
La crianza es, probablemente, una de las tareas más exigentes a las que puede enfrentarse una persona. No solo demanda tiempo y energía, sino también una implicación emocional constante que no entiende de horarios ni de descansos. Criar supone estar disponible, tomar decisiones continuas y sostener responsabilidades que no se delegan con facilidad. En ese contexto, no es extraño que muchas madres y padres se sientan desbordados en determinados momentos.
Sin embargo, en paralelo a esa exigencia real, se ha instalado con fuerza una cultura del juicio permanente. La maternidad y la paternidad parecen hoy sometidas a un escrutinio constante: desde el entorno familiar hasta las redes sociales, cualquier decisión puede ser cuestionada. Pedir ayuda, salir a despejarse o simplemente reconocer el cansancio puede convertirse en motivo de señalamiento. El descanso, lejos de entenderse como una necesidad básica, se vive a menudo como algo negativo.
Esta presión recae especialmente sobre las mujeres. Aunque los modelos familiares han cambiado, el peso principal de la crianza continúa depositándose sobre ellas en muchos hogares. Son ellas quienes, con mayor frecuencia, cargan con la organización diaria y la expectativa de presencia constante. En ese escenario, no resulta extraño que muchas madres describan una emoción persistente que aparece cuando intentan reservar un espacio para sí mismas: la culpa. Pero, ¿es realmente culpa lo que sienten?

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, en uno de sus vídeos de TikTok (@soyalvarobilbao) propone una lectura distinta de ese malestar. Para él, la palabra “culpa” no describe con precisión lo que experimentan muchas madres cuando se permiten descansar o desconectar. “Ese sentimiento que tienes a veces como madre no es culpa. La culpa es un sentimiento que aparece cuando nuestras acciones traicionan nuestros valores”.
La distinción no es insignificante. Desde el punto de vista psicológico, la culpa tiene una función adaptativa: nos alerta cuando actuamos en contra de nuestros propios principios. Sin embargo, como señala el experto, “la mayoría de personas no piensa que haya nada de malo en descansar o en conectar con una amiga para recuperar la ilusión y la energía”. Si descansar no vulnera los valores personales, entonces la emoción que surge no puede ser, estrictamente, culpa.
Bilbao insiste en que el origen de esa sensación no está en el interior de la madre, sino en el exterior. “Así que ese sentimiento no nace de dentro y no es culpa, es juicio”. Un juicio que no siempre es explícito, pero que se ha ido sedimentando a lo largo del tiempo.
Un juicio que se transmite de generación en generación
Comentarios escuchados desde la infancia, críticas a otras mujeres o modelos de maternidad basados en la entrega absoluta y silenciosa acaban permeando el propio pensamiento y expectativas, aunque sea de forma completamente inconsciente. “Has sido testigo tantas veces de cómo se criticaba a una madre por no estar todo el tiempo, por compartir la carga, divertirse o tomarse un respiro, que has hecho de ese sentimiento algo tuyo”, explica.
La interiorización de esas miradas ajenas acaba generando una sensación que parece propia, cuando en realidad procede de una construcción social más amplia. Es, según Bilbao, “el juicio de generaciones concentrado en tu pecho cada vez que no estás donde otros quieren que estés”.
La reflexión del neuropsicólogo apunta, así, a desmontar una narrativa profundamente arraigada: la de la madre que debe estar siempre disponible y para quien cualquier espacio personal supone una falta. Reconocer el derecho al descanso no implica desatender a los hijos, sino entender que el cuidado también necesita ser sostenible en el tiempo.
Desde esta perspectiva, el autocuidado no compite con la crianza, sino que la refuerza. “Así que la próxima vez que sientas esa punzada en el pecho, no le llames culpa. Tan solo recuerda que es el eco del juicio externo, que nada tiene que ver contigo ni con tu valor como madre y que nunca nadie va a poder saber todo lo que les quieres ni todo el amor que estás sembrando cada día en su corazón”.
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