
Desde que salieron los primeros smartwatches, millones de personas han recurrido a sus servicios para tener en su mano mensajes, llamadas, mediciones cardiacas, la cuenta de tus pasos diarios y hasta leer. No obstante, una de las funciones estrella y que suele causar más curiosidad entre los clientes es la estimación del sueño. Pese a que todas estas actividades se venden como mecanismos beneficiosos para la salud y el bienestar, algunos expertos han planteado también algunas limitaciones que hay que tener en cuenta.
De hecho, un estudio desarrollado por la Unidad de Sueño del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla ha puesto en duda la precisión de estos relojes inteligentes a la hora de estimar el descanso nocturno. Concretamente, la investigación —que se presentará mañana oficialmente durante la XXXIV Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño (SES)— ha evaluado el rendimiento del Samsung Galaxy Watch 4 frente al polisomnograma, método de referencia empleado en las unidades médicas especializadas para diagnosticar trastornos del sueño. Los resultados revelan limitaciones notables en la estimación de las horas de sueño por parte de estos dispositivos.
Para llevar a cabo el análisis se ha contado con 130 personas adultas con una media de 33 años. Al parecer, las mediciones del reloj se situaron “dentro de límites clínicamente aceptados” en la capacidad para diferenciar entre sueño y vigilia, mostrando una alta sensibilidad y una especificidad moderada en la detección del sueño. Sin embargo, las investigadoras han advertido que la identificación de los distintos estados de sueño “es menos acertada”. Asimismo, el smartwatch tiende a adelantar algunos minutos el arranque, el inicio estable y el final del sueño.

“Socialmente, se le está dando mucha veracidad”
Entre las observaciones del equipo sevillano se ha detectado que estos dispositivos sobrestiman levemente la eficiencia del sueño y el tiempo en sueño REM, siendo este último uno de los datos más afectados: puede haber un error de cálculo de más de 45 minutos. Por otro lado, recoge de forma significativa más minutos de tiempo despierto tras el inicio del sueño y del tiempo que el usuario pasa en sueño ligero, llegando a superar los 37 minutos. Aun así, las autoras del trabajo han apuntado que “no podemos obsesionarnos con los datos que nos aportan” estos relojes.
No obstante, la doctora Alba Salazar, neurofisióloga del Hospital Universitario Virgen Macarena, ha explicado que “socialmente, se le está dando mucha veracidad a los datos que ofrecen estos dispositivos, cuando aún muchos de ellos tienen sus limitaciones”, determina. Por lo que, para la especialista, es fundamental “transmitir cómo funcionan estos dispositivos y sus limitaciones e informar a la población sobre esto para quitar la preocupación por lo que lean cada mañana en la pantalla de su reloj”. En este sentido, otro estudio publicado por el Journal of Clinical Sleep Medicine hace un par de años ya señalaba algunos problemas adversos que se podían desarrollar a raíz de esta cuestión.
Uno de ellos es la ortostomía (la obsesión por monitorizar el descanso), que paradójicamente puede generar estrés y ansiedad por dormir bien y, por ende, derivar en dificultades para conciliar o mantener el sueño. Del mismo modo, la investigación expuso que la exposición pasiva a la tecnología, incluso en modo reposo, interfiere en la producción de melatonina, hormona esencial para regular los ciclos de sueño y vigilia. Sin olvidar que la exposición a las luces LED y las vibraciones pueden originar microdespertares, que fragmentan las fases profundas y perjudican la calidad del descanso. Ante ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) solicitó a todos los usuarios moderar la exposición a la radiación emitida por estos dispositivos —aún bajo estudio—.
Una herramienta para “comparar noches”
En definitiva, Salazar, miembro también de la Sociedad Española de Sueño (SES), ha matizado que estos aparatos pueden ser útiles “para comparar noches o épocas de un paciente y así tener, gracias a estos dispositivos, una visión global, aunque limitada, de los hábitos de sueño del individuo”, ha especificado para Europa Press. Aun así, ha reconocido que existen modelos más avanzados que realizan mejores estimaciones, aunque “aún distan de la precisión de la polisomnografía”.
De esta manera, la especialista ha subrayado que “lo importante” son las propias sensaciones de descanso y recordó la importancia de cuidar el sueño, “uno de los pilares básicos de salud”. Entre las recomendaciones, ha enfatizado en mantener patrones estables de sueño, evitar la exposición a pantallas antes de dormir, adoptar rutinas relajantes previas, no realizar siestas prolongadas y evitar sustancias excitantes en la tarde o la noche.
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