El plan de Carlos III para acercar a príncipe Harry y Meghan Markle a la Corona y marcar distancia con el expríncipe príncipe Andrés

El rey británico estaría preocupado por la imagen de la corona tras los muchos escándalos protagonizados por su hermano pequeño

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Los reyes Carlos y Camila junto al príncipe Harry y Meghan Markle en una imagen de archivo. (Photo by Tim Rooke/Shutterstock)
Los reyes Carlos y Camila junto al príncipe Harry y Meghan Markle en una imagen de archivo. (Photo by Tim Rooke/Shutterstock)

Desde el llamado Megxit en 2020, la relación entre el príncipe Harry y la familia real británica ha atravesado su etapa más convulsa en décadas. Entrevistas explosivas, un documental, unas memorias demoledoras y reproches cruzados han ido ensanchando una grieta que parecía irreparable. En paralelo, la institución ha tenido que lidiar con otro frente delicado: la caída en desgracia del expríncipe Andrés tras su vinculación al caso Epstein, que terminó por apartarlo de la vida pública.

En este contexto de tensiones familiares y necesidad de estabilidad institucional, Carlos III estaría dispuesto a mover ficha. Y no con un gesto menor.

Según fuentes próximas al entorno real, el monarca baraja ofrecer Royal Lodge —la histórica residencia en Windsor que fue hogar de Andrés durante dos décadas— a Harry y Meghan como símbolo de acercamiento y voluntad de entendimiento.

Royal Lodge: la jugada maestra con la que Carlos III busca cerrar heridas

La posible cesión de esta propiedad no sería simplemente una cuestión logística o patrimonial. Sería un mensaje en toda regla. Desde que los duques de Sussex decidieron instalarse en California y renunciar a sus funciones como miembros activos de la realeza, el vínculo con la Corona ha sido distante, frío y, en ocasiones, abiertamente tenso.

Allegados al entorno real hablan de “la rama de olivo definitiva”. Ofrecer a Harry una residencia de peso dentro del patrimonio de Windsor implicaría reconocerle un espacio físico y simbólico dentro de la familia. Un gesto que, además, reforzaría la imagen de unidad en un momento en el que la monarquía británica necesita estabilidad y cohesión.

Pero el movimiento tiene más lecturas. Royal Lodge, ubicada en Windsor Great Park, fue durante veinte años el hogar del expríncipe Andrés y Sarah Ferguson. Sin embargo, tras el escándalo que salpicó al duque de York, el rey decidió retirarle el uso de la propiedad el año pasado. Desde entonces, la mansión, de 30 habitaciones y necesitada de importantes reformas, permanece vacía.

La eventual llegada de Harry y Meghan no solo simbolizaría reconciliación, sino también relevo. Mientras el hijo menor recuperaría protagonismo dentro del núcleo familiar, Andrés quedaría definitivamente relegado. Un contraste evidente que marcaría distancias entre el futuro y el pasado reciente de la institución.

Eso sí, la operación no está exenta de riesgos. Royal Lodge arrastra una carga reputacional considerable y algunos analistas advierten de que instalar allí a los Sussex podría generar titulares incómodos. La propiedad ha sido descrita como costosa de mantener y asociada a años de controversia.

A todo ello se suma la gran incógnita: ¿querrían Harry y Meghan aceptar? Aunque en los últimos meses se ha especulado con un posible regreso parcial al Reino Unido,especialmente en eventos concretos como los Juegos Invictus de 2027, su vida personal y profesional está asentada en Estados Unidos.

En cualquier caso, el mero planteamiento revela una estrategia clara. Carlos III no solo busca tender puentes con su hijo, sino también redefinir el equilibrio interno de la familia real. En la monarquía británica los símbolos pesan, y mucho. Y ofrecer Royal Lodge sería mucho más que ceder una casa: sería reescribir, al menos en parte, el mapa político de la Corona.