Los trabajadores de la banca protestan frente al Banco de España por los incentivos ligados a ventas y el “control diario y absoluto” a los empleados

UGT denuncia que los objetivos comerciales, pactados fuera de convenio, condicionan cada vez mayor parte del sueldo, mientras advierte de riesgos para la salud de los trabajadores y posibles ventas inadecuadas a clientes

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Más de la mitad de los trabajadores del sector de la banca son mujeres, pero se enfrenta a un relevo generacional. (Canva)
Una trabajadora en una entidad bancaria. (Canva)

La UGT ha convocado a los trabajadores del sector bancario a una concentración frente a la sede del Banco de España este martes para denunciar el modelo de presión comercial y retribución variable que aplican las entidades financieras, al considerar que genera riesgos tanto para los empleados como para los clientes. La acción, impulsada a través de las secciones sindicales de la mayoría de los bancos, busca solución para un problema de exigencia “desmedida e insostenible que afecta a la salud” de los trabajadores.

El sindicato señala que los objetivos de venta no han dejado de crecer desde 2020. “Desde la pandemia estamos creciendo a ritmos de entre el 20% y el 30% de objetivos anuales”, explica Víctor Miravete, responsable del sector financiero en UGT, en declaraciones a Infobae. El incremento se produce, además, sobre plantillas más reducidas, lo que multiplica la carga sobre cada trabajador.

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El peso de esas ventas en el salario de los empleados es uno de los ejes de la protesta. Una parte cada vez mayor de la retribución depende de los resultados comerciales individuales, y ser capaz de lograrlos tampoco es suficiente para evitar la presión: “Cuando se alcanzan los objetivos, automáticamente se incrementan”.

La presión comercial aumenta el riesgo de vender productos inadecuados

A la presión por los objetivos se suma una vigilancia constante sobre la actividad de cada empleado. “Hay una política de control diario y absoluto sobre todo lo que se hace”, señala Miravete, que describe una dinámica que se repite en muchas entidades: “Entrar por la mañana y preguntarte cuánto vas a vender hoy”, generando una situación de estrés constante que puede pasar factura a la salud del empleado. Para el sindicalista, ese nivel de escrutinio permanente no solo deteriora el clima laboral, sino que traslada la responsabilidad de los errores a los empleados. “Cuando algo pasa y alguna cosa se hace regular, siempre la culpa es del trabajador, nunca es de la empresa que diseña los objetivos y cómo se vende”, afirmó.

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UGT recuerda que esa dinámica tiene precedentes. Productos como las cláusulas suelo o determinados seguros de cambio terminaron en los tribunales, y en todos esos casos la responsabilidad recayó sobre los comerciales de oficina. “El culpable siempre es el vendedor, que es el último eslabón de la cadena, que no ha diseñado el producto”, insiste Miravete.

Logo de UGT en la sede del sindicato. (Europa Press)
Logo de UGT en la sede del sindicato. (Europa Press)

Más allá del impacto sobre las plantillas, el sindicato advierte de un riesgo para los consumidores: la comercialización de productos financieros inadecuados para el perfil de cada cliente. Bajo un modelo que prioriza el volumen de ventas, los trabajadores pueden verse empujados a colocar productos que no se ajustan a las necesidades o a la situación económica de quien los contrata.

El sindicato pide supervisión y negociaciones colectivas

Por eso, UGT considera que la cuestión trasciende el ámbito laboral y entra en el terreno de la supervisión bancaria. “Lo que pretendemos es que el Banco de España entre o supervise la forma de comercializar que tienen las entidades”, explica Miravete, que reclama una auditoría formal del sector. “El Banco de España no puede estar no informado”, subraya.

El sindicato también pone el foco en la regulación del salario variable, que actualmente queda fuera del convenio colectivo. La propuesta pasa por que los representantes de los trabajadores participen en la fijación de esos complementos, de modo que se establezcan límites claros y predecibles. La situación se agrava, según Miravete, porque la retribución variable de cada empleado no depende únicamente de su propio rendimiento: “Tu porcentaje variable no depende de ti, sino de lo que vendan tus compañeros”, lo que introduce un elemento de competencia interna que tensiona aún más las relaciones en las oficinas.

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