Por esto eres más duro contigo mismo que con los demás, según una psicóloga

La terapeuta da las claves para tener un diálogo interno saludable y justo con uno mismo

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Mujer con camiseta azul clara se frota los ojos de pie frente al espejo en un baño iluminado.
Lo que hay detrás de tu autoexigencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Muchas personas se sorprenden al descubrir que, ante un error, su reacción interna suele ser mucho más dura que la que tendrían con cualquier otra persona. La psicóloga Jenice Webb, colaboradora habitual de Psychology Today, plantea que esta diferencia en el trato es intencionada y relevante. Webb señala que la mayoría de la gente jamás le hablaría a un amigo como lo hace consigo misma en momentos de equivocación.

El ejemplo que explica la terapeuta lo demuestra con claridad. Trish, apurada para llegar a una reunión, destroza el buzón de su casa y abolla el coche. Cuando llama a una amiga, se insulta: “¡Qué tonta soy! ¡Qué idiota!”. Si la situación fuera al revés, la respuesta habitual sería de empatía y comprensión: “No seas tan dura contigo misma, todo el mundo comete errores”. Sin embargo, la autocrítica de Trish se vuelve despiadada, un patrón que se repite en muchas personas.

Este contraste entre la compasión hacia los demás y la dureza hacia uno mismo tiene consecuencias en la autoestima y las relaciones personales, según explica Webb. La psicóloga destaca que el daño de estos mensajes internos es real y profundo: “Imagina el daño que estos comentarios le harían a tu amigo o pareja, y a tu relación con ellos. Ese es el daño que te haces a ti mismo cuando te dices estas cosas”.

Por qué es tan común la autocrítica

Según Jenice Webb, la autocrítica severa se arraiga en la infancia, especialmente en quienes crecieron en entornos donde las emociones y los errores eran ignorados o penalizados. Para la autora, la mala gestión emocional infantil deja una huella en la voz interna, que se vuelve rígida y poco compasiva porque nunca aprendió otro modelo de respuesta.

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Esto sucede, explica Webb, cuando “fuiste criado por un padre que te ignoraba a ti y/o a tus errores”, lo que impide interiorizar una voz adulta que combine responsabilidad con comprensión. La persona termina replicando ese trato consigo misma, asociando error con falta de valor personal y formulando frases como “soy más un problema que una ayuda” o “soy una mala persona”, mensajes que jamás dirigiría a alguien a quien aprecia.

Webb insiste en distinguir entre asumir responsabilidad y caer en la autoculpabilización. Asumir un error implica reconocerlo y buscar cómo evitarlo en el futuro, pero no implica catalogarse como incapaz o indigno. “Responsabilidad y culpa no son lo mismo”, subraya la psicóloga. Esta confusión alimenta el ciclo de autocrítica y dificulta el aprendizaje constructivo tras los errores.

Cómo puedes cambiar el diálogo interno

Jenice Webb propone un concepto clave para romper este ciclo: la responsabilidad compasiva. Se trata de “asumir la responsabilidad de tu error y, al mismo tiempo, tener compasión por ti mismo”. Según la psicóloga, este aprendizaje suele transmitirse en la infancia por figuras adultas que reaccionan ante los errores de los hijos con calma y acompañamiento.

Webb ejemplifica el diálogo de una madre comprensiva: “Todos cometemos errores alguna vez. Analicemos qué hiciste mal y cómo evitar que vuelva a suceder. Aprendamos de este error. Luego, dejémoslo atrás y sigamos adelante”. Este tipo de respuesta enseña que los errores no definen a la persona ni determinan su valor. Permite aprender sin cargar con el peso de la culpa.

Las autoridades piden a los ciudadanos buscar ayuda para evitar tragedias - crédito Freepik
Cómo ser menos duro con uno mismo. (Freepik)

Para quienes no recibieron ese modelo en la infancia, Webb sugiere estrategias prácticas. El primer paso es tomar conciencia de los comentarios negativos que se formulan de manera automática. Recomienda anotarlos y así reconocer el patrón. Luego, invita a preguntarse: “¿Qué le diría a un amigo que estuviera en mi lugar?”. Tras identificar el error, conviene analizarlo para extraer un aprendizaje y después dejarlo atrás, sin recrearse en la culpa.

La psicóloga insiste en que la autocompasión no implica excusar los errores, sino tratarlos con honestidad y amabilidad. Así, la responsabilidad compasiva permite avanzar y construir una voz interna más justa y saludable.