Una madre finge que su hijo de seis años tiene cáncer para pagar sus deudas con el juego: “Me siento como un peón en un ajedrez”

La mujer fue condenada a cuatro años, tres meses y 20 días de prisión

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Primer plano de la mano derecha de un niño sobre una sábana blanca de hospital, con vías intravenosas, sensores y cables conectados.
Un niño ingresado en un hospital. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Todo empezó con una caída de un trampolín. El niño se dio un golpe en el ojo, por lo que su madre, Michelle Bodzsar, le llevó corriendo al médico, que dijo que no se trataba de nada grave.

Los hechos sucedieron en Adelaida, en el sur de Australia. La madre salió de la consulta y le dijo a su marido, familia, amigos y al colegio que su hijo de seis años tenía un cáncer en el ojo. En concreto, tres tumores en el nervio óptico y ocho sesiones de quimioterapia por delante.

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Durante semanas, la vida del niño cambió por completo. Dejó de correr, de jugar, de comportarse como cualquier crío de su edad. Su madre se encargó de que así fuera.

Un engaño planeado y meticuloso

Para que nadie dudara, Michelle construyó una puesta en escena al milímetro. Le rapó la cabeza al niño, le colocó un parche en el ojo y lo sentó en una silla de ruedas.

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También le administró medicamentos que no necesitaba, obligándolo a tomarlos “incluso cuando claramente no quería”, según recogió después el juez en su resolución, a la que tuvo acceso 7NEWS. El nivel de manipulación fue tal que acabó convenciendo al propio niño de que estaba enfermo.

En paralelo, abrió una campaña de donaciones en redes sociales. Publicó fotografías del pequeño con la cabeza rapada y escribió mensajes que circularon ampliamente entre su entorno. “Es insoportable ver a mi hijo pasar por esto”, escribió en uno.

En otro añadía: “El tiempo pasa día y noche con gritos de angustia al tomar su medicina, y un calor indescriptible en el cuerpo”. La comunidad local respondió. La escuela privada del niño también. Entre mediados de noviembre y el 13 de diciembre de 2024, la campaña llegó a recaudar unos 6.400 euros destinados a pagar un tratamiento que no existía.

Una mujer arrodillada ayuda a un niño sentado en silla de ruedas con un ejercicio de brazo. El niño tiene una férula en el brazo izquierdo. Hay material de terapia en el suelo.
Una madre con su hijo con cáncer en silla de ruedas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Me siento como un peón”

Su marido, Ben Miller, creyó cada palabra durante meses. Michelle le había contado que una tomografía había revelado los tumores, que el tratamiento era urgente y que el tiempo apremiaba. Y, por supuesto, Miller no dudó.

Solo supo que su hijo no tenía cáncer cuando la policía llamó a su puerta y lo detuvo. En una declaración leída posteriormente ante el tribunal, escribió: “Tenía plena confianza en ti como mi esposa y nunca dudé. Ahora me siento como un peón en una partida de ajedrez, usado y luego desechado“.

Fuera de la sala fue más directo: “Ninguna condena puede justificar jamás lo que se les hizo a mis hijos”. Los cargos contra él fueron retirados en 2025 después de confirmarse que no tenía conocimiento del engaño.

La caída

La policía detectó inconsistencias en su relato y abrió una investigación. La conclusión no tardó en llegar: “El niño no está recibiendo ningún tratamiento médico”, declararon las autoridades en rueda de prensa.

Sin embargo, la enfermedad ficticia ya había causado “un grave daño psicológico” al menor y también a su hermano. Michelle fue arrestada en diciembre de 2024.

Inicialmente, enfrentó más de 60 cargos, entre ellos uno por negligencia criminal. Tras un acuerdo judicial, admitió un cargo por actos que causaron daño a su hijo y diez de engaño. El resto fueron retirados.

El 16 de octubre compareció por videoconferencia desde la prisión de mujeres de Adelaida. En la sala permaneció impasible durante toda la vista. Solo cuando el tribunal confirmó su declaración de culpabilidad se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.

Llega a España el tratamiento de inmunoterapia contra el cáncer que se administra con una inyección en solo 7 minutos.

Las deudas detrás del montaje

La defensa trató de contextualizar lo ocurrido. Según sus abogados, Michelle desarrolló una adicción al juego tras la pandemia y sumó deudas que no podía afrontar. Vivía por encima de sus posibilidades, obsesionada, según sus propias palabras, con “las últimas marcas”.

Sus defensores describieron lo sucedido como un “error de juicio monumental y grave” y señalaron que tenía diagnosticado un trastorno límite de la personalidad. Que intentaba, de forma “tontamente equivocada”, aliviar la situación económica de la familia.

Finalmente, el juez la condenó a cuatro años, tres meses y 20 días de prisión, con posibilidad para solicitar la libertad condicional tras cumplir dos años y cuatro meses.

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