
Nuestro cuerpo necesita ciertas cantidades de colesterol para producir hormonas, vitamina D y sustancias que nos ayudan a digerir los alimentos. Aunque nuestro organismo produce todo el que necesita, este también se halla en los alimentos de origen animal, desde las yemas de huevo hasta la carne o el queso.
A pesar de su importancia, cuando esta sustancia cerosa se encuentra en altas cantidades puede provocar una serie de problemas para la salud. La placa que forma el colesterol se pega a las paredes de los vasos sanguíneos (ateroesclerosis) y, si no se trata, puede acabar bloqueando el paso de la sangre.
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Uno de los medicamentos más comunes para tratar los altos niveles de colesterol y triglicéridos es el bezafibrato, que actúa eliminando la grasa adherida a los vasos sanguíneos. Ahora, una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke publicada en la revista Nature Communications ha demostrado que este fármaco puede ser una herramienta clave contra el cáncer de ovario.
Para entender la relación entre el bezafibrato y esta enfermedad oncológica es necesario comprender el ascitis, que es la acumulación anormal de líquido en la cavidad abdominal y que tradicionalmente se ha asociado a una consecuencia del cáncer de ovario en su etapa avanzada. La investigación ha demostrado que este fluido puede jugar un papel activo en la protección y diseminación de las células tumorales, y es aquí donde el bezafibrato ha demostrado ser capaz de romper ese escudo invisible.
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El análisis realizado indica que el ascitis no solo acompaña la progresión de los tumores ováricos, sino que actúa como una barrera biológica que impide la muerte celular por ferroptosis. Esta protección llega a ser efectiva incluso con concentraciones tan bajas como el 2 % de inmersión en líquido ascítico, a pesar de que en las pacientes las células tumorales se encuentran completamente rodeadas por él. El estudio también señala que el medicamento bezafibrato, destinado a reducir los triglicéridos, logra desbloquear esta defensa natural cuando actúa en presencia del ascitis, reabriendo la puerta a un tratamiento potencialmente más eficaz.
En España, 3.767 mujeres serán diagnosticadas de cáncer de ovario en 2026, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Se trata de uno de los tumores oncológicos más agresivos por la dificultad de su diagnóstico en fases tempranas, pero no es uno de los más frecuentes.
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Un fármaco que cambia las reglas del juego
La ferroptosis, definida como una variante de muerte celular dependiente de la oxidación de lípidos y del hierro, representa una vulnerabilidad natural de muchas células tumorales, en especial las que flotan libremente en la cavidad abdominal y buscan nuevos lugares para colonizar. Según ha detallado Jen-Tsan Chi, profesor en el Departamento de Genética Molecular y Microbiología y codirector del Programa de Biología del Cáncer en el Instituto del Cáncer de Duke en declaraciones recogidas por MedicalXpress, hasta ahora “los médicos habían considerado el ascitis sobre todo como un síntoma, no como un agente que facilita la progresión de la enfermedad”. Chi resalta que se trata de una “ventaja de supervivencia” para las células, clave para explicar la capacidad del cáncer de ovario para diseminarse.
El ascitis suele drenarse para aliviar síntomas relativos al dolor, la movilidad y los problemas respiratorios, aunque esta intervención no detiene el cáncer. El nuevo trabajo aclara el mecanismo molecular de esta protección: el fluido cambia la gestión de lípidos y el metabolismo del hierro en las células tumorales, bloqueando así el proceso de ferroptosis.
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Bezafibrato para derribar la barrera del cáncer de ovario
Para determinar la base de este escudo, los científicos aislaron y analizaron los principales componentes del ascitis comprobando que la eliminación de los lípidos neutralizaba el efecto protector. Como ha precisado Yasaman Setayeshpour, primera autora del trabajo y estudiante de doctorado en genética molecular y microbiología, “los lípidos resultan ser el motivo principal de que el ascitis ayude a las células tumorales a sobrevivir”.
Ante este hallazgo, el equipo recurrió a bezafibrato, un fármaco utilizado desde hace décadas para tratar alteraciones del colesterol y los triglicéridos. El objetivo era replicar el efecto observado al eliminar los lípidos del ascitis usando un medicamento capaz de alterar este equilibrio lipídico. Aunque bezafibrato no induce por sí solo la muerte celular ni frena el crecimiento tumoral en ratones, el estudio reveló que restaura la sensibilidad a la ferroptosis siempre que las células se encuentren en presencia de ascitis, cambiando así las reglas del juego en el microentorno tumoral.
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