Un agricultor de 86 años rechaza 13 millones de euros para proteger sus tierras: “Me partía el corazón”

El hombre tuvo que dejar de ir al colegio cuando iba a secundaria y ha vivido allí toda su vida

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Un agricultor de 86 años
Un agricultor de 86 años rechaza 15 millones de euros por sus tierras. (Composición Infobae)

Mervin Raudabaugh, de 86 años, ha pasado seis décadas trabajando la misma tierra en Silver Spring, condado de Cumberland, Pensilvania. Su vida está estrechamente ligada a sus fincas y a la historia de su familia. Cuando su madre murió en sus brazos a mediados de los años cincuenta, él todavía estudiaba secundaria. Tuvo que dejar los estudios para ordeñar vacas y sacar adelante a los suyos. Nunca se fue de allí. Y allí es donde tuvo a sus hijos con su esposa Anna Mae, ya fallecida.

“Era mi vida, era especial. En realidad, no fue tanto el aspecto económico. Simplemente no quería ver las dos granjas destruidas”, ha explicado el hombre a Fox 43. Representantes de una empresa tecnológica tocaron su puerta con una propuesta difícil de rechazar: 55.000 euros por acre, es decir, 13 millones de euros por sus 105 hectáreas de terreno.

La intención era instalar un centro de datos para inteligencia artificial, un proyecto que habría transformado por completo el paisaje de Silver Spring. Aunque para muchos esa cifra hubiera significado la jubilación de lujo, la garantía de la libertad financiera y la comodidad para él y el resto de su familia, no fue suficiente para Mervin.

La tierra del futuro

En lugar de vender al mejor postor, el agricultor optó por un camino diferente. En diciembre, cerró la venta de los derechos de desarrollo de sus tierras al Programa de Preservación de Tierras del municipio de Silver Spring por poco menos de 1,7 millones de euros. Gracias a este acuerdo, el suelo permanecerá agrícola de forma permanente, independientemente de quién sea el propietario del futuro.

“Solo la tierra que se proteja hoy permanecerá en el futuro”, ha subrayado. Así, Mervin ha garantizado que sus hectáreas sigan contribuyendo a la agricultura local. Y es que para él, sus tierras son mucho más que un terreno cultivable. “No encontrarás algo así en ningún otro lugar. Tendrías que buscar muchísimo para encontrar tanta tierra fértil. Es un paraíso de la vida silvestre, con todo tipo de animales, desde ciervos hasta tortugas”, ha señalado.

Su decisión también responde a una preocupación más amplia por el futuro de la agricultura en Estados Unidos. “Me parte el corazón pensar en lo que va a pasar aquí, porque solo la tierra que se conserve permanecerá. El resto, cada centímetro cuadrado, se urbanizará. La familia campesina estadounidense está en serios problemas”, ha detallado.

El octogenario vendió sus tierras
El octogenario vendió sus tierras por 1,7 mollones de euros. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resistencia comunitaria frente a la presión tecnológica

Pero este caso no es nuevo. En varios condados de predominio rural, las grandes empresas buscan extensiones de terreno para levantar centros de datos que requieren energía, conectividad y amplias superficies. Su vecino, Jeff Austin, propietario de un campo de golf colindante, también rechazó ofertas similares, convirtiéndose en otro ejemplo de resistencia frente a la expansión tecnológica y la especulación inmobiliaria.

“Yo era el encargado de ordeñar esas vacas antes de ir al instituto. Falté 31 días en mi último año, y nunca me echaron de menos. Era así de popular. Es broma”, ha contado con humor el octogenario. Su vida ha estado siempre ligada a la tierra y al cuidado de la familia. “Amé esta tierra. Ha sido mi vida. Y me di cuenta de que si no se construía ni se excavaba, otras familias podrían vivir aquí. Y lo logré. Y estoy feliz”, ha concluido.