
La conocida plataforma Binance no desaparecerá de un día para otro ni sus usuarios perderán las criptomonedas que tenían con ellso. Pero desde el 1 de julio, el mayor exchange de criptoactivos del mundo ya no puede operar con normalidad en Europa si no cuenta con la licencia que exige MiCA, el nuevo Reglamento Europeo de Mercados de Criptoactivos. El cambio no se queda en el plano regulatorio: afecta de lleno a quienes compraban, vendían, cambiaban o generaban rendimientos con activos digitales desde esta plataforma.
La entrada en vigor de MiCA marca un cambio de etapa para el sector cripto europeo. Hasta ahora, muchas plataformas habían seguido funcionando bajo registros nacionales o en periodos transitorios mientras se adaptaban al nuevo marco. y ahora ese margen se ha terminado. A partir de ahora, cualquier proveedor de servicios sobre activos digitales necesita una autorización concedida por al menos un Estado miembro para prestar servicios en la Unión Europea.
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El caso de Binance se ha convertido en el más visible por su tamaño. Según estimaciones del sector recogidas por EFE, la situación afecta a más de un millón de clientes en Europa y a más de medio millón de usuarios en España.
La compañía retiró recientemente su solicitud de licencia ante la Comisión del Mercado de Capitales de Grecia, aunque sostiene que no abandona Europa y que buscará autorización en otro Estado miembro. Mientras tanto, asegura que los fondos de sus clientes “permanecen seguros y protegidos” y seguirán siendo accesibles.
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Los fondos no desaparecen, pero los servicios sí cambian
Con el fin del periodo transitorio de MiCA, la consecuencia inmediata no es que los usuarios se queden sin sus criptomonedas, sino que las plataformas sin licencia no pueden seguir ofreciendo sus servicios como antes. Fernanda Restrepo, experta de la auditora Kroll en fraude y activos digitales, explica que estos operadores solo pueden ejecutar un plan de cierre o salida ordenada. “Lo único que pueden hacer es dar apertura a los clientes para que puedan salir de la plataforma y puedan sacar sus activos”, señala.
Eso significa que el usuario debería poder acceder a su cuenta y mover sus criptoactivos a otro proveedor o a una dirección propia. Lo que no debería poder hacer es seguir usando la plataforma como un exchange plenamente operativo. “El hecho de estar en proceso de sacar una licencia no les da la posibilidad de seguir operando”, advierte Restrepo.
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“Queda todo bloqueado excepto el poder sacar los fondos de la plataforma”, resume la experta. En la práctica, eso impide “seguir invirtiendo, meter más dinero o cambiarlo a otro tipo de criptomoneda”, además de comprar, vender, cambiar criptoactivos a euros u otras monedas tradicionales, dar nuevas órdenes, gestionar la cartera o utilizar otros servicios asociados, explica Restrepo.
El mensaje coincide, aunque desde una lectura muy distinta, con el de Enrique J. Hernández, profesional del sector cripto: “Que no presten servicio no quiere decir que esos activos estén secuestrados ni mucho menos. Puedes hacer retiros”, sostiene. Para él, el foco debe estar en la pérdida de operativa y no en un supuesto bloqueo de activos. El ejemplo que pone para ilustrar la situación es sencillo: “Cuando un banco cierra, el banco no se queda con tus fondos”. Lo que ocurre, explica, es que la entidad deja de darte servicio y te pide que retires el dinero.
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Un usuario residente en España consultado por Infobae asegura, de hecho, haber retirado fondos de Binance después del 1 de julio sin incidencias. “No he tenido ningún problema al sacar mis fondos después de la entrada en vigor de MiCA”, afirma. Su caso no permite sacar conclusiones generales sobre todos los clientes, pero sí encaja con el mensaje “de calma” que lanzan las voces expertas consultadas: la salida de activos debe estar habilitada, aunque el resto de servicios quede restringido.
¿Qué pueden hacer ahora los usuarios?
La nueva situación deja a los usuarios que tengan fondos en criptomonedas ante varias opciones. La más directa es retirar los activos de la plataforma. Otra es trasladarlos a un operador que sí tenga licencia MiCA, o también pueden pasarlos a una wallet de autocustodia, es decir, a un monedero digital controlado directamente por el propio usuario y no por una plataforma. Hernández lo compara con guardar euros en una caja fuerte en casa, en lugar de dejarlos en el banco: esa wallet, dice, es “como una especie de pendrive” donde se conservan los activos.
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El problema es que esa “caja fuerte” hay que saber manejarla. Implica que el usuario asume por completo la responsabilidad sobre sus claves, accesos y seguridad. Para perfiles más familiarizados con el ecosistema cripto puede ser una opción natural. Para pequeños ahorradores o usuarios menos expertos, puede aumentar el riesgo de cometer errores al mover fondos o perder el acceso a los activos.
