Alberto Ramírez, psicólogo: “Lo que alguien te hace sentir dice mucho de esa persona”

El especialista advierte de que atribuirse el comportamiento ajeno alimenta vínculos dañinos y erosiona la autoestima

Guardar
Las personas suelen atribuirse la
Las personas suelen atribuirse la responsabilidad del comportamiento de los demás. (Freepik)

Las relaciones personales no siempre se rompen por grandes conflictos. A veces el desgaste se produce por dinámicas repetidas: comentarios descalificadores, silencios que invalidan o actitudes que generan inseguridad. En esos contextos, el malestar no suele atribuirse al otro de forma inmediata, sino que se interioriza.

Cuando el comportamiento de alguien cercano no coincide con nuestras expectativas, tendemos a buscar explicaciones en nosotros mismos. Si nos hablan con frialdad o nos responden con desprecio, es habitual preguntarse qué hemos hecho mal. Esa reacción parte de una creencia muy extendida: que si modificamos nuestra actitud, el otro también cambiará.

Esta lógica sostiene muchas relaciones desequilibradas: pensamos que siendo más comprensivos, más pacientes o menos exigentes lograremos mejorar el trato que recibimos. Sin embargo, esa premisa coloca sobre nuestros hombros una responsabilidad que no siempre nos corresponde.

El psicólogo Alberto Ramírez, en uno de sus vídeos de TikTok (@albertopsi.mentalmadrid), cuestiona esa tendencia a personalizar el comportamiento ajeno. “Lo que alguien te hace sentir dice mucho, pero no de ti, sino de esa persona. Y duele porque pensamos que su forma de tratarnos es un reflejo de nuestro valor, cuando en realidad es un reflejo de sus heridas, de su historia y de sus límites”, explica.

La forma en la que
La forma en la que alguien te trata puede activar tus inseguridades, tus viejas heridas y tu miedo al rechazo. (Freepik)

El comportamiento de los demás no depende de tu valía

En su experiencia profesional, es frecuente que quienes sufren descalificaciones o indiferencia reaccionen con autocrítica. “Cuando alguien nos habla mal, nos invalida, nos ignora o nos hace sentir pequeños, lo primero que hacemos es mirarnos a nosotros mismos. ¿Habré dicho algo mal? ¿Seré yo el problema? ¿Tendría que haber actuado diferente? Y ahí está el error”, señala.

Para Ramírez, el núcleo del problema está en esa atribución automática de culpa. La conducta de los demás puede impactar directamente en nuestras inseguridades, pero eso no significa que la hayamos provocado. “La forma en la que alguien te trata puede activar tus inseguridades, tus viejas heridas, tu miedo al rechazo... Pero no nace de ti. Te afecta, sí, pero no lo has provocado tú”.

Este matiz es fundamental en vínculos donde se repiten patrones de desvalorización. Cuando una persona interioriza que el trato recibido es consecuencia de su falta de valía, puede entrar en una dinámica de sobreesfuerzo constante. Se adapta, se justifica y tolera comportamientos que no aceptaría en otras circunstancias, con la esperanza de que el otro cambie.

Sin embargo, el psicólogo insiste en que el origen del comportamiento ajeno suele estar en factores propios de esa persona. “La forma en la que esa persona te responde viene de su educación emocional, de la manera que aprendió a gestionar el conflicto, del amor que recibió o no recibió, de sus traumas, de sus miedos, de sus límites personales. No de lo que tú vales, no de lo que tú haces y no de lo que tú mereces”.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Este enfoque desplaza la mirada del juicio personal a la comprensión del contexto emocional del otro. No se trata de justificar conductas dañinas, sino de entender que tienen raíces que no dependen de quien las recibe. Desde esta perspectiva, la expectativa de cambiar al otro mediante el propio sacrificio pierde sentido.

“Cada uno trata a los demás desde su nivel de confianza y desde sus capacidades emocionales. Y eso no está bajo tu control”, subraya Ramírez. Esta afirmación delimita claramente el margen de actuación individual: no podemos decidir cómo otro gestiona el conflicto, expresa el enfado o canaliza sus frustraciones.

Lo que sí está en manos de cada persona es la respuesta ante ese trato. “Tu responsabilidad no es cambiar cómo alguien te trata, sino cambiar lo que tú afectas. Porque la conducta de los demás puede doler, pero nunca define quién eres tú”.