“No veo nada malo en la eutanasia”: una mujer tetrapléjica consigue el suicidio asistido con una máquina que ‘lee’ los ojos

La eutanasia está prohibida en Italia y el juez ordenó al CNR construir una máquina para que pudiera aplicarse ella misma la inyección letal

Guardar
Cómo afecta que un ser querido solicite la eutanasia (Canva)
Una persona mayor recibiendo la eutanasia. (Canva)

Una mujer de 55 años murió el pasado 25 de marzo en su domicilio de Toscana (Italia) mediante suicidio asistido. Lo hizo activando con los ojos una máquina diseñada específicamente para ella por el Consejo Nacional de Investigación (CNR). Se convirtió en la decimocuarta persona en acceder a este procedimiento y la primera del mundo en hacerlo con este método controlado únicamente por la mirada.

La mujer padecía esclerosis múltiple desde 2007. La enfermedad la había dejado tetrapléjica, sin capacidad de mover ninguna extremidad. Detrás de su muerte hay más de dos años de batalla judicial y un vacío legal que el Parlamento lleva años sin resolver.

En marzo de 2024, la italiana solicitó a la autoridad sanitaria de Toscana acceso al suicidio asistido médicamente. Cumplía los cuatro requisitos exigidos: enfermedad irreversible, sufrimiento intenso, dependencia de tratamientos para seguir viva y plan capacidad de decisión.

Sin embargo, su solicitud fue denegada por una razón concreta: no podía administrarse el fármaco por sí misma debido a su parálisis total. Y es aquí donde reside la clave del caso. En Italia, la eutanasia está prohibida, ya que interviene un tercero. En cambio, el suicidio asistido se puede autorizar bajo condiciones muy estrictas y una de ellas es que el propio paciente se inyecte el medicamento letal.

Una mujer agarra las manos de una paciente terminal en el hospital. (Freepik)
Una mujer agarra las manos de una paciente terminal en el hospital. (Freepik)

Dos años de recursos y negativas

A partir de ahí comenzó un largo recorrido judicial. El caso llegó hasta el Tribunal Constitucional, que reafirmó la prohibición de la eutanasia, pero abrió la puerta a explorar soluciones técnicas. En febrero de 2025, sus abogados solicitaron con urgencia una bomba de infusión activable por voz o mediante instrumentos bucales. Sin embargo, se volvió a negar.

Fue entonces cuando el juez que llevaba el caso consultó directamente a un ingeniero del CNR. El 20 de noviembre de 2025, el Tribunal de Florencia ordenó al organismo que fabricara el dispositivo. Los costes correrían a cargo de la sanidad pública regional.

Un paciente recibiendo la eutanasia (Freepik)
Un paciente recibiendo la eutanasia (Freepik)

La orden de los ojos

El CNR desarrolló un sistema de seguimiento ocular a una bomba de infusión intravenosa. El dispositivo detectaba el movimiento de sus ojos y, al recibir la orden, activaba la inyección del fármaco letal sin intervención de nadie más. Se probó en su domicilio con una solución salina inocua, se corrigieron los fallos detectados, y en marzo de 2026 el tribunal dio la autorización definitiva para su uso.

El anestesista que la acompañó durante el proceso, Paolo Malacarne, describió la situación a La Repubblica: “Veía la muerte como la única forma de dejar de sufrir. Cuando pudo hacer realidad ese deseo, no hubo ni un momento de dolor, de llanto ni de dudas, sino de liberación".

Malacarne también fue crítico con la exigencia legal que hizo necesaria toda esta ingeniería: “No veo nada malo en la eutanasia, sino más bien algo bueno. Y si la bomba de inyección se hubiera atascado, ¿qué habría tenido que hacer yo?”

Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años, comparte su historia y su firme decisión de recibir la eutanasia. A pocos días de su muerte programada, explica las razones detrás de su elección para dejar de sufrir.

“Espero que nadie tenga que esperar dos años”

Antes de morir, dejó un texto a la Asociación Luca Coscioni, que la aseguró y acompañó durante todo el proceso: “Espero de todo corazón que nadie tenga que esperar dos años para ejercer un derecho que ya le pertenece. Nadie debería verse obligado a luchar tanto tiempo por algo que debería estar garantizado. Esta no es solo mi historia. Es una súplica por la dignidad, que espero que algún día ya no tenga que ser conquistada, sino simplemente respetada”.