El pueblo que encanta a los artistas: marcado por un terremoto y perfecto para hacer senderismo

Un municipio italiano entre montañas que acogió a artistas europeos, con un pasado ligado a antiguas civilizaciones

Guardar
Google icon
Civita d’Antino en Italia.
Civita d’Antino en Italia.

En lo alto de los Apeninos italianos, en la región de Abruzzo, se esconde un pequeño pueblo de montaña que apenas supera el millar de habitantes, pero que guarda una historia tan inesperada como fascinante: fue refugio de una colonia de artistas daneses a finales del siglo XIX y sufrió un devastador terremoto en 1915. Hoy es un destino discreto, casi desconocido fuera de Italia, que combina senderismo, patrimonio y una conexión muy singular entre arte y naturaleza.

Este rincón, llamado Civita d’Antino, está ubicado en la provincia de L’Aquila, en Abruzzo, vivió un capítulo artístico poco habitual en la Europa de su tiempo. A finales del siglo XIX, el pintor danés Kristian Zahrtmann llegó al lugar y quedó fascinado por la intensidad de su luz, la fuerza de sus paisajes y la autenticidad de la vida rural. A su alrededor se reunió un grupo de artistas nórdicos que convirtió el pueblo en un auténtico taller al aire libre.

PUBLICIDAD

Durante años, estos pintores convivieron con la población local, retratando escenas cotidianas, campesinos trabajando, calles empedradas y el imponente paisaje de montaña. De aquella experiencia nació una comunidad artística singular, conocida como la “escuela danesa de pintura en Italia”, cuyo legado todavía puede rastrearse en algunos rincones del pueblo, recoge Turisti Per Caso.

Vista panorámica de la campiña toscana al atardecer, con colinas, olivares y viñedos. Un hombre mayor y un niño caminan por un sendero.
Un niño y su abuelo caminando en un pueblo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un pasado marcado por la destrucción

La historia del lugar no puede entenderse sin su episodio más dramático. En 1915, un fuerte terremoto sacudió los Apeninos centrales y arrasó gran parte de la zona, provocando la destrucción de edificios y una importante emigración de sus habitantes. Aun así, el pueblo logró recomponerse parcialmente, conservando su trazado histórico y buena parte de su identidad.

PUBLICIDAD

Hoy, quien lo visita todavía puede reconocer las huellas de un pasado mucho más antiguo. El asentamiento actual se levanta sobre las ruinas de la antigua ciudad romana de Antinum, lo que añade una doble capa histórica: la del mundo clásico y la de la reconstrucción moderna tras el seísmo.

El casco antiguo conserva edificios nobles y rincones de gran valor patrimonial. Destacan el Palazzo Ferrante, con su capilla privada de la Inmaculada Concepción y antiguos salones que acogieron a estudiosos y arqueólogos; la Torre Colonna, antigua estructura de vigilancia restaurada; y la Porta Flora, uno de los accesos históricos que todavía se mantiene en pie. También sobresale la Pensione Cerroni, conocida como la Casa de los Pintores Daneses, auténtico epicentro de la comunidad artística de Zahrtmann.

En el corazón del pueblo, varias plazas recuerdan aquella presencia nórdica con placas conmemorativas y árboles plantados por los propios artistas. Son detalles que refuerzan la identidad singular del lugar: un punto de encuentro entre la tradición rural italiana y la memoria cultural europea.

Un senderista con mochila camina por un sendero soleado en un bosque denso con árboles altos, vegetación verde y montañas brumosas a lo lejos.
Un senderista con mochila camina por un sendero forestal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Senderos entre montañas

Más allá del casco urbano, el entorno natural es uno de los grandes atractivos de la zona. El pueblo está rodeado por los paisajes de los Apeninos, con rutas de senderismo que atraviesan bosques de pinos, crestas rocosas y antiguos caminos pastoriles.

Una de las excursiones más conocidas conduce a la ermita de la Madonna della Ritornata, un pequeño santuario excavado en la roca que conserva frescos medievales de gran valor. Desde el propio pueblo también parten rutas hacia la Serra Lunga o el Monte Romanella, desde donde se obtienen vistas panorámicas que alcanzan el Gran Sasso, la Maiella y la llanura del Fucino.

Estos itinerarios pueden realizarse a pie, en bicicleta de montaña o incluso a caballo, lo que convierte la zona en un destino versátil tanto para senderistas experimentados como para quienes buscan una escapada tranquila en plena naturaleza.

Lejos de las grandes rutas turísticas, este rincón de los Apeninos italianos ofrece una combinación poco habitual: patrimonio histórico, legado artístico europeo y naturaleza. Un lugar que sobrevivió a un terremoto, que inspiró a una comunidad de artistas daneses hace más de un siglo y que todavía hoy permanece como un secreto bien guardado entre montañas.

Google icon

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD