El lupus, una enfermedad invisible que condiciona la vida de quienes lo padecen: “Tu propio cuerpo se vuelve tu enemigo”

Una enfermedad autoinmune con la que miles de personas conviven a diario entre el dolor, el cansancio extremo y la incertidumbre

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dolor de hombro
El lupus, una enfermedad invisible que condiciona la vida de quienes lo padecen. (Freepik)

Cada 10 de mayo se celebra el Día Mundial del Lupus, una jornada dedicada a dar a conocer una enfermedad crónica y compleja. En 2026, la campaña internacional se desarrolla bajo el lema “Make Lupus Visible”, una llamada a visibilizar una realidad que muchas veces no se percibe desde fuera. El cansancio extremo, el dolor persistente, los brotes imprevisibles o el impacto emocional y social forman parte del día a día de muchas personas con lupus, aunque no siempre sean visibles.

Se trata de una enfermedad que afecta a más de cinco millones de personas en todo el mundo. En España, la prevalencia se sitúa en torno a 210 casos por cada 100.000 habitantes, lo que equivale aproximadamente a unas 94.000 personas, según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER).

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El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune y crónica en la que el sistema inmunitario, encargado de proteger al organismo, se altera y ataca por error los propios tejidos del cuerpo, provocando inflamación y daño. Puede afectar a múltiples órganos como la piel, las articulaciones, los riñones, el corazón, los pulmones, la sangre o el sistema nervioso. Sin embargo, su expresión es muy variable de una persona a otra, según el Ministerio de Sanidad español.

En palabras de algunos pacientes recogidas por la Federación Española de Lupus (Felupus), “tu propio cuerpo se vuelve tu propio enemigo”, una idea que refleja el impacto físico y emocional de la enfermedad. A esta vivencia se suma la dificultad de convivir con síntomas imprevisibles y limitantes: “No somos perezosos ni flojos, nuestras limitaciones son reales”, señalan algunos testimonios, en referencia a los prejuicios que todavía rodean a las enfermedades invisibles.

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Vivir con brotes e incertidumbre

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el cansancio extremo, el dolor o la inflamación articular, la fiebre sin causa aparente, las lesiones en la piel y la sensibilidad al sol. En algunos casos aparece el característico eritema malar, conocido como erupción en “alas de mariposa”, según la Asociación de Enfermedades Autoinmunes y Vasculitis de Castilla y León (EAVACYL). La enfermedad suele evolucionar en brotes, alternando periodos de actividad con otros de remisión o estabilidad, lo que la convierte en una patología imprevisible y difícil de controlar.

Infografía sobre terapia CAR T para enfermedades autoinmunes, mostrando ilustraciones de células, ADN, probetas e iconos médicos, con texto explicativo en azul oscuro y naranja.
La terapia CAR T ofrece una prometedora alternativa para millones de personas con enfermedades autoinmunes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto del lupus no es solo clínico. Muchos pacientes coinciden en describirlo como una convivencia constante con la incertidumbre: “Yo solo quería poder dar dos pasos sin dolor”, relata una persona afectada. Aun así, también aparecen procesos de adaptación y aprendizaje: “Aprender a cuidarme ha sido parte del tratamiento” y “aprender a convivir con el lupus también es aprender a quererse”, expresan otros testimonios.

La afectación de órganos internos es uno de los aspectos más delicados del lupus. En el caso del riñón, puede aparecer la llamada nefritis lúpica, una complicación que a menudo se desarrolla de forma silenciosa, por lo que son fundamentales los controles periódicos de sangre y orina. También pueden presentarse complicaciones neurológicas, hematológicas o cardiovasculares que requieren un seguimiento estrecho por parte de distintos especialistas, según recoge el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid.

En este contexto, los pacientes insisten en la importancia del diagnóstico precoz: “El tiempo en el lupus puede marcar la diferencia entre vivir bien o sufrir daños irreparables” y “se necesita diagnosticar antes para evitar todo el daño que ya lleva tu cuerpo”, comparten algunos pacientes con Felupus.

Un diagnóstico complejo y un tratamiento en evolución

El diagnóstico del lupus no se basa en una única prueba, sino en la combinación de síntomas, exploración clínica y análisis de sangre y orina. Las pruebas inmunológicas ayudan a orientar, pero no son determinantes por sí solas. A esto se suma un dato relevante: alrededor del 90% de los casos se da en mujeres, especialmente en edad fértil, entre los 15 y los 45 años, con posible influencia de factores hormonales como los estrógenos, según recoge Women’s Health.

La enfermedad suele evolucionar en brotes, alternando periodos de actividad con otros de remisión o estabilidad. (Clínica Jaime Catarroja)
La enfermedad suele evolucionar en brotes, alternando periodos de actividad con otros de remisión o estabilidad. (Clínica Jaime Catarroja)

El tratamiento permite controlar la enfermedad, reducir su actividad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. En este sentido, el objetivo principal es disminuir la inflamación, prevenir los brotes y proteger los órganos afectados. Para ello, en función de la gravedad y del tipo de afectación, se utilizan distintos fármacos para modular la respuesta del sistema inmunitario, siendo los corticoides uno de los tratamientos más utilizados.

Este abordaje se complementa con medidas cotidianas como protección solar, ejercicio adaptado, dieta equilibrada, abandono del tabaco, descanso adecuado y seguimiento médico. “Sentirse escuchado por tu médico también forma parte del tratamiento”, subraya un paciente en redes sociales.

La investigación avanza hacia la personalización

En paralelo, la investigación sobre lupus vive un momento de gran impulso. La colaboración internacional entre entidades como la Lupus Research Alliance y SLEuro está acelerando el desarrollo de nuevas terapias, ensayos clínicos y estudios para comprender mejor la enfermedad.

Las líneas más prometedoras se centran en terapias dirigidas a mecanismos concretos del sistema inmunitario, como los linfocitos B o las vías del interferón, además del desarrollo de tratamientos biológicos más selectivos y precisos. También avanza la medicina personalizada, que busca adaptar los tratamientos al perfil de cada paciente, y el uso de inteligencia artificial para predecir brotes, detectar patrones y mejorar el seguimiento clínico. El objetivo es claro: pasar hacia terapias más eficaces, menos agresivas y mejor adaptadas a cada persona.

No estar solo con la enfermedad

En España, el proyecto “Lupus de cerca”, impulsado por GSK en colaboración con la Federación Española de Lupus (FELUPUS), ha formado ya a más de un centenar de pacientes. La iniciativa se basa en la formación entre iguales, donde pacientes expertos acompañan a otros para mejorar la comprensión de la enfermedad y reforzar su papel activo en el cuidado.

El programa combina sesiones formativas con dinámicas prácticas sobre autocuidado, impacto emocional, nefritis lúpica y toma de decisiones compartida con profesionales sanitarios. “No solo somos pacientes, también somos parte activa de nuestro propio cuidado”, destacan los participantes. Otros testimonios reflejan el proceso de adaptación: “Para mí el lupus ha sido una historia de superación, paciencia y esperanza”.

Las asociaciones integradas en FELUPUS, repartidas por todo el país, trabajan para informar, educar y concienciar sobre la enfermedad. “El lupus forma parte de mi vida, pero no define mis ganas de vivir”, resume uno de los pacientes, poniendo el foco en la resiliencia, la adaptación y la voluntad de seguir adelante pese a la incertidumbre de la enfermedad.

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