
Buscar piso en algunas ciudades españolas es toda una travesía. La escasa oferta y la alta demanda convierten la misión de encontrar alojamiento en una cuestión casi imposible. Los anuncios en las plataformas de alquiler duran poco tiempo por la cantidad de candidatos que acuden a la llamada de una habitación disponible y, los que logran acceder a las entrevistas previas, se encuentran en ocasiones con realidades muy distintas a las publicadas, llegando incluso a plantearse la posibilidad de vivir en un convento, frente a una iglesia, compartiendo edificio con monjas de clausura.
Esto es lo que le ha sucedido a Marcela (nombre ficticio), una profesora de 27 años que se mudó en enero de 2026 a Madrid gracias a una bolsa de empleo que le ha dado plaza para enseñar inglés en un instituto de Carabanchel. La joven, proveniente de Jaén (Andalucía), había estado viviendo con sus familiares en el barrio de Chamberí, pero al regresar estos a Andalucía, ha comenzado la búsqueda de un nuevo alojamiento.
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“Vi el anuncio de un piso muy nuevo, reformado. Necesitaba mudarme cuanto antes y en este me daban facilidades para entrar inmediatamente. Era un piso ideal”, destacó a Infobae la profesora al encontrar en el portal Idealista el anuncio de una vivienda en el barrio madrileño de Gaztambide. En la propia publicación se puede ver que se trata de un alojamiento reformado, con suelo de parquet, paredes blancas, electrodomésticos nuevos, camas y muebles nuevos: “Era ideal, así que decidí apuntarme”.
Lo que no sabía Marcela era la ubicación del domicilio, ya que en las fotos del anuncio solo se veían las instalaciones interiores y en la descripción no se hacía alusión a su emplazamiento. “Estaba entusiasmada porque era el primer piso al que iba. Cuando llego a la zona, no veo ningún bloque. En la puerta vi un cartel que ponía ‘no somos monjas, no llames aquí’. Eso me impactó. No había ninguna puerta, ningún acceso”.
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Según la profesora, logró ver un portón. Dentro, la vivienda, ubicada en un bloque de varios pisos frente a una iglesia que estaba conectada por una pequeña escalinata: “Saludé y pregunté si era en ese edificio, que parecía un convento, y me dijeron que arriba vivían monjas y, en la parte de abajo, estaban haciendo un lavado de cara, reformando, para alquilar habitaciones a chicas”.
Toque de queda a partir de las 12:00 horas
En internet, el anuncio de la habitación se oferta como un piso de dos dormitorios “ideal para el estudio, porque da a un patio anexo a la calle, desde el que entra mucha luz pero muy poco ruido de coches o de la gente caminando” y se encuentra en “una de las zonas más demandadas por los estudiantes”.
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El precio del alquiler, que se ofrece solo a mujeres, con un rango de edad de entre 18 y 33 años, es de 720 euros al mes. Además, el anuncio especifica que está prohibido fumar y los gastos de suministros -85 euros- no se encuentran incluidos en el precio, por lo que el alquiler de la habitación sube hasta los 805 euros al mes.
Al llegar al lugar, la profesora descubrió nuevas condiciones que no aparecían en la publicación, como un toque de queda: “A las nueve el portero cierra la puerta. Te dan unas llaves por si llegas un poco más tarde, pero tienes que tener en cuenta que a esa hora se cierra el portón”. Marcela recuerda también que le dijeron que no podía pernoctar nadie en el domicilio “porque tuvieron una mala experiencia, vieron a un chico fumando sin camiseta y se escandalizaron. Dijeron que era un sitio para orar, por lo que querían tranquilidad”.
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Esta condición —que figura en el precontrato de alquiler pero no en el anuncio— fue determinante para la joven a la hora de rechazar la oferta de alojamiento. “Soy de Andalucía, y si viene alguien a visitarme tiene que buscarse un hotel porque no puede quedarse conmigo a dormir, porque las camas son individuales”, argumentó. Además, pese a ser un piso reformado, las dimensiones no eran precisamente confortables: “El cuarto de baño era una baldosa, había que hacer malabares para entrar al plato de ducha”.

Continúa la búsqueda de vivienda
La joven andaluza asegura llevar un mes buscando piso, lo que define como “una travesía”. No solo la habitación en el convento le ha parecido una oferta peculiar. La profesora ha señalado que visitó otro piso en el barrio de Goya, en el que la recibió “una señora de 80 años recién operada de los párpados con los ojos morados” que quería compartir la vivienda y que le pidió que se quitara los zapatos antes de entrar.
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Hasta el momento, la profesora residente en Madrid ha visitado más de 10 viviendas, poniéndose una semana de límite para encontrar un piso. Por el momento, vive en casa de una amiga y se ha planteado también salir del centro de Madrid y buscar alojamiento más lejos, pero debería desplazarse hasta dos horas para llegar a su puesto de trabajo.
Además, la joven reconoce que se ha planteado incluso regresar a Jaén, pero, si se marcha, al estar en una bolsa de trabajo, no la podrían llamar durante dos años. “El sueldo de Madrid es mucho más alto que en otras comunidades y te da la experiencia y puntos que otras no”, ha lamentado en alusión a la situación que atraviesa, muy común entre los jóvenes que llegan a Madrid y se enfrentan a la misión imposible de encontrar un alojamiento.
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