
¿Están los autónomos hechos de otra pasta? Claramente, no. Aunque si les preguntamos a ellos, dirán que sí. Si nos basamos en los datos de bajas médicas, su aguante parece mayor, pero es la consecuencia de que si no trabajas, no facturas. La conclusión a la que llega un estudio español publicado en la revista Occupational and Environmental Medicine —la revista especializada en medicina laboral del grupo British Medical Journal— es que ser autónomo reduce el riesgo y la duración de las bajas laborales por dolor lumbar.
La investigación, coordinada por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda*, se realizó durante 18 meses a más de 7.200 trabajadores de toda España y de la mayoría de los sectores, y concluye que los factores socioeconómicos y el tipo de contrato influyen mucho más que los factores clínicos en la probabilidad de solicitar una baja y en su duración en casos de dolor lumbar.
El estudio ha demostrado que la condición de trabajador autónomo es el único factor que, de manera estadísticamente significativa, asocia a un menor riesgo de solicitar una baja y a que esta dure menos días, en comparación con los empleados por cuenta ajena. Aunque el 57% de los participantes reportó dolor lumbar y el 60% utilizaba medicación, apenas el 7,4% pidió la baja por esta dolencia durante el periodo analizado, lo que pone en primer plano la importancia del tipo de contrato frente a los factores clínicos o personales.
Ser autónomo, único factor de riesgo
Los investigadores analizaron 77 variables relacionadas en estudios previos con la intensidad del dolor, la discapacidad y la evolución de ambos parámetros. Entre ellas figuran la edad, el sexo, el nivel educativo, los antecedentes médicos, la calidad del sueño, factores psicológicos y expectativas laborales, así como condiciones como la inestabilidad económica o la temporalidad del empleo. Sin embargo, solo la condición laboral de ser autónomo se mantiene como predictor robusto frente al riesgo de solicitar una baja y la posibilidad de acumular 30 o más días de ausencia laboral. De hecho, la probabilidad de que un autónomo pida una baja por dolor lumbar es un 33% menor en comparación con un trabajador asalariado.
Otros factores muestran una asociación, aunque menos marcada. Según los datos del estudio, por cada año adicional de edad, el riesgo de baja por lumbalgia aumenta un 3 %; quienes han tenido episodios anteriores de dolor prolongado (más de 14 días) tienen un 43 % más de probabilidad de solicitar otra baja. Anticipar que se precisará una baja en los siguientes doce meses incrementa ese riesgo en un 44%, y percibir que una baja supondría un gran perjuicio económico lo aumenta en un 48%. Por el contrario, sentir inseguridad laboral reduce en un 30% la probabilidad de solicitar una ausencia. No obstante, al considerar de forma conjunta todos estos parámetros, únicamente la diferencia entre autónomos y asalariados se mantiene como determinante fiable del riesgo y la duración de la baja.
Explicaciones y declaraciones de los investigadores
Los autores del estudio defienden la idea de que el sistema español de Seguridad Social otorga menos prestaciones a los autónomos durante la incapacidad temporal, lo que supone mayor inestabilidad de ingresos para este grupo, y esta podría ser la explicación de la diferencia de comportamiento. Ana Royuela, de la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro–Segovia de Arana y coautora del estudio, ha señalado en declaraciones a la revista que “es llamativo que la inmensa mayoría de los parámetros clínicos que han demostrado influir en la evolución del dolor o el grado de discapacidad resulten irrelevantes para predecir la baja laboral o su duración”. “Los datos sugieren que, a igualdad de dolor, un autónomo sigue trabajando cuando un trabajador por cuenta ajena solicita la baja”, asegura.
“A igualdad de dolor, un autónomo sigue trabajando cuando un trabajador por cuenta ajena solicita la baja”
Francisco Kovacs, de la Unidad de Espalda Kovacs y director de la REIDE, ha resumido también para Occupational and Environmental Medicine que “las estrategias de prevención del dolor lumbar y las bajas laborales por esa causa deberían dirigirse a toda la población activa”. Y es que, en su opinión, “resulta imposible predecir quiénes tienen mayor riesgo de padecerlas”.
Metodología, datos y colaboración institucional
El estudio multicéntrico ha reclutado a 7.262 trabajadores activos, de ambos sexos (46% hombres), residentes en cuarenta y ocho provincias españolas y en sectores muy diversos, salvo el de Agua y Gestión de Residuos. Todos ellos fueron seleccionados durante los reconocimientos médicos anuales en sus empresas. La edad media de los participantes fue de 42 años. A cada uno se le aplicaron cuestionarios validados y se analizaron variables socioeconómicas, clínicas, psicológicas, laborales y personales, llegando a incluir un total de setenta y siete factores en el análisis.
El análisis abarcó un seguimiento completo durante dieciocho meses, desde 2008 hasta la finalización en 2025. A lo largo del periodo, solo 535 trabajadores (7,4%) solicitaron la baja por dolor lumbar y 162 de ellos (un 30 % del total de bajas) acumularon treinta o más días de ausencia. El estudio ha evidenciado que, aunque factores como la edad, los antecedentes de dolor prolongado, la percepción del impacto económico o la inseguridad laboral aparecen asociados estadísticamente al riesgo de baja, ninguno permite anticipar de manera fiable el riesgo concreto para una persona determinada. Por este motivo, los investigadores recomiendan orientar la prevención al conjunto de la población activa, y no a perfiles concretos.

En el desarrollo del proyecto participaron la REIDE, el Instituto de Biomedicina de León (IBIOMED), la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro–Segovia de Arana, el Departamento de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Salamanca y la Unidad de Espalda Kovacs en el Hospital HLA Moncloa. El trabajo contó también con el apoyo de profesionales sanitarios del Sistema Nacional de Salud, mutuas colaboradoras de la Seguridad Social y empresas de distintos sectores. Además, expertos de las universidades Pompeu Fabra y Autónoma de Barcelona asesoraron en la interpretación de los resultados.
Aunque variables como el paso de los años, los antecedentes de dolor y la percepción económica tienen una relación estadística con el riesgo de baja laboral por lumbalgia, solamente la condición de autónomo se mantiene como predictor sólido tras integrar todos los factores. De ahí que los autores del estudio insistan en que las medidas preventivas y de control de la baja laboral por dolor lumbar deben dirigirse a toda la población trabajadora, sin focalizarlas en grupos selectos.
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