráfico.

Tras esto, el enfrentamiento entre varias versiones se hizo presente. Mientras que los sanitarios que atendieron al torero afirmaban que no apreciaron “ningún signo externo de embriaguez”, el camarero que le atendió en el establecimiento previo llegó a declarar que el viudo de Rocío Jurado “no se tenía en pie”. Por otro lado, el dueño del bar negó unas reveladoras acusaciones, en las que se llegó a comentar que llevaba “una cogorza como un mulo”.

José Ortega Cano (IMAGEN DE ARCHIVO).
José Ortega Cano (IMAGEN DE ARCHIVO).

La historia que quedó en la A-8002

Mientras el nombre de Ortega Cano ocupaba titulares en todo el país, la familia de Carlos Parra intentaba asumir una pérdida que había llegado sin previo aviso. Parra había nacido en Bélgica, hijo de emigrantes españoles, y pasó allí buena parte de su infancia antes de regresar con su familia a España.

Según relata su excompañera en la radio local de Castiblanco de los Arroyos, la periodista Susana Falcón, en su libro Vida y muerte de Carlos Parra. El hombre que se cruzó con el torero, el belga había desarrollado una intensa actividad política y sindical. También trabajó en el ámbito cultural y era un apasionado de la música: disfrutaba de grupos como Queen, los Rolling Stones o Triana y tenía formación como técnico de sonido.

En 1992 había regresado a España junto a Manoli y sus dos hijos, Sarah y Samuel. La noche del accidente se disponía precisamente a trabajar cuando su camino se cruzó con el del torero. Y, aunque para Ortega Cano ese accidente se integró sutilmente en su biografía, para la familia Parra, sin embargo, la historia era otra. No hablaban de la caída de una celebridad, sino de la desaparición de un hombre que aquella noche salió de casa para trabajar y nunca regresó.

Finalmente, la sentencia del Juzgado de lo Penal número 6 de Sevilla condenó a Ortega Cano a dos años, seis meses y un día de prisión por homicidio imprudente y conducción temeraria. También estableció una retirada del permiso de conducir durante tres años y medio y una indemnización para los familiares de Carlos Parra.

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