El 60% de los gatos sufren daños renales a lo largo de su vida, según un veterinario: señales para detectarlo, métodos para prevenirlo y qué hacer

Los gatos avisan con meses de antelación de que sufren problemas renales, según el veterinario

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Un gato con pelaje de tonos marrones aparece sentado en una mesa e inclinado sobre un vaso de agua, con intención de beber.
Los gatos avisan con meses de antelación de que sufren problemas renales, según el veterinario. (Montaje Infobae)

Los problemas renales son muy frecuentes entre los gatos. De hecho, según el conocido veterinario de redes sociales Juanjo Vet, “dos de cada tres gatos sufren daño renal en su vida". Saber que un felino tiene algún daño en el riñón es difícil para sus dueños, pues no suelen mostrar signos de dolor ni de sufrimiento. Sin embargo, existen algunos comportamientos que pueden alertar de la existencia de problemas.

El veterinario explica desde su cuenta de Tiktok (@juanjovetmascotas) que los riñones son órganos vitales para los gatos, “ya que son capaces de filtrar la sangre produciendo orina, en la cual vamos a tener desechos y toxinas que el cuerpo de tu gato no necesita”. Juanjo lo compara con un colador que, por desgracia, “con el paso del tiempo debido a este daño renal, estos orificios se van haciendo cada vez más grandes”, impidiendo que se filtre bien la sangre. “Tu gato no puede filtrar bien esa sangre y se produce una intoxicación”, dice.

“Para cuando el riñón está muy dañado, tu gato lleva meses avisándote con pequeñas señales”, asegura. Por eso, el veterinario explica en su vídeo cuáles son los signos de alerta a los que toda persona que conviva con un gato debe estar atenta.

Señales de fallo renal en gato

La foto se hace en un cuarto de baño. Aparece la figura de una mujer, limpiando el arenero de su gato. Al lado, el gato mira atentamente la acción, tumbado sobre una alfombra.
Una mujer limpia el arenero de su gato. (Canva)

Una de las primeras cosas que empiezan a hacer los gatos con problemas renales es beber más agua y orinar mucho más, en un intento de depurar la sangre que no consigue limpiar bien. Además, es normal que pierda apetito, empiece a tener mal aliento, perder peso e incluso a sufrir vómitos. “Si detectas alguna de estas señales, tu gato te está avisando meses antes de que ocurra el fallo renal”, insiste el veterinario.

"Esto se debe a que, si el riñón de tu gato falla, tu gato se está intoxicando“, resalta Juanjo. “Hay desechos como la urea, que van a letargar al animal, van a dañar la mucosa gástrica, van a dañar las encías. Todo esto va a hacer que tu gato se esté intoxicando”, explica el veterinario.

Para prevenir todos estos problemas, el experto recomienda “administrar más comida húmeda” al gato de forma frecuente, así como permitir que el animal “tenga acceso a mucha agua”.

Cómo tratar la insuficiencia renal felina

El tratamiento de la insuficiencia renal felina requiere tanto ajustes en la dieta como la utilización de medicamentos, con dosis diferentes según la gravedad del diagnóstico, según indican desde Purina. En casos avanzados, los veterinarios pueden recetar fármacos específicos para controlar situaciones como hipertensión o anemia, dos complicaciones frecuentes de la enfermedad, de acuerdo con lo señalado por la misma fuente.

Adaptar la alimentación es un proceso que demanda entre dos y seis semanas de transición gradual, durante las cuales se mezclan cantidades crecientes del alimento recomendado con el habitual, detallan desde Purina. Durante este periodo, la compañía aconseja evitar los premios convencionales y emplear únicamente pienso especial si se desea ofrecer recompensas.

La indicación es repartir la ración diaria en porciones pequeñas y frecuentes en lugar de en pocas comidas voluminosas; esto favorece la tolerancia y el bienestar del animal, informó la marca. Para quienes optan por comida húmeda, puede templarse brevemente en el microondas para mejorar su aroma, pero debe servirse solo tibia, nunca caliente. Si el gato está habituado a alimento seco, puede añadirse una pequeña cantidad de agua templada para suavizar la textura, según las recomendaciones de Purina.