Cooperativas de vivienda para mayores, una alternativa para envejecer con autonomía pero no apta para todos los bolsillos

En Torremocha del Jarama, Madrid, existe un proyecto de vivienda colaborativa senior donde residen unas 80 personas. La iniciativa, que lleva funcionando 11 años, surgió de un grupo de amigos que no querían envejecer en un geriátrico

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Antonio Zugasti, de 91 años, reside en una cooperativa de viviendas para mayores en la sierra norte de Madrid. (Cedida a Infobae)
Antonio Zugasti, de 91 años, reside en una cooperativa de viviendas para mayores en la sierra norte de Madrid. (Cedida a Infobae)

A medida que Antonio Zugasti se iba acercando a la tercera edad, tenía claro que no quería “ser una carga para sus hijos” ni terminar en un geriátrico, anhelos que compartía con su grupo de amigos de Vallecas. “Siempre decíamos que éramos demasiado pobres para ir a una residencia de ancianos privada y demasiado ricos para que nos dieran una plaza en una pública”. Y así, hace ya más de 20 años, fue cómo empezaron a planear otra forma de envejecer, una opción que les permitiera vivir en comunidad sin perder independencia. Así es como nació en 2002 Trabensol, una cooperativa de mayores pionera en España.

Una vez decidido el modelo residencial que mejor se adaptaba a sus necesidades, los socios fundadores del proyecto comenzaron a buscar terreno para convertir ese sueño en realidad, una ardua tarea en medio de la burbuja inmobiliaria que les llevó casi una década, cuenta Antonio a Infobae España, pues no era fácil hablar entonces de cohousing o viviendas colaborativas para mayores a los ayuntamientos de las localidades que visitaban, si bien finalmente encontraron un lugar en Torremocha del Jarama, en la sierra de Madrid, cuyo Consistorio “siempre estuvo dispuesto a colaborar”. Fue en 2011 cuando pusieron la primera piedra y, dos años después, comenzaron a vivir allí.

“No es una residencia al uso, nosotros decidimos qué hacer”, dice orgulloso este usuario de 91 años, el más longevo de esta cooperativa cuyo pilar son las comisiones de trabajo, pues todos los residentes forman parte de alguna de ellas para hacer posible que el proyecto funcione.

Trabensol es una cooperativa de viviendas para mayores ubicada en la sierra norte de Madrid. (Trabensol)
Trabensol es una cooperativa de viviendas para mayores ubicada en la sierra norte de Madrid. (Trabensol)

El complejo, una construcción de 6.000 metros cuadrados, cuenta con 54 apartamentos adaptados de 50 metros con una habitación amplia, salón, cocina americana y una pequeña terraza donde viven un total de 84 personas. “Tenemos personal contratado que nos cocina todos los días y servicio de limpieza una vez a la semana en cada casa. También contamos un servicio de lavandería que nos recoge la ropa dos días y luego entre jueves y viernes nos la devuelven ya limpia y planchada”, explica Juan Imedio, miembro de Trabensol. También disponen de un servicio de atención a la dependencia atendido por personal especializado para las personas que lo necesiten (de hecho, son varios los residentes que actualmente lo están utilizando). Además del comedor, el complejo cuenta con salas comunes, biblioteca, gimnasio, trasteros, jardines y una huerta.

Algunos de los requisitos

En los últimos años, señala Imedio, la situación ha cambiado “y ahora hay muchos ayuntamientos que se están dando cuenta de que estos proyectos son una buena solución” para vivir la tercera edad de forma más independiente y más cercana a la comunidad. “Nosotros nos implicamos en la gestión, hacemos que esto sea viable y sostenible”, añade. En su caso, fue durante la pandemia, ya a punto de jubilarse, cuando decidió que la cooperativa de viviendas para mayores era el lugar donde quería envejecer junto a su mujer. “Empezamos a buscar proyectos en España que fueran diferentes a las residencias de mayores convencionales y Trabensol nos gustó, estaba dentro de nuestra idea de envejecimiento”.

Para acceder a las viviendas de esta cooperativa, hay dos requisitos importantes. El primero es aportar 150.000 euros por persona, una cantidad que se devuelve prácticamente en su totalidad si la persona decide marcharse o que recibirán sus herederos si muere allí. Lo que no se puede hacer en ningún caso es comprar o vender el inmueble. A esto hay que añadirle una cuota mensual de 1.500 euros por pareja -o 1.300 para personas solas- con la que se cubre la comida, la luz, el agua y otras actividades como los talleres. El segundo requisito es tener entre 50 y 70 años.

Este tipo de cooperativas de vivienda para mayores nació en Dinamarca en los años 60 y fue popularizándose en los países nórdicos, al igual que ocurrió en los 80 en Estados Unidos y Canadá. A España llegó años más tarde y, aunque actualmente existen más de una decena de iniciativas de vivienda colaborativa para personas mayores, aún es una opción poco extendida y no muchas personas se lo pueden permitir económicamente.

La sala de juegos de Trabensol. (Trabensol)
La sala de juegos de Trabensol. (Trabensol)

Transformar el modelo de cuidados

Precisamente con el objetivo de que un mayor número de personas pueda acceder a opciones más personalizadas en su hogar cuando llega a la tercera edad, el Gobierno aprobó la semana pasada una estrategia con la que pretende transformar el modelo de cuidados. El objetivo es dejar atrás un sistema “basado en entornos institucionalizados”, en la cultura asistencialista, para avanzar hacia un “enfoque comunitario” donde las personas puedan elegir “dónde, cómo y con quién vivir”, según fuentes del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 que dirige Pablo Bustinduy.

“El futuro no pasa por construir más macrorresidencias, sino por poner los recursos necesarios para que la gente pueda vivir en su barrio o en su pueblo con sus seres queridos todo el tiempo que sea necesario. Se trata de un sistema más personalizado con herramientas como la teleasistencia, centros de día y recursos para favorecer una vida autónoma”, dijo el pasado martes Bustinduy en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, al tiempo que destacó que las comunidades autónomas juegan un papel fundamental en este nuevo plan, dotado inicialmente con 1.300 millones de euros. No obstante, desde el propio Ministerio reconocen que transformar el modelo de cuidados no será una tarea sencilla, pues requiere “un cambio de mentalidad, quizás incluso décadas”.

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La nueva estrategia estatal no solo tiene como objetivo fomentar los cuidados a domicilio para personas mayores, sino también para personas con discapacidad que sean dependientes, así como para las personas sin hogar y menores migrantes.

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