
Jennifer Pacheco no esperaba ver su nombre entre las 101 personas seleccionadas para acceder a una de las viviendas de alquiler asequible impulsadas por la Cooperativa Obrera de Viviendas (COV), en colaboración con el Ayuntamiento del Prat de Llobregat, en Barcelona. Fue una amiga quien le habló del proyecto y la animó a inscribirse pese a su escepticismo. “A mí nunca me toca nada”, se recordaba a sí misma, pero el día del sorteo su suerte cambió y su número apareció en la pantalla. “No me lo podía creer. Ahí fue cuando me di cuenta de que me había tocado la lotería”, relata. Con un salario limitado y sin opciones reales de comprar o alquilar en una provincia donde los precios se han disparado, la adjudicación de esta vivienda ha marcado un antes y un después en su vida.
“Estoy muy contenta de ser una de las afortunadas porque, tal y como están los precios y en mi situación, era imposible plantearme comprar o alquilar”, cuenta esta mujer de 49 años a Infobae, que recibió las llaves de su nuevo hogar el pasado 31 de enero, al igual que el resto de residentes de este proyecto. Separada y madre de un adolescente, le fue imposible pagar un alquiler sola y tuvo que mudarse con su madre. Ahora con la cooperativa, dice aliviada, su situación ha dado un giro, ya que puede afrontar los 600 euros que paga cada mes por un piso de dos habitaciones. “Aquí los precios son asequibles y no todo el mundo puede estrenar un piso en estas condiciones. La cooperativa me ha dado luz”, asegura.
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En los pisos de tres habitaciones el alquiler ronda los 700 euros de media y sube hasta los 800 en los de cuatro.

El proyecto, situado en el pasaje de Rosa Sensat en El Prat de Llobregat, es la mayor iniciativa de este tipo en Cataluña gestionada íntegramente por una cooperativa. El complejo ocupa un terreno público de unos 3.300 metros cuadrados que ha sido cedido por el Ayuntamiento de la localidad y ha contado con un presupuesto de unos 18 millones de euros. Los 101 pisos, que van de uno a cuatro dormitorios, tienen calificación energética A gracias a la aerotermia, el aislamiento térmico y la ventilación cruzada, además de que el proyecto incluye amplias terrazas y zonas comunes destinadas a fomentar la convivencia entre vecinos.
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La entidad conserva siempre la titularidad de los pisos, lo que ”impide la especulación inmobiliaria y descarta la compraventa o la imposición de cláusulas abusivas", de forma que las viviendas se reservan únicamente para los socios, con precios accesibles y estables, explica Antonio Pedrero, presidente de esta cooperativa.
“En los proyectos de la COV se promueve vivienda a precio de coste, tal y como recoge la Ley de Cooperativas de Cataluña. Se eliminan el beneficio del promotor privado y los procesos especulativos, blindando el patrimonio inmobiliario comunitario para que cumpla exclusivamente una función social a perpetuidad”, añade Pedrero. Entre los residentes hay familias con hijos, jóvenes que buscan emanciparse, personas mayores, familias monomarentales como la de Jennifer o personas con discapacidad, una diversidad que “fortalece la convivencia y enriquece la vida comunitaria”, asegura.
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Cuánto dinero han aportado los residentes
Para acceder a estas viviendas se ha exigido a los residentes una aportación única de 160 euros al capital social del proyecto. A diferencia de otros modelos de cooperativas, donde se requieren desembolsos iniciales de entre 20.000 y 50.000 euros, esta fórmula “permite que familias con ingresos bajos o sin capacidad de ahorro puedan acceder a una vivienda”, afirma Pedrero, que explica que el alquiler se sitúa “entre un 30% y un 40% por debajo del mercado y, en el caso de viviendas protegidas, hasta un 50%, ya que se calculan según los módulos regulados por la Agència d’Habitatge de Catalunya.
Esta alternativa cobra mayor relevancia frente al encarecimiento del mercado inmobiliario. En Barcelona, el precio de la vivienda es ahora un 5,5% más alto que el máximo registrado durante la burbuja inmobiliaria, según datos del Colegio Notarial de Cataluña. En 2025, el precio medio llegó a 4.587 euros por metro cuadrado, un 10,8% más que en 2024 y por encima del nivel de 2007. En el resto de la región, aunque aún no se superan los récords previos a la crisis financiera, los precios han subido un 70% desde 2013 y se sitúan en 2.628 euros por metro cuadrado.
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Barcelona también lidera el ranking de alquileres más caros, con 23 euros por metro cuadrado, por lo que un piso de 80 metros alcanza los 1.840 euros mensuales.

Un modelo alternativo que gana protagonismo
En este contexto, el modelo cooperativo gestionado por la COV ofrece una respuesta diferente. Si un socio deja su vivienda, la cooperativa la asigna a la siguiente persona en la lista de espera, respetando siempre las mismas condiciones. Las subidas de la cuota solo se aplican si hay actualizaciones del módulo de alquiler o ajustes por el IPC.
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“El alquiler cooperativo tiene un alto potencial para mejorar el acceso a la vivienda, especialmente si se incorpora en las políticas urbanísticas locales”, señala Pedrero, que también advierte que para que este modelo pueda extenderse es clave “fomentar la colaboración entre administraciones públicas y cooperativas”, mediante medidas como la cesión de suelo en derecho de superficie. “El refuerzo de líneas de financiación y la concesión de subvenciones a fondo perdido permitirían crear un parque de viviendas de alquiler protegido y permanente, capaz de funcionar como regulador natural de los precios en el mercado”, concluye.
Un portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid denuncia la crisis de la vivienda, calificándola de 'problema estructural'. Advierte a los fondos buitre que se organizarán para resistir y detalla las exigencias del colectivo: bajada del 50% de los alquileres, contratos indefinidos y recuperación de viviendas vacías.
En Cataluña, sobre todo en Barcelona, se han impulsado en los últimos años proyectos de cooperativas de vivienda mediante la cesión de suelo público, dentro de programas para facilitar el acceso a la vivienda, pero este tipo de iniciativas todavía no son muy conocidas entre la población, ni en esta región ni en el resto de España, a pesar de que el modelo ya acumula más de una década y ha ganado protagonismo en este último tiempo. En otros países como Holanda, Austria, Suiza, Uruguay o Canadá, el modelo cooperativo cuenta con una trayectoria mucho más amplia, lo que ayuda a rebajar el precio de la vivienda.
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