
Especialmente desde la pandemia, internet vive sumido en filtros que lucen caras perfectas. También se ve a pie de calle: chicas con labios excesivamente rellenos y jugosos, narices respingonas y rostros que, citando comentarios que van y vienen de las redes sociales, “son prácticamente iguales”. Pero esto no viene de ahora. ¿Qué mujer no se ha sentido insegura por su físico? ¿Qué niña no ha oído alguna vez que debería adelgazar un poco?
Precisamente sobre las exigencias estéticas y sociales que marcan a las mujeres desde niñas, la periodista Clara Nuño (Burgos, 1996) publica su primera novela, Las niñas bonitas no pagan dinero (Aguilar). Su debut nace de un reportaje que escribió en primera persona para elDiario.es en 2024, cuando acudió a una clínica estética para comprobar qué retoques le ofrecían. De aquella experiencia nació Esclavas de la belleza: pínchate los labios, María, pínchate, texto que ahora transforma para recorrer las violencias, miedos y exigencias que atraviesan a las mujeres desde la infancia hasta la adultez.
“Cuando llegué, dije: ‘Me está diciendo cosas bonitas, no voy a sacar un reportaje de aquí, no se está metiendo con mi cara’”, empieza narrando a Infobae. Sin embargo, explica que empezó “muy suavemente”, diciéndole: “‘Bueno, pero si quieres te podemos subir un poco los pómulos’, o ‘tienes unos labios bonitos, pero si les dieras un poquito podrían estar más jugosos’”, narra. Al final, lo vio como “una estrategia de marketing agresiva”.

