
Viktor Orbán ha sido primer ministro de Hungría durante 16 años seguidos. Un total de veinte años —incluyendo su primer mandato, entre 1998 y 2002— de democracia iliberal húngara al frente de Fidesz. Ahora, sin embargo, de entre las filas de su propio partido ha surgido quien, según las encuestas, podría acabar expulsándole del Parlamento.
Péter Magyar era un miembro más bien desconocido de Fidesz hasta febrero de 2024, cuando difundió un audio en el que Judit Varga, su entonces esposa y ministra de Justicia, explicaba la injerencia del Gobierno en un caso de corrupción. Cuando Varga y Katalin Novák —entonces presidenta del país— se vieron forzadas a dimitir por un escándalo relacionado con un indulto que Novák otorgó a una persona condenada por encubrir abusos infantiles, Magyar publicó el audio y denunció la corrupción del partido. Dos años después, el impulso que le supuso esta trama le ha llevado a superar a Orbán en las encuestas independientes realizadas de cara a las elecciones de este domingo, 12 de abril.
Más allá de lo que podría suponer para Hungría –después de tres lustros de Fidesz–, en la Unión Europea también hay mucha expectación por estos comicios, ya que Orbán ha encarnado la perspectiva no anti-rusa dentro del bloque desde que la invasión de Ucrania desvencijó las relaciones político-económicas con Rusia.
Orbán veta sanciones y préstamos a Ucrania
El 23 de febrero de este año, un ataque ucraniano con drones impactó contra una estación de bombeo rusa que abastecía el oleoducto Druzhba, que a su vez proporciona crudo a países de Europa del Este, principalmente a Hungría y Eslovaquia. El flujo de petróleo por este canal llevaba suspendido desde enero, y esto ya había supuesto un enfrentamiento de ambos países contra Ucrania por considerarlo un “chantaje político” relacionado con el rechazo húngaro y eslovaco a una posible incorporación de Ucrania a la Unión Europea.
Como respuesta a esto, Hungría vetó un nuevo paquete de sanciones contra Rusia —habría sido el vigésimo, de haberse aprobado— y el préstamo de 90.000 millones de euros que la UE había acordado conceder a Ucrania en diciembre de 2025, lo que llevó al bloque a volver a poner sobre la mesa lo que Kaja Kallas llama “plan A”: destinar en su lugar los intereses generados por los activos rusos congelados.
“No habrá dinero” mientras no se restablezcan los flujos energéticos, ha dicho Orbán al respecto. A finales de marzo se pronunció de nuevo: “Nos gustaría recibir de los ucranianos el crudo que es nuestro y que están bloqueando. No apoyaré aquí ninguna decisión que sea favorable para Ucrania (mientras) los húngaros no recibamos el crudo que nos pertenece”. Ucrania, que asegura que el oleoducto ha sido dañado por Rusia, se ha comprometido de todas maneras a encargarse de su reconstrucción. Orbán considera que los esfuerzos de reparación se están ralentizando deliberadamente.
Magyar no se ha pronunciado sobre el préstamo a Ucrania bloqueado por Orbán
El desencuentro húngaro-europeo no se limita a la cuestión rusa: bajo el mandato de Orbán, Hungría ha rechazado participar en el establecimiento de una política común de asilo migratorio, en un mecanismo de defensa compartida o en la adopción de las renovables para la consecución de una autonomía energética, por poner algunos ejemplos.
Pero lo cierto es que Orbán lleva 16 años ganando elecciones porque representa a gran parte de la población de su país, por lo que lo más probable es que la línea de Magyar, por delante en las encuestas, no diste demasiado de la de Fidesz en la mayoría de aspectos. De hecho, su campaña se ha centrado en acusar de corrupción al primer ministro y no en una agenda política concreta más allá de sacarle del Parlamento. Lo principal, en este asunto, es que es más proeuropeo que Orbán.
Según su propio manifiesto, publicado a principios de febrero, el partido de Magyar “elige Europa”, además de comprometerse a restablecer la confianza de los aliados de la UE y la OTAN con Hungría y apostar por su adhesión a la eurozona antes de 2030. No dice, sin embargo, gran cosa sobre Ucrania, más allá de expresar una oposición a que Ucrania se adhiera a la UE con demasiada prisa; y el propio Magyar ha dicho en varias ocasiones que no revertiría la política húngara actual de no brindar apoyo a Ucrania. También rechaza el pacto europeo de migración y asilo, y aunque sí expresa una intención de reducir su dependencia de Rusia, proyecta este objetivo para dentro de diez años, muy lejos del objetivo europeo para 2027.
Magyar no se ha pronunciado al respecto del último bloqueo de Orbán, pero en Bruselas se espera que el veto al préstamo dure, como mínimo, hasta después de las elecciones, pierda o no el actual primer ministro. La Comisión Europea está dejando a punto todos los mecanismos para que los pagos del préstamo empiecen a hacerse cuanto antes, porque el último obstáculo antes de poder aprobar los pagos es este veto húngaro. Si después de las elecciones el veto se levanta, el primer pago podría llegar a Ucrania en pocos días. Si, por el contrario, el bloqueo persiste, Ucrania podría quedarse sin ayuda externa a mediados de mayo, viéndose obligada a recortar servicios públicos esenciales.
