Los jóvenes españoles se sienten cada vez menos identificados con la idea de feminismo, aunque defienden la igualdad de género.
En 2018, los ojos del mundo estaban puestos en España. La Comisión 8M había convocado la primera huelga feminista del país, que sacó a las calles a cerca de seis millones de personas. Ocho años después, parece que las tornas han cambiado, por lo menos entre los jóvenes: más del 60% de los españoles de entre 15 y 29 años no se considera feminista.
El dato viene de la última encuesta de Fad Juventud, pero muchas otras investigaciones han resaltado esta realidad: un estudio de Ipsos mostró en 2025 que, para muchos españoles, el feminismo había ido “demasiado lejos”; otro realizado por el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS) evidenciaba que el apoyo a las políticas de igualdad había descendido casi un 30% en dos décadas.
Las cifras, sin embargo, ocultan una realidad algo más positiva: los jóvenes siguen defendiendo la igualdad; es la palabra ‘feminismo’ la que ya no les convence. “El concepto está manoseado y se empieza a renegar de él”, afirma Anna Sanmartín, directora de investigación de Fad Juventud. “Este año, casi la mitad de los jóvenes nos ha dicho que el feminismo es una herramienta de manipulación y adoctrinamiento político, pero si les preguntamos por desigualdades, los porcentajes cambian”, explica.
Según la encuesta realizada a más de 1.500 jóvenes, el 77,4% considera que la igualdad de derechos y responsabilidades es un elemento fundamental y más de la mitad veía la violencia de género como un problema social muy grave. “La gran mayoría cree que la igualdad de oportunidades es necesaria para crear una sociedad más justa. Hablan de un reparto de tareas equitativo, identifican desigualdades... Es una generación que ha sido muy educada, muy sensibilizada en estas cuestiones”, apunta Sanmartín.

‘Antifeministas’ por la igualdad de género
Leire y Elena, de 21 años, explican a Infobae que ellas sí se consideran feministas, pero no se identifican “con el feminismo que hay hoy en día”. “Se ha radicalizado mucho”, opina Leire, “se le da mucha más prioridad a la mujer cuando debería ser igualdad tanto en hombres como en mujeres”. Es un sentir que se replica también en Sergio y Hernán (16 años), que aseguran que “las mujeres exigen un grado de derechos mayor al de los hombres”, o Camila (27) y Mariana (17), que afirman que algunas compañeras “buscan tener beneficios solo por el hecho de ser mujeres”.
Los seis jóvenes consultados por Infobae hablan de la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, conocida como la Ley del solo sí es sí, como un ejemplo de ese feminismo radicalizado. “Es una ley mala”, asegura Elena. “No le veo mucho sentido, me parece que es un poco desproporcionado”, apunta Sergio.
Sin embargo, todos ven todavía desigualdades de género en la sociedad: mencionan que a los hombres les siguen pagando más en el trabajo, que a las mujeres las contratan menos por miedo a que se queden embarazadas o la falta de apoyo al deporte femenino. Pese a compartir esta visión feminista del mundo, la palabra les echa para atrás.
Sanmartín explica que este segmento de la población “está absorbiendo mucho los discursos y el contexto de la discusión pública”, que se ha abierto a un argumentario antes censurado socialmente. “Hace unos años, había cosas que a lo mejor la gente pensaba, pero no se decían. Se han roto algunos consensos y hay un argumentario para cualquier tipo de concepción de la igualdad, de la violencia de género, del feminismo”, explica.
A fuerza de escucharlo, los jóvenes replican los discursos antifeministas. “Te dicen que a la mínima acabas en el calabozo o que se ha perdido la presunción de inocencia para los hombres, que ya no se puede decir nada. Este tipo de discursos está calando en algunos grupos juveniles”, insiste Sanmartín.
De la manosfera a la política

Las redes sociales y plataformas digitales funcionan como “un altavoz” para estos discursos. Los jóvenes españoles pasan conectados 24 días enteros al año al mundo virtual, donde es sencillo que calen este tipo de mensajes. Un estudio del CSIC elaborado en 2025 evidenció que los influencers eran capaces de “modelar la opinión pública sobre el feminismo en España”, tanto para bien como para mal.
Mar Fraile, autora principal de la investigación, explica a Infobae que estos creadores de contenido no hablan necesariamente de feminismo en sus cuentas, sino que lo hacen de forma incidental. “Los usuarios les siguen porque les gusta el nicho que ocupan —belleza, gaming, algún deporte—, pero luego se enganchan a ellos, a su manera de comunicar", dice la investigadora del CSIC.
Estos influencers, entre los que mencionan a Jordi Wild, Roma Gallardo o Naim Darrechi, sueltan “de forma esporádica” algún comentario antifeminista que acaba penetrando en su audiencia. “A lo mejor ese seguidor o seguidora no tenía una opinión muy formada sobre ello, pero al recibir la información de alguien que admira, está mucho más predispuesto a aceptarlo”, explica Fraile. Estos comentarios, además, se transmiten de forma “muy emotiva”, lo que favorece la participación: para comentarios antifeministas, el engagement era cinco veces superior que en los comentarios feministas.
“Está muy claro en nuestro estudio que aquellas personas que siguen a influencers con un contenido esporádico antifeminista presentan actitudes antifeministas en mayor medida que quienes no les siguen. Estos creadores contribuyen mucho a crear opinión pública“, advierte Fraile.
“En el mundo digital, este tipo de mensajes han encontrado un espacio estupendo para generar una comunidad, pero eso está fuera, está offline también“, advierte Sanmartín. Aun con los avances en materia de igualdad, los mensajes antifeministas llegan al Congreso, a los mítines políticos o a las tertulias televisivas, que terminan calando entre los más jóvenes.
Para la investigadora de Fad Juventud, existe un malestar entre la población joven ante el miedo y la incertidumbre del futuro. “Son unas generaciones con muchas expectativas, bien formadas, en un Estado de Bienestar en el que las transiciones hacia la edad adulta son muy difíciles: problemas de vivienda, precariedad laboral, crisis económica, crisis sanitaria, medioambiental y ahora crisis bélica. Hay un malestar y estos discursos están dando una respuesta equivocada que apunta a la inmigración o las mujeres como causas. Es una respuesta equivocada, pero están respondiendo”, concluye.
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