Así, pese a que por apariencia el libro parece un ensayo más que una ficción, nada más lejos de la realidad. “Sobre la belleza, afortunadamente, se ha escrito mucho. Es una de las grandes obsesiones del ser humano. Yo a día de hoy no me veo capacitada para aportar nada nuevo”, se sincera. De hecho, Nuño juega entre verdad y ficción desde la primera página: “Todo es falso salvo alguna cosa que es cierta”, escribe en el epígrafe. La cita es de un tal “M. Rajoy”, que, como explica la autora, "es un personaje ficticio“. ”En este país nadie sabe quién es M. Rajoy”, bromea. “El libro es una ficción, pero está lleno de lugares comunes que les han pasado a personas cercanas a mí o que suelen pasar”.
La novela construye así un relato que retrata cómo la protagonista aprende a habitar su cuerpo desde la infancia hasta que cumple 33 años. “Mamá siempre decía que era mejor quedarse con un poquito de hambre antes de irse a la cama”, recuerda la voz narradora en uno de los pasajes del libro. “Que no me terminara el filete, que lo ideal era cenar una sola manzana (…), que si conseguías no engordar durante la adolescencia lo tenías hecho (…), que tu mayor poder siempre sería tu cuerpo”.
La obsesión por la belleza es precisamente uno de los lastres que persigue a las mujeres y cada vez más a más hombres, algo que también ha plasmado en la novela. “He querido dibujarles con sus propios deseos y miedos. El problema de los hombres es el hecho de que no se les permite hablar, no se les permite mostrar sus sentimientos”, explica.
“Siempre vamos a perseguir la belleza y la juventud. En nuestra sociedad, la mujer se ha visto como un objeto de consumo, y sigue siéndolo", señala. Y aunque reconoce que “se han hecho muchísimos avances”, advierte que “el peso sociocultural es enorme” y no desaparece de un día para otro. “Esas cosas no se borran de un plumazo”, dice, recordando que los cambios sociales rara vez son lineales. “Estamos viendo cómo el mundo avanza en una dirección unos años, pero luego da un viraje”.
En ese movimiento sitúa también un punto de inflexión que vino marcado por el estallido del MeToo en 2017. “Creo que se nota mucho en la gente nacida entre 2003 y 2005, cuya adolescencia fue mucho más liberal porque les pilló en los años en los que se hablaba del body positive, el MeToo y demás”, explica. “En esos años, la gente que se estaba formando probablemente tenga una relación con sus cuerpos mucho más abierta, mucho más directa que los que estamos inmediatamente antes y que los que están inmediatamente después”.
Una relación marcada por la infancia... y por las redes sociales
¿Qué parte de culpa tienen las redes sociales? En Instagram y TikTok funcionan como un escaparate constante de cuerpos. Allí proliferan rostros cada vez más parecidos entre sí, lo que desde hace años se ha denominado “cara de Instagram”, que busca, entre otras cosas, una piel sin poros y completamente lisa, labios gruesos, nariz respingona y pómulos levantados. “Si todo el mundo tiene la misma nariz, ¿qué de interesante hay en esa nariz?”, se pregunta. “Si de repente le quitas los montículos a las narices y todo son narices respingonas, o todos son labios carnosos, o todos son pómulos subidos casi hasta la oreja, ¿en qué momento es eso bello?”.
“Hay mucha gente joven, menor de 30 años, que se hace retoques estéticos”, señala, a los que se suman “el skincare, los cosméticos surcoreanos, la vuelta de la heroine chic y el superadelgazamiento". Esto ya se ve en las alfombras rojas del mundo del espectáculo. Nuño pone como ejemplo a Demi Moore, “que está siendo el ejemplo viviente de la película de ‘La sustancia’ -donde una inyección permite alternar el cuerpo original con una versión mejorada-", o el casting de The Wicked, haciendo referencia a Ariana Grande y Cynthia Erivo, “que tiene un aspecto físico de personas que se están haciendo daño a sí mismas”.
A esto se le suma que, como apunta la periodista, muchas actrices de Hollywood tienen la misma cara. “Empezó Lindsay Lohan hace un par de años y la última ha sido Emma Stone. Y tú la ves y dices: ‘Vale, está guapa, pero no es ella’”, añade.
Si de por sí antes las actrices marcaban los cánones estéticos, ahora también lo hacen las influencers. “Los actores, las actrices, la gente del mundo de la cultura ya no tiene la influencia que tenía hace 25 años”, sostiene. En su lugar, el nuevo escaparate son las redes sociales. “Los influencers a día de hoy son nuestra teletienda. Son hombres y mujeres anuncio”.
Ese cambio también ha coincidido con lo que define como una “democratización” de la cirugía estética. “La belleza siempre ha sido una cuestión de clase”, afirma. Aunque existe una “lotería genética”, también influye quién tiene tiempo, dinero y condiciones de vida para cuidar su cuerpo. “Quien tiene capacidad de cuidarse, quien tiene capacidad de invertir en su propia imagen, es la gente que tiene posibilidades”.
La belleza, una cuestión de clase y un “capital simbólico”
Esa idea aparece también en la novela, donde el cuerpo funciona como “capital simbólico”, “algo que puede abrir puertas, proteger o condenar”. Desde la infancia, la protagonista aprende que su apariencia es precisamente una herramienta para moverse por el mundo. Por eso vive sumida en la obsesión por su cuerpo y también por eso, durante unas cuantas páginas del libro, enseña a sus amigas cómo vomitar.
Pero en el libro, la idea de belleza no se reduce únicamente a lo físico; también pasa por el sexo. De hecho, a la protagonista el despertar sexual le llega muy pronto. En uno de los pasajes recuerda cómo, tras descubrir una revista erótica escondida en casa de sus primos, aquella misma noche se masturbó. “Al final nuestro propio cuerpo es lo único que tenemos. Es la única cosa que poseemos de verdad”, relata.
Si desaparecieran las redes sociales, ¿ayudaría en algo a rebajar esta tensión constante en torno a la belleza? Nuño no lo cree. “Las redes sociales llevan entre nosotros muy poco tiempo y el tema de la belleza, de la opresión o del adelgazamiento es algo que ha estado siempre ahí”, sostiene. Por eso menciona La hermanastra fea, una reinterpretación reciente del mito de Cenicienta desde el body horror, donde la protagonista es sometida a todo tipo de torturas físicas para resultar más atractiva y poder seducir al príncipe. Una historia que recuerda que la presión estética no nació con Instagram ni con TikTok.
¿Y qué pensaría la protagonista de Las niñas bonitas no pagan dinero ante una película como La sustancia? Nuño se encoge de hombros. “Tendrías que preguntárselo a ella”, finaliza.
Últimas Noticias
Qué se sabe del paso de Shakira por España, empezando por ‘Al cielo con ella’: “Va a ser algo de otro mundo”
El programa de Henar Álvarez pasará de ser emitido en La 2 para configurar la parrilla informativa en La 1

España invierte más que nunca, pero deja atrás las infraestructuras: carreteras, ferrocarriles y redes hidráulicas, a la cola de las dotaciones
La inversión pública creció un 9,1% en 2025, hasta situarse en los 37.177 millones de euros, y la bruta total, formada por la privada y la pública, aumentó un 5,1% en términos reales, hasta los 347.000 millones de euros

Picualia, sobre la situación del aceite de oliva tras las lluvias: “Hay menos cosecha y de menor calidad, así que el precio puede tener efecto rebote”
La cooperativa de AOVE ubicada en Bailén elabora algunos de los mejores virgen extra de toda España, aceites tempranos de la variedad picual, famosa por su sabor y sus antioxidantes

Perder la vista a los 29 años por una diabetes mal controlada: “Si doliera, le pondríamos más atención”
Los altos niveles de azúcar le provocaron a Sol una discapacidad visual. En sus redes sociales, cuenta cómo es ser una persona ciega en España
Nicolás, el niño que habla parpadeando tras sobrevivir a un tumor cerebral: su familia pide ayuda para los gastos médicos
Una necrosis tras la radioterapia dejó al niño con tetraplejia cuando tenía 10 años