Moscú y Washington arropan a Orbán, pero la UE prefiere a Magyar
En la recta final de la campaña húngara, Hungría se ha convertido en escenario de un consenso —cada vez menor— inusual entre Moscú y Washington, ambos alineados en su respaldo a Viktor Orbán y sus críticas a la Unión Europea. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, declaró que “a muchas fuerzas en Europa, a muchas fuerzas en Bruselas no les gustaría que Orbán volviera a ganar las elecciones” y acusó a la UE de favorecer a los rivales del primer ministro, a raíz de la filtración de una conversación entre Orbán y Vladímir Putin, recogida por Bloomberg. Peskov describió a Orbán como “un político muy eficaz... alguien que defiende específicamente los intereses de su propio país”.
Desde Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance, durante su visita a Budapest del martes 7 de abril, denunció una supuesta injerencia de la UE en los comicios, calificándola de “realmente vergonzosa”. Vance aseguró que su presencia en Hungría tenía como objetivo “ayudar en esta campaña”, aunque matizó que Estados Unidos “trabajará con quien gane estas elecciones”. En un mitin junto a Orbán, pidió a los húngaros que no escuchen a “los burócratas de Bruselas”.
El jueves 10, el propio Trump pedía el voto para el primer ministro en un mensaje publicado en su red Truth Social. “Me sentí orgulloso de respaldar a Viktor para su reelección en 2022, y me siento honrado de hacerlo nuevamente”, recordaba, antes de hacer un llamamiento explícito: “¡Salgan a votar por Viktor Orbán! Él es un verdadero amigo, un luchador y un ganador, y cuenta con mi respaldo completo y total para su reelección como primer ministro de Hungría. ¡Viktor Orbán nunca defraudará al gran pueblo de Hungría! ¡Estoy con él hasta el final!”, reza su publicación.

Hungría es, según el think tank EU Matrix, el país que más veces ha bloqueado decisiones mayoritarias de la UE en la última década. Legisladores europeos consultados por Euronews creen que una derrota de Orbán aliviaría las tensiones internas del bloque, especialmente tras las revelaciones sobre los contactos del ministro de Exteriores húngaro con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov.
Orbán, por su parte, acusa a la Unión Europea de debilitar la economía y la seguridad energética de Hungría: “Los de Bruselas están intentando debilitar a Hungría, nuestra economía y nuestra seguridad energética. El gobierno patriótico de Hungría no lo permitirá”, escribió en X. Mientras tanto, Péter Magyar, su principal rival, atribuye a Rusia intentos de interferencia electoral, una acusación rechazada por Moscú. Estas acusaciones cruzadas dibujan una campaña en Hungría que parece enfrentar al candidato “de” la UE y al “de” Rusia y EEUU.
En Bruselas, la mayoría de los grupos parlamentarios han mostrado su preferencia por Péter Magyar, líder del partido Tisza, y ven en él una oportunidad para desbloquear la agenda europea. Según encuestas citadas por Euronews, más de tres cuartas partes del Parlamento Europeo se posicionan en contra de Orbán.
La crítica a Orbán en la Eurocámara es transversal. El eurodiputado alemán Daniel Freund (del grupo de Los Verdes/ALE, de centroizquierda) afirma que “Orbán lleva mucho tiempo actuando como el hombre de Putin dentro de la UE. Sus constantes vetos y maniobras políticas están minando la seguridad europea”.
La presidenta del grupo Renovar Europe, Valérie Hayer, considera que “las próximas elecciones son decisivas, un impulso de ruptura para volver a una democracia libre y pluralista”. Y la eurodiputada socialista francesa Chloé Ridel ha declarado: “En un mundo ideal, me gustaría ver a mi colega socialista Klára Dobrev al frente de Hungría. Pero ahora la prioridad es deshacerse de un régimen corrupto, y por tanto echar a Orbán”. El avance de Magyar ha transformado la oposición en Hungría y ha propiciado que partidos socialistas y liberales decidan retirar sus candidaturas, llamando al voto útil.
Mientras tanto, Orbán sigue contando con el respaldo de líderes nacionalistas europeos como Santiago Abascal, Marine Le Pen y Matteo Salvini, así como de grupos de derecha en el Parlamento Europeo. Fidesz, su partido, forma parte de Patriotas por Europa y mantiene el apoyo de más de un centenar de eurodiputados. También recibe respaldo de Europa de las Naciones Soberanas y otras formaciones afines por su política migratoria y su discurso crítico con la UE.
El análisis de Chatham House subraya que el resultado de estas elecciones tendrá un impacto directo en la dinámica interna de la Unión Europea. El think tank destaca que una victoria de Magyar podría facilitar una relación más fluida con Bruselas, pero advierte que no supondría una ruptura inmediata con Moscú o ningún otro cambio drástico de la noche a la mañana. La dependencia energética de Hungría respecto a Rusia, tanto en tecnología nuclear como en suministro de gas, y la necesidad de inversiones a largo plazo para diversificar fuentes limitan el margen de maniobra de cualquier gobierno en el corto plazo. Por eso, las expectativas en Bruselas apuntan a una transición gradual hacia una política exterior y energética más alineada con los intereses de la UE.
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