
El 25 de febrero, la Policía Nacional detuvo a tres adolescentes de 14 y 15 años como supuestos autores de la violación de otra menor de 13 años que se habría producido semanas antes en un centro comercial en Valencia. No es común, pero sucede. A pesar de que en la mayoría de los casos son adultos los que ejercen la violencia sexual contra menores, cerca del 9% de los adolescentes son víctimas de otros adolescentes. El dato lo recoge el informe La violencia sexual entre adolescentes de la Plataforma de Infancia. El mismo estudio apunta además que un 62% de los menores de entre 13 y 17 años han visto pornografía alguna vez en su vida. De hecho, la mitad de ellos accedieron a ella antes de los 13 años, y una décima parte antes de los 10 años. A ojos de los expertos, estas cifras guardan una estrecha relación con el aumento de los casos de abusos sexuales entre menores.
Almudena Escorial, responsable de Incidencia Política de la plataforma, explica en conversación con Infobae que, aunque los agresores sexuales suelen ser adultos, cada vez hay más casos de menores que agreden. Para Escorial, este fenómeno está relacionado con la falta de educación afectivo-sexual, que lleva a los adolescentes a buscar respuestas en la pornografía. “Ahí es donde dan por bueno y normal las cosas que ven y las aplican en sus relaciones sociales”, explica. Pero no es el único foco peligroso.
La experta señala que la violencia sexual también está presente en las series, películas, canciones y videojuegos, donde hay “una exposición de baja intensidad, que va calando”, pero especialmente en el entorno digital, “donde más violencia sexual se ejerce”. Por ello, desde la plataforma piden que salga adelante la Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, que sigue atascada en el Congreso. Pero, sobre todo, reclama que se pongan barreras digitales efectivas que no permitan acceder a los menores a contenido de adultos.
“La conclusión a la que llegamos las asociaciones de infancia es que realmente no se está poniendo el foco en la adolescencia en materia de política pública”, insiste, ni en prevención ni en materia de reeducación. Escorial denuncia que el sistema falla “a la hora de abordar la atención integral de los niños que ejercen conductas sexuales problemáticas, dañinas, abusivas o violentas porque no siempre se trabaja con ellos en intervenciones terapéuticas especializadas”, porque “recordemos que son menores”.
En ocasiones, tras un proceso judicial de por medio, se impone una pena de libertad en centros de menores, pero eso no significa que se trabaje con ellos. Es más, los menores de 14 años —que son inimputables— no reciben este tipo de medidas y tampoco la atención necesaria para que no vuelva a producirse el mismo comportamiento. Muchas veces esas intervenciones quedan en manos de organismos privados, como la Fundación Márgenes y Vínculos, que trabaja con menores que han cometido abusos sexuales.
Celia Nevado, doctora en psicología y directora de Programas de Intervención con menores víctimas y menores que ejercen violencia de la Fundación Márgenes y Vínculos, coincide en que “el acceso a contenidos sexuales no adaptado a la edad en los niños y niñas produce un efecto de imitación” que conduce a que lleven a cabo “prácticas sexuales problemáticas”. Lo ven claramente en las intervenciones que realiza con estos menores. No obstante, aclara que no todos los casos son iguales.
En conversación con Infobae, Nevado detalla que en la fundación trabajan fundamentalmente con dos perfiles. Hasta los 10 o 12 años, consideran que son “niños con conductas sexuales problemáticas”; y a partir de los 12 años, hablan de “niños o adolescentes con conductas sexuales dañinas”. Del mismo modo que Escorial, Nevado insiste en que se trata de menores de edad y que, por lo tanto, sus actos pueden responder a factores externos como la exposición a la pornografía o haber sido testigos de violencia de género en su casa, lo que les condiciona. Esto no les exime, pero sí se debe tener en cuenta, sobre todo a la hora de tratar de corregir esa actitud y mentalidad. “No debemos etiquetarlos como agresores porque a estas edades, tanto en la infancia como en la adolescencia, trabajar con estos chicos a nivel terapéutico hace que el riesgo de que vuelva a suceder sea muy bajo”, apunta.

Cómo es el trabajo terapéutico con niños con conductas sexuales problemáticas
La experta explica que frecuentemente en la fundación reciben llamadas de familias y centros educativos que han descubierto que hay niños, incluso de cuatro o cinco años, con “conductas sexuales problemáticas”. “Por eso creemos que hay una gran influencia del acceso a contenidos sexuales a través de las nuevas tecnologías, porque si no, es muy extraño que un niño quiera llevar a cabo esas conductas”, destaca. En estos casos, están ejerciendo violencia sexual sin violencia física al no entender que esas conductas no son apropiadas, sobre todo hacia niños más pequeños”. En este segundo caso, aclara, se trata de niños que han visto imágenes inapropiadas e imitan el comportamiento sin saber que es dañino. “No identifican que, por ejemplo, que esa diferencia de edad hace que no sea positivo ni saludable”, añade.
Y, ¿cómo trabajan con ellos cuando esto sucede? “Por un lado, hacemos una valoración de factores sociales, como por ejemplo, que tengan acceso a información sexual no apropiada; por otro, desarrollamos una labor psicoeducativa, para que entiendan qué conductas sexuales son adecuadas o saludables a su edad y cuáles no, de una manera adaptada a través de juegos y libros”, cuenta.
Estos niños deben aprender cómo es una sexualidad positiva, qué es el consentimiento o cómo expresar afecto. A veces, comenta, creen que es lo que están haciendo. Su objetivo finalmente es que el menor entienda y sea capaz de no llevar a cabo estas conductas “porque a veces también hay problemas de control de impulso”. No obstante, también tratan de descubrir si ellos también han sufrido abusos. “Estos chicos y chicas muchas veces ejercen esas conductas sexuales violentas o abusivas porque han sido víctimas de violencia sexual o de situaciones de violencia de género en su casa”, lamenta.
Adolescentes con “conductas sexuales dañinas”
Cuando los menores ya son adolescentes, el escenario es diferente. “Nos encontramos con chicos en los que hay un componente de ideas sexistas influenciadas por la pornografía o por una imagen que cosifica a las chicas”, dice y añade que “creen que, aunque parezca que no, a ella también le gusta que se ejerza con violencia, o si se hace de esta manera es más placentero o eres más macho”. Hay una idea violenta implantada.
En estos ejemplos, también realizan una valoración de las experiencias que hayan podido tener. “En muchos casos han vivido experiencias de violencia de género en sus casas, entonces han tenido modelos que les transmiten esa imagen negativa de cosificación”, señala. Por ello, se centran en la detección de las creencias y mitos sobre la mujer y la sexualidad a través de conversaciones para que ellos lleguen a interiorizar la realidad.
“No le podemos decir: ‘Eso está mal, lo que has hecho porque está mal”'. No, tienen que entenderlo, tienen que saber qué repercusiones tiene e identificar por qué tienen esa actitud hacia la mujer”, señala la experta. “Y al fin y al cabo, lo que intentamos es trabajar con ellos; les explicamos que nuestro objetivo es que puedan tener relaciones afectivas, de pareja y sexuales satisfactorias para todos, que es lo que ellos van a querer, ¿no? Y entonces ellos dicen: “Pues sí, es verdad’. Los adolescentes que abusan de otros adolescentes deben reparar el daño que han hecho, pero también interiorizar que no deben repetirlo”, finaliza.
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