La economía española mejora y no lo notamos: el paro se reduce a la mitad en una década, pero la baja productividad lastra el crecimiento

Según el último informe sobre el ‘Estado del mercado laboral en España 2025′ de InfoJobs y Esade, el crecimiento económico, de un 22% en términos reales en la última década, no ha ido acompañado de una mejora en la productividad, algo que tiene implicaciones directas sobre los salarios y el nivel de vida

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,  y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, durante el acto de la firma del acuerdo para la subida del SMI. (Eduardo Parra./ Europa Press)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, durante el acto de la firma del acuerdo para la subida del SMI. (Eduardo Parra./ Europa Press)

El mercado laboral de nuestro país está pasando por uno de sus mejores momentos en términos de empleo. En apenas diez años, la tasa de paro ha caído del 21% al 9,9%, un descenso histórico. Pero, bajo esos datos positivos, se esconden otros que dejan entrever una debilidad estructural que condiciona el futuro económico de España. Y es que, durante ese mismo periodo, la productividad -medida como el PIB por trabajador- apenas ha avanzado. Se crea mucho empleo, pero cada trabajador genera prácticamente el mismo valor que hace una década. Así lo recalca el último informe elaborado por InfoJobs y Esade sobre el Estado del mercado laboral en España 2025, que apunta a que la economía española ha crecido más por incorporar trabajadores que por hacerlos más productivos.

La evolución del mercado laboral desde 2015 es, en términos cuantitativos, claramente positiva. España ha logrado reducir el desempleo a niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008, con más de 22 millones de personas trabajando. Pero el crecimiento económico, de un 22% en términos reales en la última década, no ha ido acompañado de una mejora equivalente en la productividad. En cifras concretas, el valor generado por cada trabajador apenas ha aumentado un 0,5% en diez años.

Y esta dinámica, según los expertos de Esade, tiene implicaciones directas sobre los salarios y el nivel de vida de los españoles. Si no hay un aumento sostenido en la productividad, es difícil que los sueldos crezcan de forma generalizada. El resultado es una percepción social distinta a la realidad, porque, aunque la economía mejora, los trabajadores no lo notan en su bolsillo.

Una de las claves que explica esta brecha está en la estructura productiva. Buena parte del empleo creado se concentra en sectores como el turismo, la hostelería o los servicios, que son intensivos en mano de obra pero tienen un margen limitado para aumentar la producción por trabajador.

Quienes nacieron en los años 80 y 90 enfrentan salarios más bajos, menor capacidad de ahorro y acceso limitado a la vivienda. A los 42 años, acumulan hasta un tercio de la riqueza que tenían generaciones anteriores a su edad.

A esto se le suma el predominio de pequeñas y medianas empresas, que suelen tener más dificultades para invertir en tecnología, innovación o formación. Estos factores, considerados esenciales para mejorar la productividad, se desarrollan con mayor facilidad en compañías más grandes. Y el resultado es un modelo que funciona bien para generar empleo, pero es menos eficaz para aumentar el valor añadido de ese trabajo.

Papel clave de la inmigración: cuatro de cada diez ocupados es extranjero

Otro de los elementos que explica el actual dinamismo del empleo es la aportación de la población extranjera. En los últimos cinco años, el 40% de nuevos empleos han sido ocupados por trabajadores extranjeros, lo que equivale a un incremento de 1,2 millones de personas desde 2020.

Actualmente, los ocupados de origen extranjero representan ya el 15,9% del total de ocupados en España. Este fenómeno ha sido clave también para sostener el crecimiento del mercado laboral y compensar, en parte, los efectos del envejecimiento de la población. Con el aumento de ocupados gracias a los trabajadores inmigrantes, se evitan tensiones mayores en el mercado laboral.

Además, dentro del perfil de estos trabajadores, aunque predominan los niveles educativos medios, también crece el número de ocupados con formación superior, lo que abre la puerta a una posible mejora futura de la productividad si se aprovecha adecuadamente este capital humano. Y, aun así, parte de la población extranjera trabaja en puestos por debajo de su cualificación.

FOTO DE ARCHIVO. Un trabajador empuja un carro con cajas de agua en Ronda, Andalucía, España. 3 de enero de 2023. REUTERS/Jon Nazca
FOTO DE ARCHIVO. Un trabajador empuja un carro con cajas de agua en Ronda, Andalucía, España. 3 de enero de 2023. REUTERS/Jon Nazca

Paro juvenil, el gran problema pendiente

Aun con la mejora generalizada del empleo, el informe identifica un problema persistente, que es el elevado desempleo juvenil. La tasa de paro entre los jóvenes menores de 25 años se sitúa en torno al 23%, una de las más altas de la Unión Europea. Pero el problema no se limita solo a ese rango de edad, ya que cuatro de cada diez personas en paro tienen menos de 34 años. Y a esto se le añade la irrupción de la inteligencia artificial generativa dentro de las empresas.

Tal y como indica el informe, la irrupción de estas tecnologías está reduciendo las oportunidades de entrada para perfiles júnior, especialmente en sectores tecnológicos. Las compañías demandan cada vez más experiencia y perfiles sénior, lo que eleva las barreras de acceso al mercado laboral para los jóvenes. En este mismo sector, las vacantes que no piden experiencia previa han caído un 41%, por lo que acceder a un primer empleo para adquirir experiencia es cada vez más complicado.