Cuáles son los beneficios de comer fresas, la fruta de esta temporada que es rica en vitamina C

Estas pequeñas frutas son unos potentes antioxidantes que protegen frente a ciertas enfermedades cardiovasculares

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Mayo es época de fresas
Mayo es época de fresas y fresones. (Shutterstock)

Los amantes de las fresas están de enhorabuena. Estas pequeñas frutas, las favoritas de muchos, ya empiezan a llegar a las fruterías y mercados y a conquistar vista y paladar gracias a su atractivo aspecto y a su sabor. Sin embargo, sus beneficios van más allá de su apariencia y su gusto, pues sus propiedades nutricionales las convierten en un alimento muy interesante.

Uno de los principales atractivos de las fresas es su bajo contenido energético, como recoge la Fundación Española de Nutrición (FEN). Están formadas mayoritariamente por agua, lo que las hace refrescantes y ligeras, ideales para quienes buscan cuidar su alimentación sin renunciar al sabor. Tras el agua, su componente más abundante son los hidratos de carbono, que representan alrededor del 7 % de su peso. Estos azúcares son fundamentalmente fructosa y glucosa, junto con pequeñas cantidades de xilitol, un polialcohol que aporta dulzor con menor impacto metabólico.

No obstante, si hay un nutriente por el que estas frutas destacan de forma especial, ese es la vitamina C. De hecho, su contenido en esta vitamina antioxidante es incluso superior al de la naranja, tradicionalmente asociada a ella. Según los datos de la FEN, una ración media de fresas de 150 gramos aporta 86 miligramos de vitamina C, mientras que una naranja mediana de 225 gramos proporciona 82 miligramos. En ambos casos se superan con creces las ingestas diarias recomendadas, fijadas en 60 miligramos, lo que convierte a las fresas en una excelente opción para reforzar el sistema inmunitario y contribuir al mantenimiento de la piel, los huesos y los vasos sanguíneos.

La vitamina C no actúa sola. Las fresas contienen además diversos ácidos orgánicos, entre los que destacan el ácido cítrico, el málico y el oxálico, así como pequeñas cantidades de ácido salicílico. Estos compuestos no solo influyen en su sabor característico, entre dulce y ácido, sino que también participan en procesos digestivos y metabólicos. El ácido salicílico, por ejemplo, está relacionado con efectos antiinflamatorios suaves, lo que añade un valor añadido a su consumo habitual.

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Las fresas son potentes antioxidantes

El intenso color rojo de las fresas es otra pista de sus propiedades saludables. Este tono se debe a la presencia de antocianinas, unos pigmentos vegetales pertenecientes al grupo de los flavonoides. Las antocianinas son potentes antioxidantes que ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas responsables del envejecimiento celular y del desarrollo de diversas enfermedades crónicas.

De hecho, las fresas se consideran una de las frutas con mayor capacidad antioxidante. Esta cualidad no se explica únicamente por su contenido en antocianinas, sino también por la presencia de polifenoles como el ácido elágico y, nuevamente, la vitamina C. La combinación de estos compuestos contribuye de forma eficaz a la protección de las células frente al daño oxidativo, un factor clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares y en el mantenimiento de una buena salud general.

Las fresas son fáciles de incorporar a la dieta, puesto que pueden consumirse solas, en macedonias, batidos, ensaladas o como parte de recetas dulces y saladas. Su versatilidad culinaria, unida a su perfil nutricional, las convierte en una fruta tan práctica como saludable.