
Perdonar a la pareja implica dejar de utilizar los errores del pasado como arma en las discusiones. No siempre es sencillo, pero la alternativa solo supone un desgaste constante que puede acabar con la relación. Lo explica Fran Sánchez, psicólogo que divulga sobre salud mental a través de sus redes sociales (@minddtaalk), en una de sus últimas publicaciones. “Si le dices a tu pareja que le perdonas por un error que cometió, pero sigues sacando ese fallo constantemente, cuidado, porque esto puede deteriorar muchísimo la relación”, advierte.
“Ha ocurrido algo en la relación: el otro se ha equivocado, lo ha reconocido, se ha disculpado y ha tratado de enmendarlo, y tú, en teoría, le has perdonado, pero en la práctica no, porque cada vez que hay un conflicto por cualquier otro motivo, aquello que sucedió vuelve a salir”, expone como ejemplo. Tras esto, casi cualquier pelea acaba en reproche: “Ahora me vas a venir con estas después de lo que tú hiciste”; “con lo que pasó, lo mínimo sería que hicieses lo que haga falta sin que tenga ni que pedírtelo”; “después de lo que tú hiciste, no estás en posición de pedir ni de decir nada”.
Para el psicólogo, las consecuencias son evidentes. Cuando, tras un conflicto, uno vuelve a sacar el pasado, la pareja “empieza a vivir en una especie de deuda constante, como si tuviera que compensar algo todo el tiempo, como si nunca fuera suficiente, como si nunca fuese a terminar de reparar lo que hizo”. Este mecanismo, según Sánchez, genera una sensación de desigualdad y culpa que permanece.
Qué implica el verdadero perdón en una relación de pareja
El hecho de seguir recordando un error pese a haber anunciado el perdón tiene efectos muy concretos: “El otro empieza a ir con un cuidado extremo, a medirse constantemente, a no sentirse libre, a sentir que hay una desigualdad que nunca se va a equilibrar y a sentir que ese error le va a perseguir por siempre.” El especialista insiste en que esta dinámica mantiene a la persona que cometió el fallo en un rol fijo: “El otro entiende que en realidad no ha sido así y entonces queda atrapado en un rol muy concreto, el de la persona que falló. Y construir una relación desde ahí no es algo sostenible”. ¿Qué se debe hacer entonces?
El código de conducta que plantea el psicólogo se resume en una diferenciación clara. Quedarse en un punto intermedio —ni perdonar ni marcharse— solo alimenta el resentimiento y la culpa persistente en la relación. Por ello, “si decides perdonar, tiene que haber un momento en el que eso deje de usarse. Y si no puedes hacerlo porque lo que pasó te supera, es más que válido, pero hay que ser honesto".
En este caso, la verdad debe ir siempre por delante. “Esto no significa hacer como si no hubiera pasado, si algo te sigue afectando, hay que hablarlo, pero desde otro lugar, desde el equipo y desde el entender qué necesitáis para repararlo, no desde el reproche, el ataque o el ‘lo saco cuando me conviene’”.
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