Vox gana sin ganar: el partido de ultraderecha sube solo un escaño, pero tendrá de nuevo la llave de un Gobierno autonómico y corea que habrá “prioridad nacional”

La formación de Santiago Abascal se erige como la gran vencedora de la noche sin necesidad de lograr unos resultados espectaculares

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El candidato de Vox a la Presidencia de la Junta, Manuel Gavira, celebra los resultados electorales. A 17 de mayo de 2026 en Sevilla (Andalucía, España). Vox repite como tercera fuerza y obtiene 15 escaños con un apoyo del 13,92% frente a los 14 parlamentarios que sumaron hace cerca de cuatro años. Entonces obtuvieron el 13,47% de los votos.
El candidato de Vox a la Presidencia de la Junta, Manuel Gavira, celebra los resultados electorales. (Europa Press)

Vox no dependía de sí mismo para celebrar o no una victoria en las elecciones de Andalucía. Y es que el resultado no iba a estar marcado por su desempeño —todas las encuestas apuntaban a un ligero ascenso, de los 14 escaños que logró en 2022 a una horquilla de entre 17 a 20 diputados—, sino por el del PP: si Juanma Moreno lograba la mayoría absoluta y podía gobernar de nuevo en solitario, Vox podría aplaudir su mejora, pero no resultar determinante como en Aragón, Extremadura o Castilla y León. La “prioridad nacional” no llegaría a Andalucía. Y si el PP no alcanzaba la mayoría absoluta, Vox volvería a ser determinante para formar un Gobierno autonómico, al margen de sus resultados de la noche. Sería el equivalente a ganar sin hacer nada.

Y así ha sido. El partido liderado por Santiago Abascal, y representado en la región por Manuel Gavira, se ha quedado incluso por debajo de esa horquilla que apuntaban las encuestas, con 15 diputados, solo uno más, y un 13,9% de los votos. Una subida muy ligera frente al 13,4% de 2022. Una subida muy pobre para las aspiraciones de la formación, pero suficiente para celebrar el éxito: no gracias a sus propios méritos, sino al demérito del PP.

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Por ello, en la sede del partido predominó un ambiente festivo cuando Manuel Gavira salió a dirigirse a los afiliados y a la prensa: botes, cánticos, aplausos, gritos. Gritos de “prioridad nacional”, “prioridad nacional”. Y: “¿Dónde está la mayoría?” “¿La mayoría dónde está?”. “No puedo empezar de otra manera que agradeciendo a ese más de medio millón de andaluces que ha confiado en Vox”, ha comenzado. Y a continuación destacó: “No les vamos a defraudar y, por supuesto, no les vamos a decepcionar y vamos a estar a la altura y a defender cada uno de esos votos”. Gavira felicitó a Juanma Moreno, pero le advirtió: “Esperamos del Partido Popular que escuche a los andaluces, porque han hablado claro y le han dicho al Gobierno de Andalucía qué es lo que quieren. Y lo que quieren es: prioridad nacional”. “Va a haber también más campo, más agricultura, más ganadería, más pesca, más seguridad y más prosperidad. Y el próximo Gobierno de Andalucía tendrá mucho más sentido común”, ha añadido. “Y en Andalucía por fin tendremos un bastión contra el Gobierno mafioso, corrupto y traidor que hay en el Gobierno de España, el Gobierno de Sánchez”. Y con un grito de “¡Viva España!”, terminó su intervención.

Minutos después, Santiago Abascal compareció desde la sede de Vox en Madrid, para felicitar a Gavira y afirmar que “Vox será decisivo una vez más”. “El PSOE y el PP han bajado, han perdido apoyo de los andaluces y han perdido escaños. Y Vox ha logrado más votos, más porcentaje y más escaños”, añadió, en un ejercicio claro, muy de la clase política, de ver el vaso medio lleno.

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La portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, contradice al PP con el concepto de "prioridad nacional" acordado en Extremadura para obtener ayudas sociales. Asegura que al principio "españoles primero" y no al "arraigo", como defienden los populares.