La principal preocupación, apunta Restrepo, no debería centrarse tanto en la pérdida de los activos como en las dificultades prácticas para sacarlos. Puede haber dudas o instrucciones poco claras, especialmente si muchas personas intentan salir al mismo tiempo de una plataforma. “Las empresas puede que no tengan una atención al cliente suficiente para el éxodo que va a haber de clientes europeos”, explica.
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MiCA no ha fijado un plazo general único para retirar fondos. Cada plataforma debe ejecutar su propio plan de salida, que debería haber comunicado a sus clientes por correo, en su web o por ambas vías. Hernández asegura que, en el caso de Binance, “ahora mismo no se ha puesto ni siquiera esa fecha”, afirma.
También existe una cuarta opción: esperar. Algunas plataformas pueden seguir intentando obtener licencia después del 1 de julio y reactivar servicios si la consiguen. Pero, mientras no la tengan, no pueden operar con normalidad. Para el usuario, eso supone dejar los activos quietos en una plataforma limitada, expuestos a la evolución del mercado, pero sin poder utilizarlos como antes. Es decir, si alguien tiene 0,05 bitcoin, seguirá teniendo 0,05 bitcoin; lo que suba o baje será su valor en euros o dólares.
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Más seguridad, pero menos plataformas
MiCA nace con una promesa: dar seguridad jurídica a un mercado que durante años ha crecido con reglas fragmentadas, poca supervisión homogénea y una exposición elevada a fraudes. La regulación exige identificación de clientes, controles contra el blanqueo, transparencia corporativa, resiliencia operativa, requisitos de liquidez y estructuras internas más parecidas a las del sector financiero tradicional.
Para Restrepo, la regulación es necesaria “para poder dar protección jurídica en una situación en la que mucha gente está invirtiendo y no sabe o no conoce bien dónde está invirtiendo”, defiende. Una de las ventajas, apunta, es que el usuario puede consultar las listas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) para comprobar si un proveedor está autorizado antes de confiarle sus activos.
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Para los operadores que han conseguido licencia, el momento también abre una ventana comercial clara. Restrepo lo califica como “una oportunidad única para las plataformas que sí tienen licencia”. Y ahí aparece la otra cara de la nueva norma: el mercado europeo queda más ordenado, pero también más concentrado.
Según Restrepo, antes de MiCA se hablaba de entre más de 1.200 y más de 2.800 proveedores de servicios; ahora hay algo más de 280 registrados en Europa. “Estamos hablando de miles de proveedores de servicios a cientos de proveedores de servicios. Eso concentra el mercado”, reconoce.
La concentración, además, no se limita al número de empresas. No todos los proveedores autorizados pueden prestar todos los servicios. Algunos pueden tener licencia para varias actividades, pero no para todas. El resultado será un sector cripto europeo con menos plataformas disponibles, menos productos y una oferta diferente a la que tengan los usuarios en otros mercados.
La crítica del sector: burocracia y oligopolio
Hernández interpreta esa concentración como el principal problema. Para él, MiCA no solo protege al consumidor, sino que levanta una barrera de entrada al mercado: “Son muy pocas las empresas que pueden asumir el costo y los tiempos que conlleva adaptarse a una normativa tan restrictiva”, sostiene.
Su crítica va más allá del caso Binance. A su juicio, la Unión Europea está imponiendo demasiadas restricciones a un sector tecnológico todavía en desarrollo. “Europa está ahogando la innovación y la tecnología, porque las criptomonedas no dejan de ser innovación y tecnología”, afirma. Y resume su visión con una frase especialmente categórica: “Binance simboliza la innovación que Europa necesita y la ley MiCA simboliza el exceso de burocracia que vivimos en Europa”.
Desde su prisma, el riesgo es que la UE reduzca competencia interna y deje el desarrollo tecnológico en manos de otros mercados: “Europa lo que hace es restringir, el resto del mundo fabricar”, denuncia. También advierte de un efecto de oligopolio: menos empresas, más poder para las que sobreviven y mayor capacidad para imponer condiciones o comisiones a los usuarios.
Restrepo admite que el mercado queda más concentrado, pero sostiene que ese ajuste viene acompañado de más garantías para el usuario. “Las opciones siguen existiendo, ahora son más seguras, aunque sean más concentradas”, resume la experta.
MiCA ha cambiado las reglas del juego. A partir de ahora, operar en el mercado europeo exige licencia, estructura y supervisión. El usuario gana seguridad y claridad para saber dónde está entrando, pero pierde parte de la oferta y flexibilidad que caracterizaba al ecosistema cripto.
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