Los protocolos antiacoso de la Guardia Civil que fallaron a Carolina, la agente que sufrió durante cuatro años violaciones de su superior: “Es solo un momento...”

La primera de las agresiones ocurrió en enero de 2012, cuando estando en casa de ella, se abalanzó ante la negativa de la víctima y tras forzarla le dijo: “Ves, no pasa nada”

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Imagen ilustrativa de una mujer
Imagen ilustrativa de una mujer guardia civil (Archivo; Ministerio de Defensa)

“Yo era agente de la Guardia Civil, estaba trabajando en el cuartel de Molina de Segura, de Murcia, y durante cuatro años sufrí agresiones y abusos por parte de un superior”. Esta es la frase con la que Carolina abre la primera entrevista que concede a un medio, concretamente a Informativos Telecinco, en la que cuenta el infierno que tuvo que vivir entre 2011 y 2015. Un superior que, escondiéndose en su impunidad, la insultó, la menoscabó y la violó, llegando en una ocasión a obligarla a abortar tras dejarla embarazada.

Sin embargo, esta no es una historia que solamente trata de la gravedad de los hechos cometidos por el agresor, sino que saca a la luz una realidad que se vive en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: la ineficacia de los protocolos antiacoso que supuestamente defienden sus agentes.

“El protocolo es lo que falló desde el principio”, denuncia a Infobae la abogada de la víctima, Laura Pérez Botella. “Son perversos, porque no puede ser que para pedir amparo, tenga que ser a tu superior o, en el caso de ser en su contra, a su superior inmediato. Es que se conocen entre ellos y suelen ser amigos”, agrega.

A este problema se añade que estos procedimientos no se activan de forma automática, por lo que la afectada tiene que denunciarlo, que su superior “valore si tiene relevancia” y, en caso afirmativo, pasarlo al Gabinete Psicológico, que decide si se activa. “Es imposible que simples funcionarios del cuerpo vayan contra los mandos. Ya es difícil en cualquier cuerpo, pero no va a pasar en uno militarizado”, explica.

Casado y con dos hijas

La historia de Carolina empezó en 1992 cuando entró en la Guardia Civil y pasó al Área de Atención al Ciudadano, donde acabó realizando labores específicas en Viogen, en Molina de Segura, Murcia, según recoge la histórica sentencia del Tribunal Supremo que el 29 de mayo de 2024 condenó al sargento autor de los hechos a 19 años de prisión.

En septiembre de 2010, siendo en ese momento madre soltera, comenzó una relación sentimental con el sargento, en la que “ambos practicaban sexo de forma libre y consentida“, según recoge el fallo, pero que en febrero de 2011 fue terminada por decisión de él, ya que se iba a vivir con la mujer con la que estaba casado y con la que estaba esperando su segunda hija. Carolina lo aceptó y su relación se quedó solamente en algo profesional.

Pasaron tan solo seis meses, y a tan solo un mes del nacimiento de su hija, el condenado comenzó “un acercamiento constante hacia la guardia civil insistiendo en volver a verse con el fin de mantener nuevamente relaciones sexuales”. En todo momento ella se negó, pero al parecer no fue suficiente y empezaron los encuentros.

“No pasa nada, que es solo un momento”

Primero fueron tocamientos no consentidos por todo el cuartel, acompañados de una cantidad ingente de mensajes, sobre todo correos, con propuestas sexuales e insultos, y poco a poco fue creciendo hasta que llegaron las violaciones. La sentencia recoge cómo llegó a indicarle que “le hacía la vida imposible” y más de una vez fue encontrada por el propio sargento y otros compañeros llorando por la situación.

Mujeres en la Guardia Civil
Mujeres en la Guardia Civil (Guardia Civil)

La primera de las agresiones ocurrió en enero de 2012, cuando él la siguió hasta su domicilio después del trabajo. Una vez en su portal, le indicó que quería hablar con ella, por lo que tenían que subir a su casa. Ella accedió y, nada más entrar, entre el pasillo y el salón, “se abalanzó sobre ella, ansioso”, mientras ella le repetía que no quería “nada con él”. Su respuesta fue: “No pasa nada, que es solo un momento” y la violó tirándola al suelo.

Tras terminar, se levantó y subiéndose los pantalones le dijo: “Ves, no pasa nada” y se marchó. En un principio, estas violaciones se produjeron solo en la vivienda de Carolina, obligándola incluso a desconectar el timbre para intentar evitar el acoso constante, pero con el tiempo el sargento empezó a exigirle realizar estas prácticas también en el cuartel. Ella siempre se negaba y él respondía con amenazas.

“Vas a abortar ya”

Estas relaciones sexuales no consentidas se realizaban en su mayoría sin protección y en julio de 2012 Carolina se dio cuenta de que estaba embarazada. El mismo día se lo contó al sargento, cuya respuesta fue empujarla contra la pared de su cocina y decirle: “No me vas a joder la vida, ni vas a joder a mi familia, eso lo sacas de ahí, lo quiero fuera de ahí“. La escena ocurrió mientras el hijo menor de ella se encontraba en la vivienda.

Inicialmente, ella dijo que no iba a abortar, lo que supuso una serie de amenazas por parte del agresor, llegando un día a golpearla en el estómago. En otra ocasión, encontrándose ambos en una escalera, la cogió del brazo y zarandeándola, le indicó: “Lleva cuidado que te puedes caer, vas a abortar ya”.

Al final acabó abortando, a las cinco semanas de embarazo, teniendo que cogerse un día de vacaciones porque el sargento no quiso dar ninguna información de lo que estaba haciendo. Tras volver a su puesto le dijo claramente a su agresor: “No te vuelvas a acercar a mí en toda tu puta vida”.

