
Lavarse parece una de las rutinas más simples del día. Sin embargo, el médico dermatólogo Simons Carano lleva tiempo advirtiendo en redes sociales de que la mayoría cometemos errores básicos cada vez que entramos en la ducha. Agua demasiado caliente, jabones inadecuados o secarse con la toalla frotando la piel son hábitos muy extendidos que, según el especialista, pueden perjudicar la salud cutánea. “Para bañarnos correctamente hay reglas que debemos seguir. Así tu piel y tu pelo no sufren”, arranca el dermatólogo.
El primer consejo del especialista es también uno de los que más contradice la costumbre popular: la temperatura del agua. “El agua de la ducha debe estar tibia. No te bañes con agua muy caliente porque eso lastima la piel y la reseca”, advierte.
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El segundo punto suele sorprender aún más: abandonar los jabones tradicionales. “Los jabones dañan la función de barrera de la piel y hacen que esta se irrite”, explica Carano. “Esto incluye jabones de glicerina, jabones antibacterianos”.
En su lugar recomienda utilizar syndet, una denominación técnica para detergentes sintéticos diseñados específicamente para el cuidado de la piel. Estos productos suelen tener un pH más cercano al de la piel y menos componentes irritantes que el jabón clásico. “Para la cara, usad vuestro limpiador habitual”, añade.
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Las zonas que casi siempre olvidamos
El dermatólogo también se detiene en un problema frecuente en consulta: el mal olor corporal que persiste incluso con duchas diarias. “Si tenéis mal olor corporal rebelde, que no se va aunque os bañéis, usad un limpiador especial”, recomienda. “Limpiadores con activos que disminuyan la población de bacterias en la piel son muy útiles en caso de que sintáis que oléis mal, incluso bañándoos todos los días”.
Otro consejo es prescindir de esponjas o utensilios similares. “No hace falta que uséis una esponja. Con vuestras manos es suficiente”, afirma. Eso sí, insiste en no olvidar zonas que suelen quedar fuera de la rutina: “Detrás de los tobillos, detrás de las rodillas, las plantas de los pies, la nuca, la espalda baja”.
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El champú, en el cuero cabelludo; el acondicionador, en el largo
El lavado del cabello también tiene su técnica. “El champú se aplica en el cuero cabelludo, trabajándolo primero en las palmas de las manos. El acondicionador se aplica en el largo. Dadles unos minutos para actuar antes de enjuagarlos”, explica el especialista.

Secarse con golpecitos e hidratar la piel
Una vez terminada la ducha, Carano considera que hay dos pasos fundamentales que muchas personas pasan por alto. El primero es el secado: “Secaos con golpecitos. No os sequéis con la toalla por arrastre, esto daña la piel y la reseca”. El segundo es hidratar la piel inmediatamente después: “Agarrad vuestra crema hidratante favorita y poneros crema de pies a cabeza. La piel ligeramente húmeda y caliente se hidrata mejor”.
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De nuevo insiste en no olvidar zonas que muchas veces quedan fuera de la hidratación: “Las axilas, la espalda y los genitales”. “Y listo, te vas a haber bañado como un profesional”, concluye. “Tu piel y tu pelo te lo van a agradecer”.
Duchas frías o calientes: qué dice la ciencia
Más allá de la forma de lavarse, otra de las preguntas habituales es qué temperatura es más saludable para la ducha. Los estudios científicos indican que el frío provoca reacciones fisiológicas en el organismo (como vasoconstricción, liberación de adrenalina o disminución de la inflamación) que se aprovechan en tratamientos conocidos como crioterapia.
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Por ejemplo, la aplicación de frío puede tener efecto analgésico y antiinflamatorio, y se utiliza con frecuencia en lesiones musculares o esguinces. También puede mejorar temporalmente la circulación en las piernas al favorecer el retorno venoso, algo útil en casos de pesadez o hinchazón.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que la evidencia científica sobre los beneficios generales de ducharse con agua fría a diario es limitada. Lo que sí parece claro es que el agua fría activa el sistema nervioso y puede producir una sensación de alerta, mientras que el agua caliente tiende a relajar la musculatura y favorecer el descanso. Por eso muchos expertos recomiendan duchas templadas y, en todo caso, terminar con unos segundos de agua más fría, siempre evitando cambios bruscos de temperatura.
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En cualquier caso, más allá del eterno debate entre agua fría o caliente, el dermatólogo Simons Carano insiste en que la clave está en la técnica y en los productos utilizados. Una ducha correcta, asegura, puede marcar la diferencia para mantener la piel sana día tras día.
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