
Los pueblos suelen ser refugio y conflicto al mismo tiempo. Son esos lugares donde ocurren experiencias que marcan o incluso condicionan la vida, como un primer amor o amistades que resisten el paso del tiempo y la distancia, y ofrecen una pausa frente al ritmo frenético de las ciudades. Pero también pueden convertirse en lugares asfixiantes, donde todo se sabe y los lazos familiares aprietan. En este ambiente, en una pequeña localidad del sur de Teruel a principios de los 2000, transcurre la nueva novela de la periodista y escritora Cristina Armunia, La puta Margarita y otras flores de mi pueblo (editorial Dos Bigotes), donde narra la historia de amor entre Clara y Esther, dos chicas adolescentes, a través del desarraigo, la incomprensión y el miedo al qué dirán.
La autora cuenta en entrevista con Infobae que su inspiración nace, en buena medida, de aquellas historias que le contaban sus abuelos y que han influido de forma decisiva en su forma de escribir. Con una mezcla de “realismo mágico y ácido”, Armunia construye un relato donde marcharse resulta tan complejo como quedarse y donde crecer implica, inevitablemente, dejar algo atrás para siempre.
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-Pregunta: Has crecido en Teruel, pero ¿cómo te han marcado esos veranos en el pueblo y, más en concreto, en uno de la España vaciada? ¿Cómo te han influido esas historias que te contaban tus abuelos y tus padres?
-Respuesta: Es verdad que hablo un poco desde fuera, porque yo nací en Teruel capital y creo que mi escritura tiene un cierto tono urbanita, pero los pueblos marcan mi escritura, lo impregnan todo, porque siempre me han contado historietas. Mi abuela, que falleció el año pasado, me contaba un montón de historias de cuando eran jóvenes, de cómo era vivir sin una casa, sin un empleo, porque eran medieros, y esos relatos, aunque solo fueran contados, forman parte de mi vida y de ahí me inspiro mucho. Mi abuela me hablaba de los aperos, de cómo se trillaba o cómo era bajar a la siega, y todo eso me lo iba apuntando, pero también lo voy insertando de forma natural en lo que escribo.
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-P: ¿Cuáles dirías que son las principales diferencias entre vivir una identidad LGTBI en el mundo rural frente al entorno urbano? ¿Es más difícil salir del armario en un pueblo?
-R: Hace unas semanas estuve en el primer club de lectura como invitada, en la librería Mujeres, y varias personas me dijeron que, aunque no habían vivido nunca en un pueblo, lo que contaba en mi libro les interpelaba. Algunas me contaron que habían estudiado en un colegio pequeño y otras que habían pasado su juventud en un barrio de Madrid, por lo que esa especie de opresión, de miedo al qué dirán, no es algo solo propio de los pueblos, es algo que se reproduce y que creo tiene que ver más con lo común del colectivo LGTBI que con cómo es en sí el espacio. Lo que está claro es que en los pueblos hay un grito de gente que quiere quedarse pero no puede porque, en general, ya es algo bastante complicado y, si encima te estigmatizan por ser una persona LGTBI, es un ingrediente para que la vida sea más difícil.
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-P: Tu novela se ambienta en el inicio de los 2000. ¿Crees que ha cambiado la percepción de la diversidad en los pueblos en los últimos años?
-R: Creo que todavía falta mucho, pero quiero pensar que también han cambiado mucho las cosas, porque, por ejemplo, cuando yo era pequeña, crecí sin referentes. Por eso también estoy contenta de haber escrito este libro, porque hay personas que no conozco de nada que se me acercan o me escriben por redes sociales para decirme que ojalá hubieran podido leer en su juventud una historia de amor entre dos chicas. Creo que ahí hay un vacío bastante grande. Por otro lado, tengo esperanza, porque creo que ahora existen muchas iniciativas y proyectos LGTBI en lugares como Teruel que 20 años atrás eran impensables, así como en otros muchos lugares.
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-P: ¿Cómo nos puede marcar crecer sin referentes?
-R: Te marca de muchas maneras, desde lo académico, a la hora de elegir qué quieres ser de mayor, hasta lo laboral. Cuando me siento a escribir, no estoy pensando en qué temas voy a tratar; simplemente sale una historia y luego, de esa creación de figuras, toco temas que pueden ser feministas o LGTBI. En ese sentido, estoy encantada de que pueda servir para gente joven o adulta que se pueda reencontrar con eso a través de una historia, de una historia que, además, da lugar a la esperanza. Siempre digo que cuando terminas de leer el libro, te dan ganas de vivir [risas] y lo hago, de nuevo, intentando ejercitar eso que a mí me gusta decir que es el realismo mágico y ácido, donde me acerco a historias que son muy reales intentando imitar un poco a escritores como Juan Marsé o Carmen Laforet, pero luego le doy esa parte mágica o ácida de los escritores latinoamericanos.
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-P: ¿Quiénes son los escritores y escritoras que te han influido?
-R: Tengo varios grupos que me gustan mucho. Por supuesto, los realistas mágicos como pueden ser Laura Esquivel, Luis Sepúlveda o Gabriel García Márquez, pero también me gustan mucho escritores estadounidenses como J.D. Salinger o Paul Auster. De España me gustan mucho los realistas como Juan Marsé, Carmen Laforet y Rosa Montero.
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-P: ¿Qué consecuencias crees que puede tener en una persona adulta vivir un amor como el de Clara y Ester, lleno de obstáculos, vivirlo como algo prohibido?
-R: El primer amor te marca para siempre. Cuando ya crees que lo has olvidado, de repente un día te levantas y dices: “Ostras, que he vuelto a soñar con ella, ¿por qué?” [risas]. El primer amor, además, te marca aún más si lo tienes que vivir desde el secreto, y no desde el secreto contigo misma, sino también desde el secreto de no poder contárselo a tu familia o a tus amigos. Tener miedo es a veces tu propia autocensura de no querer contarlo. Y luego ya no solo es el amor; vivir el desamor en secreto es terrible, puede ser aún peor.
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-P: La otra historia que narras en la novela es la de Ventura, un hombre mayor que trata de ayudar en todo lo que puede a las jóvenes protagonistas, y Margarita, una trabajadora sexual. ¿Cómo construiste esa relación?
-R: Surgió un poco de la nada, porque, lo primero que escribí fue el título del libro y después vino todo lo demás. Un día conversando con una amiga, se me ocurrió el título antes de sentarme a escribir nada, y pensé: “Pues ahora tengo que encontrar una historia”. He intentado contar en paralelo dos posibles historias de amor que pueden ocurrir en un pueblo, por un lado, la de esas dos chicas, y por otro, la de “dos inadaptados”, aunque los cuatro son un grupo de inadaptados.
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-P: ¿Qué te gustaría que se llevara el lector al leer este libro?
-R: Me gustaría que se llevara un buen rato y una buena dosis de lectura. Pero también me gustaría que la gente rememore los momentos bonitos que ha vivido en su pueblo, durante su adolescencia y/o con su primer amor.
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