
En la sanidad madrileña, la privatización de servicios se viste como modernidad y eficiencia de los recursos. El hospital público de Getafe, que atiende a 242.700 vecinos, ha decidido externalizar el servicio de anestesia previo a una operación quirúrgica o a una prueba que requiere sedación. En la mayoría de los centros sanitarios, un facultativo llama al paciente que va a necesitar anestesia para informarle de las condiciones y aclarar todas las dudas. El de Getafe acaba de contratar a la empresa Tucuvi Care para que su asistente de IA, llamado LOLA, gestione el servicio de consulta telefónica con estos pacientes.
“LOLA interactúa con los pacientes para recopilar datos clínicos. Mantiene conversaciones similares a las humanas en cualquier idioma y tiene la capacidad de detectar signos sutiles de deterioro de la salud”, explica la empresa. Tucuvi fue fundada por María González Manso, de 31 años, un referente en el sector del emprendimiento tecnológico y la salud digital. Ingeniera biomédica de formación, creó esta ‘startup’ con su socio Marcos Rubio para intentar cambiar las reglas del juego en el seguimiento de pacientes crónicos gracias a la inteligencia artificial conversacional. El Gobierno regional que preside Isabel Díaz Ayuso va a pagar 45.000 euros por este servicio.
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“El aumento en la actividad quirúrgica y de pruebas complementarias con sedación, así como la necesidad de optimizar los recursos disponibles en los hospitales, requieren una reorganización eficiente de la consulta preanestésica”, explican desde el Hospital Universitario de Getafe, donde se realizan aproximadamente unas 15.400 intervenciones anuales y 9.167 procedimientos con sedación, con una estructura de consulta preanestésica basada exclusivamente en anestesistas. “Este modelo genera una elevada carga asistencial y limita la disponibilidad de los especialistas para otras actividades críticas, como la actividad quirúrgica y la sedación”.

Para mejorar la eficiencia del circuito preanestésico, el hospital de Getafe optó por la implantación de un sistema de Inteligencia Artificial (IA) que automatice la fase inicial de evaluación de los pacientes. La IA se encargará de realizar una primera clasificación de riesgo anestésico (ASA I, II y III) mediante entrevistas automatizadas, que posteriormente serán validadas por un profesional sanitario. “Esto permitirá una distribución más eficiente de los recursos y una optimización del proceso preanestésico”, insisten desde Sanidad.
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Para Sanidad, todo son ventajas
Desde el centro aseguran que todos son ventajas: se reducen los tiempos de espera preanestésica mediante la automatización de la primera; se mejora la accesibilidad de los pacientes a la intervención quirúrgica; hay menos carga de trabajo para los anestesistas, que pueden ampliar su tiempo para actividades críticas; aumentan las cirugías y pruebas a realizar; hay una identificación temprana de pacientes con necesidades complejas; mejora la atención; se reducen las listas de espera; y se reducen los desplazamientos de los pacientes.
El número de consultas telefónicas que se prevé realizar con este contrato es de 10.900, correspondiente al número de pacientes quirúrgicos del Hospital de Getafe, excluyendo al servicio de oftalmología. “El asistente virtual deberá mantener una conversación empática y con fluidez natural. Se debe permitir al usuario expresarse libremente, sin necesidad de seguir una conversación rígida, mediante el uso de tecnologías de comprensión de lenguaje natural. El sistema deberá ser capaz de reformular, confirmar, clarificar y adaptar su discurso según el nivel de comprensión del usuario. Deberá estar preparado para gestionar interrupciones, repeticiones, silencios o pausas largas sin interrumpir la conversación”, señalan las condiciones del contrato.
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Según un estudio hecho por la misma empresa en la Fundación Jiménez Díaz, del Grupo Quirón, con el uso de IA se pueden ahorrar seis días de trabajo de anestesista al mes, para dedicarlos a otras funciones médicas. “Sistemas como el LOLA de Tucuvi se utilizan para automatizar tareas repetitivas y de bajo valor clínico, como llamadas de seguimiento o recogida estructurada de información preoperatoria”. Lo cierto es que este sistema cumple la regulación sanitaria y está diseñado para integrarse en procesos clínicos reales. Habrá que ver con el paso de los meses si los objetivos propuestos se han cumplido y no empeora la atención que recibe el paciente. Y, sobre todo, no reduce la plantilla del centro.
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