Marta Jiménez, neuropsicóloga: “Nadie te avisa de lo solitario e incómodo que es empezar a sanar”

La experta señala que, lejos de lo que suele pensarse, acudir a terapia es un proceso que al principio está marcado por las dudas, la autoevaluación y las decepciones

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La neuropsicóloga Marta Jiménez señala
La neuropsicóloga Marta Jiménez señala que el proceso de sanación está marcado por la incomodidad. (Freepik)

Antes de que llegue la calma, casi siempre hay tormenta, y esta generalmente es bastante silenciosa: dudas que se acumulan, decisiones que pesan, conversaciones incómodas con uno mismo... Es un proceso poco visible, pero profundamente transformador, ya que cambiar rara vez resulta cómodo.

En ese camino, la autocrítica aparece sin previo aviso. También lo hacen los cambios que no siempre se entienden desde fuera, las decepciones que obligan a replantearse vínculos y la sensación de estar descolocado en la propia vida. No es extraño que muchas personas se detengan justo ahí, en ese punto en el que todo parece tambalearse.

Entre muchas personas existe una idea muy extendida: que acudir a terapia psicológica es un botón casi mágico para empezar a sentirse mejor de forma inmediata, como si el malestar se diluyera en pocas sesiones. Sin embargo, la realidad, según advierten los especialistas, es bastante más compleja.

“Poco se habla de esto. Nadie te avisa de lo solitario e incómodo que es empezar a sanar”, explica la neuropsicóloga Marta Jiménez (@martajimenezpsicologia en TikTok). Su advertencia rompe con ese imaginario de bienestar instantáneo que rodea a la salud mental, puesto que iniciar un proceso terapéutico no implica, necesariamente, alivio inmediato. Al contrario, en muchos casos supone abrir heridas que hasta entonces habían permanecido cerradas.

La psicóloga Silvia Severino recuerda
La psicóloga Silvia Severino recuerda que la ansiedad suele crear escenarios catastróficos que luego no se cumplen. (Freepik)

Atravesar la incomodidad del cambio para alcanzar la estabilidad

“Te vendieron que ir a terapia y buscar paz mental era todo luz y meditación. Mentira”, señala. La neuropsicóloga apunta directamente a una narrativa simplificada del autocuidado que se ha popularizado en redes sociales y discursos cotidianos. Esa versión edulcorada deja fuera una parte esencial del proceso: el dolor.

Como señala Jiménez, “al principio duele a horrores”. El inicio de la terapia puede ser, paradójicamente, uno de los momentos más difíciles. No solo por lo que se recuerda o se revive, sino por lo que se empieza a cuestionar: hábitos, relaciones, formas de pensar…, todo entra en revisión.

“Vas a tener que enfrentarte a tus propios patrones disfuncionales”, advierte. Implica reconocer conductas que han causado daño, asumir responsabilidades y tomar decisiones que pueden alterar el entorno personal. En ese tránsito, las consecuencias no siempre son fáciles de gestionar.

“Vas a decepcionar a gente y vas a sentirte perdido o perdida”, añade. La terapia no ocurre en aislamiento, aunque a veces se sienta así. Los cambios internos suelen tener un reflejo externo: límites nuevos, distancias necesarias o dinámicas que dejan de sostenerse. Todo ello puede generar incomprensión en quienes rodean al paciente.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Esa sensación de pérdida de referencia forma parte, según la experta, de un proceso más amplio: “Es el síndrome de abstinencia de tu cerebro soltando viejos hábitos”. Igual que ocurre con cualquier cambio profundo, el cerebro tiende a resistirse a abandonar lo conocido, incluso cuando resulta perjudicial.

En ese contexto, la incomodidad no es un fallo del proceso, sino una señal de que algo está cambiando. “Pero resiste, aguanta el tirón”, insiste Jiménez. “Porque esa incomodidad es el precio de entrada a la vida más tranquila que vas a experimentar jamás”. No se trata de una felicidad inmediata ni constante, sino de una estabilidad más profunda y consciente.