
La ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmó este jueves que una eventual apropiación de Groenlandia por parte de Estados Unidos debería afrontarse por la Unión Europea desde el ámbito jurídico y político, y no desde el militar. La dirigente española reaccionó así a las palabras de Donald Trump amenazando con hacerse con ese territorio.
Robles defendió durante la 16ª edición del Spain Investors Day que el eje de cualquier respuesta europea debe ser el respeto a la soberanía y al orden jurídico internacional, y rechazó que se esté ante un escenario que justifique un despliegue de fuerzas. Esa posición la mantuvo tanto en su intervención en una mesa redonda sobre inversión en defensa como después ante los medios de comunicación, a los que pidió prudencia y cautela ante una situación que, por ahora, sigue sin decisiones formales.
La ministra respondió de manera directa a la pregunta de si España va a enviar tropas a Groenlandia. “Ningún país europeo ha enviado tropas como tal”, subrayó, para aclarar a continuación que lo que existe son “unidades de reconocimiento” desplegadas sobre el terreno. Con esa matización, Robles trató de frenar cualquier interpretación de escalada militar o de implicación directa de los países de la Unión Europea en una operación armada.
A su juicio, ese detalle es fundamental para entender el momento actual. “Lo que se ha enviado ahora no son tropas militares, no es una misión militar, sino misiones de reconocimiento sobre el terreno”, insistió. La ministra recalcó que, hasta ahora, ni en la Unión Europea ni en la OTAN se ha planteado una misión de carácter bélico en Groenlandia, y que cualquier actuación futura dependerá de cómo evolucionen los acontecimientos y de las decisiones que se adopten en Washington.
La posición de España y de sus aliados
Robles situó la respuesta española en una lógica de coordinación con los socios europeos y atlánticos. “España nunca hace una misión sola, siempre trabaja junto con sus aliados y con otros países”, recordó, subrayando el marco multilateral en el que se mueven las decisiones de política de defensa. En ese sentido, la ministra insistió en que la línea marcada por el Gobierno es la de la prudencia y la espera.

“La posición de España es la de esperar y la prudencia, así como estar siempre viendo con nuestros aliados lo que se puede hacer”, afirmó. Esa actitud, según explicó, responde a la falta de concreción de las amenazas lanzadas por Trump y al deseo de evitar una escalada innecesaria en un momento de gran sensibilidad geopolítica.
No obstante, Robles admitió que si el presidente estadounidense llevara a la práctica sus palabras y tratara de apropiarse de Groenlandia, el escenario cambiaría de manera sustancial. “Evidentemente se plantearía un tema jurídico respecto a la soberanía”, señaló. En ese supuesto, la Unión Europea tendría que reaccionar desde el plano político y legal para defender el orden internacional y los principios que rigen las relaciones entre Estados.
“Lo que todos queremos es que no se llegue a esa situación”, añadió la ministra, quien volvió a apelar a la prudencia. “Vamos a esperar porque no hay nada todavía. Máxima prudencia. Vamos a ver cómo evoluciona todo. Pero lo que yo creo es que la Unión Europea, desde ese punto de vista político, tiene que exponer claramente que tenemos que respetar el orden jurídico internacional”, insistió ante los periodistas.
Un estatus distinto al de otros conflictos
Durante su intervención en la mesa redonda del Spain Investors Day, Robles introdujo un elemento clave para entender la complejidad del caso. A su juicio, la Unión Europea se encontraría ante una situación diferente a la de otros conflictos recientes, como el de Venezuela, porque Groenlandia tiene un estatus de asociado a un país miembro de la OTAN, a la que también pertenece Estados Unidos.
Ese vínculo, explicó, sitúa el problema en un terreno especialmente delicado. Además, recordó que Estados Unidos mantiene desde hace décadas una importante presencia militar en Groenlandia, que en su momento llegó a contar con hasta 17 bases. Esa realidad convierte cualquier movimiento en el territorio en un asunto con implicaciones directas para la Alianza Atlántica.
Para Robles, sin embargo, el núcleo del problema no sería un eventual refuerzo de tropas, sino la cuestión de la soberanía. “El verdadero problema es si realmente se vulneraría el derecho internacional si Estados Unidos incrementara su presencia allí y se quedara con su soberanía”, afirmó. En ese caso, sostuvo, la respuesta no debería articularse como una misión militar, sino como un conflicto jurídico y político sobre la titularidad legítima del territorio.
“No sería un tema de presencia militar, sería más bien un tema jurídico de soberanía. No se puede plantear militarmente como una misión, sino con cómo afectaría a la OTAN”, añadió, poniendo el acento en las consecuencias que una apropiación de ese tipo tendría para una alianza basada en la cooperación y en el respeto entre Estados miembros.
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