Tener hijos quita años: las aves que más gastan más energía en sus esfuerzos por reproducirse envejecen antes y viven menos, según un estudio

Nuevos hallazgos en biología evolutiva demuestran que el aumento del esfuerzo para reproducirse afecta a la longevidad

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Un macho de fragata negra con una bolsa gular roja inflada y alas extendidas frente a una hembra sobre rocas, con el mar y una isla al fondo bajo un cielo nublado.
Cortejo entre aves. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dedicar más energía a la reproducción reduce la esperanza de vida. Esta es la conclusión de un estudio internacional liderado por Barbara Tschirren, del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter, en colaboración con equipos de Suiza, Escocia, España y Alemania. El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B demuestra que las hembras de codorniz japonesa seleccionadas artificialmente para poner huevos más grandes tienen una esperanza de vida un 20% menor frente a aquellas de líneas de escaso esfuerzo reproductivo.

Estas aves vivieron una media de 595 días, frente a los 770 registrados en el grupo de menor esfuerzo reproductivo. El hallazgo, logrado tras cinco o seis generaciones de selección y bajo condiciones ambientales controladas, confirma experimentalmente que un mayor esfuerzo en la reproducción acorta la vida y respalda uno de los principios centrales de la biología evolutiva sobre el coste vital de la reproducción.

Tschirren ha explicado a Agencia SINC, un medio especializado en ciencia, que la elección de la codorniz japonesa responde a sus “tiempos de generación muy cortos”, lo que la convierte en “un modelo ideal para experimentos de selección artificial”. Además, la autora subraya que esta especie apenas realiza cuidados parentales tras la eclosión, de modo que la madre invierte casi exclusivamente en el tamaño y la calidad del huevo. Esto facilita medir directamente el impacto del esfuerzo reproductivo sobre la longevidad, ya que la mayor parte del coste energético se produce antes del nacimiento.

La investigación se ha basado en seleccionar y cruzar, durante varias generaciones, dos líneas genéticas con diferencias constantes en el tamaño medio de los huevos y, por tanto, en la inversión materna, replicando el experimento en dos grupos independientes y monitorizando toda la vida de los animales hasta su muerte. Las conclusiones experimentales apoyan la teoría del “trade-off” evolutivo entre inversión reproductiva y mantenimiento corporal. Tal como señala Tschirren en Agencia SINC, “todos los seres vivos tienen energía y recursos limitados, y se enfrentan a compromisos entre prioridades en competencia”.

Víctor García León, director de 'Altas capacidades', reflexiona sobre la tendencia de una generación de padres a proyectar sus propias frustraciones y sueños no cumplidos en sus hijos.

Qué implican estos resultados en humanos

El alcance de estos resultados supera el ámbito de las aves. Tschirren sostiene en Agencia SINC que “no hay razón para pensar que este tipo de relaciones entre coste y beneficio no exista en otros grupos biológicos, incluidos los humanos”. Como ejemplo, el equipo menciona un estudio publicado en 2025, que utilizó datos sobre la gran hambruna finlandesa y demostró que, en mujeres sometidas a desnutrición aguda durante la etapa reproductiva, cada hijo adicional se asocia a una reducción de alrededor de medio año de vida. En contraste, ese efecto no se observa en mujeres no expuestas a hambruna o que la sufrieron en otras etapas de su vida, lo que sugiere que el coste vital de la reproducción resulta especialmente llamativo bajo condiciones de adversidad ambiental o recursos limitados.

El equipo investigador señala que el próximo paso será analizar de forma específica el papel del sistema inmunitario en la relación entre esfuerzo reproductivo y longevidad, y evaluar si ciertas estrategias pueden contribuir a prolongar la vida saludable, tanto en animales como, potencialmente, en humanos.