
Pobladura del Valle es un pequeñísimo pueblo de la provincia de Zamora, una localidad situada en la comarca de Benavente y Los Valles, atravesada por la carretera A-6 y muy especial por sus particulares bodegas, que alcanza poco más de 260 habitantes. Allí se esconde un restaurante único, una casa de comidas tradicional que se ha hecho conocida en todo el país por una de sus recetas: la tarta de queso.
Un postre que aquí veneran y cuidan hasta el mínimo detalle, que ha llamado la atención incluso de las grandes guías gastronómicas. Y es que Michelin ha recorrido España buscando las mejores tartas de queso de los cocineros nacionales, todas ellas servidas como postre en los restaurantes de la guía.
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Este viaje les ha llevado hasta el País Vasco, como no, con parada en Tolosa y en Amorebieta-Etxano, a solo unos kilómetros de Bilbao. También hasta Negreira, A Coruña, y a Madrid, donde ha elegido dos propuestas favoritas. Una de las paradas ha sido, en efecto, en Pobladura del Valle, más concretamente en el restaurante La Trébede.
Esta casa de comidas propone una cocina tradicional reinventada por el joven chef Pablo González Vázquez, basada en la utilización de los mejores productos del mercado, seleccionados con sumo cuidado para garantizar frescura y calidad en cada plato. La Trébede puede presumir de una excelente relación calidad-precio y, por eso, Michelin les ha reconocido con el sello Bib Gourmand desde el 2025.
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De entre todas las propuestas de su carta, su cremosa tarta de queso llama la atención de cualquiera que por allí pasa. “Nuestra receta nace de una historia personal, de cuando viví en San Sebastián y bajaba cada semana al restaurante La Viña”, cuenta el cocinero según recoge la Guía Michelin. “Su tarta me marcó, y tras un montón de pruebas y ajustes, conseguimos la que servimos hoy aquí”.
Su postre se inspira en este clásico de origen vasco, aunque se reinventa en sus propios términos. “El secreto está en el control de las temperaturas y la humedad del horno”, confiesa el chef, que añade: “No buscamos una tarta estándar, sino una textura viva: cremosa por dentro, delicada, casi fundente, con el punto justo de cuajado. Es una elaboración sencilla en apariencia, pero muy precisa en ejecución”.
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El primer bocado es suave, reconfortante, casi nostálgico. Es una tarta que abraza, que te hace cerrar los ojos y sonreír sin darte cuenta. No busca sorprender con artificios ni sabores extraños, sino emocionar desde la sencillez. Hay clientes que vienen solo porque la tarta les marcó un momento de su vida. Es un viaje al norte”.
“El equilibrio entre lo dulce y lo natural de sus quesos y el color aportado por huevos de corral es esencial para lograr un resultado perfecto”, cuentan además desde el restaurante.
Qué se come en La Trébede
Pablo González, el joven chef al mando, se formó en San Sebastián para luego conocer algunas de las grandes cocinas del mundo; aprendió de Luis Alberto en Lera y con Carlos Maldonado en Raíces. Cruzó el Atlántico para cocinar en Rosetta, el restaurante de la chef Elena Reygadas en México, y cerró su travesía en Barro, Ávila, junto a Carlos Casillas. En julio de 2024 decidió volver a su pueblo, en Zamora, y reabrió las puertas de La Trébede, una casa de comidas que ya funcionaba desde hacía una década y que encontraba con el joven chef una nueva versión.
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La Trébede ha conquistado gracias a lo que la guía define como “una propuesta tradicional actualizada”, marcada por platos como su Tortillita de camarones, con un toque dulce al incorporar un poco de membrillo, o su espectacular Oreja de cerdo confitada a baja temperatura, con salsa brava de tomate seco y mejillón.

Los propios encargados del restaurante se encargan de recomendar otras especialidades, como son la carrillera cocinada a baja temperatura, bañada en vino tinto y acompañada de pimientos; el micuit de pato, procedente de tierras palentinas y elaborado artesanalmente en Selectos de Castilla; o el pulpo, un plato que representa la ubicación del pueblo como punto de encuentro entre Galicia y Madrid. También otras delicias como la alcachofa con jamón de bellota y vino dulce de toro, las croquetas cremosas de jamón o la morcilla al estilo leonés, con piñones y manzana reineta.
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El precio medio de la experiencia se encuentra en torno a los 40 o 50 euros por comensal. En cuanto a su horario de apertura, sirve comidas los lunes, martes, jueves y domingos, y comidas y cenas los viernes y los sábados.
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