A partir de ese momento, Carolina intentó hacer todo lo posible para no coincidir con su ingreso, incluso no yendo al baño durante sus jornadas para no pasar por delante de su despacho, pero él siguió buscándola y realizando tocamientos no deseados. También se siguieron sucediendo llamadas nocturnas y posteriores visitas a su vivienda en las que él “exige mantener relaciones sexuales y Carolina se ve obligada a satisfacer sus deseos libidinosos”.

Algunos de los mensajes que
Algunos de los mensajes que le envío el condenado a la víctima que recoge la sentencia condenatoria

Otro hecho muy relevante ocurrió el 13 de abril de 2013, cuando el sargento cambió de forma inesperada la jornada de la agente, coincidiendo con él en una patrulla. En un punto de la tarde se separaron del otro coche que los acompañaba y la llevó a un descampado, donde se desabrochó el pantalón y, sujetando la cabeza de Carolina, le exigió que le hiciera una felación.

Ante la resistencia de ella, le golpeó la cabeza con el volante, teniendo que forcejear con ella. Una vez en la Comandancia, la agente se encontraba en su despacho, cuando apareció el condenado y, lanzándole a su mesa un pañuelo con semen, le dijo: “Mira lo que te has perdido, marrana”.

Expedientes a los agentes que intentaron ayudarla

Durante todos estos años nunca se llegaron a iniciar los protocolos antiacoso internos que tiene la propia Guardia Civil y ante el silencio cómplice de la mayoría del resto de compañeros, entre los que algunos fueron castigados por intentar ayudarla.

Una teniente se encontró en 2013 a Carolina llorando y esta le contó todo lo ocurrido, por lo que decidió llevarla ante la Policía Judicial especializada en Violencia de Género. “Allí tuvo que declarar sola” y en la audiencia el entrevistador le indicó que “sabía perfectamente lo que le iba a pasar a él si denunciaba”, intentando hacerla dudar de su reclamación, relata a este periódico Alicia Sánchez, secretaria nacional de Mujer e Igualdad de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC).

Alicia Sánchez, secretaria de mujer
Alicia Sánchez, secretaria de mujer e igualdad en la AUGC. (Alejandro Higuera López/Infobae)

Su participación no se quedó solo en eso, sino que habló en más de una ocasión con el propio agresor para que parara con sus actos, pero sin ningún tipo de respuesta. “Otro compañero dio cuenta del acoso laboral que estaba sufriendo y le abrieron un expediente, igual que a la teniente. Los dos se archivaron, pero tuvieron que pasar el proceso", agrega.

“Él siguió trabajando hasta finales de mayo de 2024″

Tuvieron que pasar los años y que Carolina “tocara fondo”, según relata Sánchez, para que decidiera acudir al despacho de la letrada Laura Pérez Botella. En cuanto se enteró de lo que estaba ocurriendo, la abogada se puso en contacto con la AUGC y su secretaria de Igualdad en ese momento, Pilar Villacorta, fue directa a hablar con el Director General, que “ordenó a la Policía Judicial investigar los hechos”, explica Pérez Botella.

“A él no le tomaron declaración y con Carolina lo intentaron de forma insistente, queriendo obligarla, pero yo me negué. Fueron incluso a la puerta del centro psiquiátrico en el que estaba”, denuncia. Ya en ese momento es cuando presentaron la denuncia en el juzgado militar.

Este fue el momento en el que en la Comandancia supieron que la cosa podría ser seria y “se pusieron nerviosos”. “Habían ignorado su baja durante nueve meses y ahora de repente querían que acudiera a su médico, para controlarla. Les dije que no, que iba a seguir con su doctor de la Seguridad Social”, relata la abogada.

Este último hecho se acabó filtrando a la prensa, teniendo gran repercusión, y esta fue la primera vez, tras cuatro años de abuso, que se apartó al sargento de servicio, aunque “fue por un periodo muy corto”, indica Sánchez. “Él siguió trabajando hasta finales de mayo de 2024 en otro destino, cuando la sentencia se hizo firme”, añade.

“Declaró que a Carolina le gustaba mucho follar”

Durante el juicio, la actitud del sargento no cambió y su principal defensa fue que todo lo ocurrido había sido consentido y que a Carolina le gustaba que la trataran así. También se sacó a relucir en más de una ocasión como él era un hombre casado y con hijas, mientras que ella era una madre soltera, “como queriendo dejar caer que era una zorra o algo así”, denuncia su abogada.

En una de las sesiones declaró un teniente, “muy amigo del sargento”, que no había aparecido en los últimos años, para defender al acusado. “Declaró que a Carolina le gustaba mucho follar, que él se la había follado también, aunque estuviera casado", tratando de utilizar como prueba que le había hecho un regalo personal en una ocasión, cuando realmente fue un detalle de despedida de la Comandancia por parte de todos los compañeros.

Cada dos horas hay una violación en España: 2023 fue el año con más delitos contra la libertad sexual de la serie histórica.

“También trajo un correo electrónico de ella, pero que no se pudo encontrar en ninguna parte. Lo trajo en papel y dijo que no lo tenía en sus dispositivos porque se había borrado”, relata Pérez Botella.

Tras nueve días de sesiones, el juzgado tomó la decisión final y el sargento fue condenado a 19 años de prisión por un delito consumado y continuado de violación, un delito continuado de abuso de autoridad en su modalidad de “trato degradante a inferior” y un delito continuado de abuso de autoridad en su modalidad de “maltrato de obra a inferior”. “Que mi sentencia de diecinueve años sirva para que todos los que hoy miran hacia otro lado entiendan que su silencio les hace cómplices”, es la forma en la que concluye Carolina su entrevista con Telecinco.

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