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Fogones a 50 grados, terrazas sin sombra y litros de agua: así se sobrevive al verano dentro de un bar

Los trabajadores de ‘Al Oeste del Pisco’ comparten con ‘Infobae’ sus trucos para aguantar el calor en la hostelería

Miguel posa frente al bar 'Al Oeste del Pisco', del que es propietario junto con cinco socios.
Miguel posa frente al bar 'Al Oeste del Pisco', del que es propietario junto con cinco socios. (Lydia Hernández Téllez)
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Con cuatro olas de calor y temperaturas que baten todos los récords, el verano de 2026 apunta a convertirse en uno de los más calurosos de la historia, si no el que más. Ante las altas temperaturas, la población busca lugares en los que refugiarse. Para muchos, la idea de una bebida bien fresca en la terraza de un bar es lo más apetecible tras una jornada calurosa. La experiencia para quien la sirve es completamente diferente.

En la hostelería, no hay otra que aguantar”, cuenta a Infobae Miguel Sánchez, camarero y uno de los dueños del bar Al Oeste del Pisco. El pequeño empresario lleva años al frente de este negocio en Alcorcón (Madrid), pero recuerda con especial agobio el verano de 2025, considerado el más cálido de la historia de España. “Hubo días que lo pasamos bastante mal, sobre todo fuera, en la terraza”, dice.

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Estos últimos dos meses parecen haber ido por el mismo camino y él y sus trabajadores sobreviven como pueden. “En la sala, tenemos un buen aire acondicionado, pero en la terraza no hay sombra ni nada. Tienes que ir con tu bandejita y darte el paseo para allá y para acá”, describe.

De la terraza a la cocina

Un camarero sirve una copa en la terraza de un bar a tres jóvenes.
Miguel Ángel sirve a unas clientas en la terraza. (Lydia Hernández Téllez)

Este espacio lo recorren, sobre todo, Miguel Ángel y Candela. Él, que lleva cuarenta años en el sector, reconoce que lleva peor el calor según va cumpliendo años, pero lo prefiere al invierno. “Es duro, pero cuando estás a gusto, cuando te pagan bien, cuando eres reconocido... las circunstancias dan un poco igual”, valora. Ella, oriunda de Huelva, no lo pasa tan mal en Madrid. “Hace calorcito también aquí, este año sobre todo”, confiesa. “Al final, estás en movimiento y, aunque no hace tanto calor como en Huelva, es verdad que hay días que se pasa regular”, dice.

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En verano, el bar no los convoca hasta las 20:00 horas. “Es una tontería entrar a las cuatro, no va a haber nadie”, dice el gerente, aunque todavía algún “loco”, fumador o cliente con mascota se ha atrevido a sentarse a comer fuera. Cuando pueden, Miguel intenta convencerles de que se cambien de mesa. “Si se siguen sentando, pues tenemos que atender. No tenemos mucho con lo que protegernos”, lamenta.

Una camarera de bar porta una bandeja frente a la barra.
Candela recibe una comanda en la barra. (Lydia Hernández Téllez)

La técnica principal para sobrevivir es la misma para los tres camareros: mucha agua. “Puedo llegar a beberme tres o cuatro litros al día si estoy currando”, dice Miguel Ángel. Al ser varios, además, aprovechan para turnarse y descansar en la sala, que sí está climatizada. “Sobre todo, te mentalizas, porque si no es imposible. Y ya, al acabar, miras al compañero y le dices: ‘Bueno, ¿nos morimos hoy?”, bromea Candela.

Pero por muy dura que sea la terraza, los tres coinciden en que no hay puesto peor que el de la cocina. “Mi peor verano lo pasé de cocinera en el camping de Doñana, a más de 40 grados en la cocina y más de 10 horas seguidas”, recuerda Candela. Al igual que en Madrid, los trabajadores sobrevivían a base de agua y de tomarse pequeños descansos “cuando veías que te iba a dar un jari”.

Hombre calvo en chaqueta de chef negra remueve alimentos en una olla sobre fogón de gas. Estantes metálicos con ollas y sartenes
Miguel prepara un plato en la cocina de su bar. (Lydia Hernández Téllez)

No hay aire acondicionado; en las cocinas no suele haber, sobre todo en las más pequeñas, porque se llena mucho de grasa”, explica Miguel. Con las brasas, la freidora y la plancha encendidas a la vez, los trabajadores pasan momentos verdaderamente duros dentro, pero “no queda otra que aguantar”. “No es como una obra, que puedes parar de trabajar a las 14:00 o entrar a las 6:00 para no tener horas de calor. En las horas de calor es cuando trabajas”, lamenta.

“La hostelería en verano es dura”

Agua, descansos y el aire acondicionado de la sala son la clave para los trabajadores de este establecimiento. Pero al final saben que, por mucho que hagan, las jornadas en junio, julio y agosto nunca son fáciles. “La hostelería en verano es dura, no tiene tiempos marcados y no puedes estar parado. El día que vienen todos los clientes a la vez y tienes un montón de trabajo, no puedes pararte”, reconoce Candela.

España, un líder mundial en turismo, se enfrenta a un nuevo desafío: las olas de calor. Un estudio revela que los turistas que sufren temperaturas extremas son menos propensos a regresar, obligando al sector a adaptarse para no perder su atractivo.

Es una labor que, a sus 57 años, Miguel Ángel no recomendaría a nadie. “El trasiego, la nocturnidad, el estrés que te crea una mesa... siempre estás activo, siempre tienes que estar a full. Si no, no eres buen camarero“, concluye.

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