La prioridad nacional llega a Andalucía

En la maratón electoral que arrancó en Extremadura a finales del año pasado, la formación de Santiago Abascal arrancó con lo que esperaba que fuera el inicio de una tendencia generalizada en todo el país: allí, el 21 de diciembre, más que duplicó sus escaños, que se elevaron de 5 a 11. “Extremadura ha hablado alto y claro: quiere más Vox, el doble de Vox. Y lo va a tener”, proclamó el candidato, Óscar Fernández Calle. Y el 8 de febrero, en Aragón, el partido aumentó el número de diputados de 7 a 14, y fue la agrupación que más creció, también en porcentaje de votos, donde pasó del 11% a casi el 18%. “Se ha demostrado que también en Aragón se quiere el doble de Vox”, afirmó su candidato en esa región, Alejandro Nolasco.

Eran momentos históricos para el partido de ultraderecha, que veía crecer su poder entre el estancamiento del PP, el descalabro del PSOE y la división de la izquierda, sumida en la irrelevancia en esos dos comicios. Vox se había hecho con la llave de ambos ejecutivos autonómicos, pues los populares debían negociar con ellos si querían gobernar, y no estaba dispuesto a ‘vender’ barato su apoyo.

Las negociaciones, que duraron meses, dejaron esto claro. En Extremadura, tras cuatro meses de conversaciones, el pacto para investir a María Guardiola terminó incluyendo varias de las principales reclamaciones de Vox, como el endurecimiento de las políticas migratorias y la rebaja de impuestos. El partido de Abascal también ocupará una vicepresidencia, dos consejerías —Desregulación, Servicios Sociales y Familia; y Agricultura, Ganadería y Medio Natural— y un senador por designación autonómica. En Aragón, también se han hecho con tres consejerías, una con rango de vicepresidencia: una de Desregulación, Servicios Sociales y Familia; otra de Agricultura, Ganadería y Alimentación; y una tercera de Medio Ambiente y Turismo, además de un senador de designación autonómica.

Y en ambos pactos, brillan las referencias a la “prioridad nacional”, es decir, la iniciativa de poner por delante a los nacionales en el acceso a la vivienda social y otras prestaciones y ayudas sociales, la “asignación prioritaria de los recursos públicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio”, dice el pacto extremeño. Estas líneas hicieron saltar la polémica a nivel nacional y —además de las muchas dudas legales y prácticas que existen sobre su aplicación— han tenido relevancia en la campaña electoral andaluza.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha lanzado una dura advertencia al ejecutivo de Extremadura, formado por PP y Vox, asegurando que recurrirá cualquier ley autonómica que menoscabe los derechos y libertades.

El líder del PP, Juanma Moreno, se apresuró a desmarcarse del tema: “El eslogan de campaña, que me parece muy efectista, la prioridad nacional, está muy bien, pero hay una cosa que está por encima de la prioridad nacional que se llama ley orgánica de estatuto de autonomía y Constitución Española y eso no lo puede superar ningún presidente autonómico, ni ningún dirigente político, ni ningún acuerdo entre partidos”, dijo el 13 de mayo, en declaraciones a Onda Cero. Abascal respondió llamando a Moreno “Chiquilicuatre de San Telmo”: “Este señor se pone muy bravo, pero luego es bastante simpático y tendrá que negociar”. Ambos políticos convirtieron la recta final de la campaña en un referéndum sobre la ‘prioridad nacional’ y la siguiente elección: un gobierno del PP en solitario o con Vox.

Y las urnas han decidido, aunque con un mensaje no tan sencillo de interpretar. Habrá “prioridad nacional”, o es de esperar que la habrá, pero no porque Vox haya logrado una gran subida de escaños, sino porque el PP se ha quedado a dos de la mayoría absoluta, en una noche en la que la mayor subida la consiguió la izquierda de Adelante Andalucía. Pero al margen de estos ‘detallitos’, la consecuencia práctica es la siguiente: el PP necesitará a Vox para gobernar, y Vox, que le tiene ganas a Juanma Moreno —como se vio claramente en los cánticos de “prioridad nacional” y “¿dónde está la mayoría?”—, piensa cobrárselo caro.

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