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La ciencia explica por qué nos duele la cabeza cuando comemos algo muy frío

El frío provoca una rápida contracción de los vasos sanguíneos del paladar y la garganta

Primer plano de un helado (Magnific)
Primer plano de un helado (Magnific)
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Un sorbo de una granizada o un bocado de helado en un día caluroso puede alegrarnos el día, pero también puede desencadenar un dolor intenso y repentino en la frente que desaparece en apenas unos segundos. Aunque suele tomarse como una simple molestia veraniega, este fenómeno, conocido popularmente como brain freeze o “dolor de helado”, ha despertado el interés de los científicos por lo que revela sobre el funcionamiento del sistema nervioso.

Los especialistas lo denominan cefalea por estímulo frío, un trastorno reconocido por la Clasificación Internacional de Trastornos de Cefalea. Se produce cuando alimentos o bebidas muy frías entran en contacto con el paladar o la parte posterior de la garganta, provocando un cambio brusco de temperatura que activa una compleja respuesta neurológica.

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La explicación más aceptada apunta a que el frío provoca una rápida contracción de los vasos sanguíneos de esa zona, seguida de una dilatación casi inmediata. Ese cambio es detectado por el nervio trigémino, una de las principales vías sensitivas de la cabeza y la cara, que envía una señal de dolor al cerebro. Sin embargo, la sensación no se percibe donde se origina el estímulo, sino en la frente o las sienes. Este fenómeno, denominado “dolor referido”, ocurre porque el cerebro interpreta de forma errónea el origen de la señal nerviosa.

Un punto en común con la migraña

Lejos de ser una simple curiosidad, diversos estudios sugieren que este mecanismo comparte vías biológicas con otras cefaleas más complejas, especialmente la migraña. Una revisión científica publicada en 2023 destacó el papel del nervio trigémino y del ganglio esfenopalatino, estructuras que también participan en la aparición de migrañas, cefaleas en racimos y determinados dolores faciales.

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La relación con la migraña también aparece en los estudios epidemiológicos. Las personas que padecen migrañas presentan una mayor probabilidad de experimentar este tipo de dolor al consumir alimentos fríos que quienes sufren otros tipos de cefalea. Algunos trabajos incluso plantean que la sensibilidad al brain freeze podría actuar como un indicador indirecto de una mayor reactividad del sistema trigeminal, aunque todavía se necesitan más investigaciones para confirmar su utilidad clínica.

Una mujer comiendo un helado de cono (Magnific)
Una mujer comiendo un helado de cono (Magnific)

Un fenómeno más común en niños

La frecuencia con la que aparece esta cefalea también llama la atención. En la población general, diferentes investigaciones sitúan su prevalencia entre el 15 % y el 37 %, aunque en niños y adolescentes las cifras pueden superar el 60 %. Los expertos creen que esta diferencia podría explicarse por una combinación de factores, como una mayor sensibilidad de los receptores del frío durante la infancia y la ausencia de estrategias aprendidas para evitar el estímulo, como comer más despacio.

La genética también parece desempeñar un papel relevante. Algunos estudios han descubierto que los hijos de personas que sufren este tipo de cefalea presentan un riesgo considerablemente mayor de desarrollarla, lo que sugiere una predisposición hereditaria relacionada con la respuesta del sistema nervioso al frío.

En cualquier caso, los especialistas coinciden en que el “dolor de helado” es un fenómeno benigno y autolimitado. Salvo casos excepcionales relacionados con respuestas fisiológicas extremas, no supone un riesgo para la salud y desaparece espontáneamente en pocos segundos.

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