El restaurante malagueño con pescadería propia donde comer pescaíto frito fresco por poco más de 6 euros

Antes de sentarte a comer en Freiduría Ramonchi, una gran vitrina llena de pescado y marisco fresco nos permite ver el género en crudo

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Pescaíto frito en la Freiduría
Pescaíto frito en la Freiduría Ramonchi (Instagram / @ramonchifreiduria)

Encontrar locales sencillos, donde la buena calidad del producto no esté reñida con un precio asequible, y donde la cocina local brille por encima de los sabores importados, es en algunas ciudades casi como hallar un trébol de cuatro hojas. Lo es en especial en lugares tan turísticos como Málaga, donde las zonas céntricas se llenan durante todo el año de visitantes con gustos y carteras muy diferentes a las locales.

Para ir a una de estas joyas ocultas es necesario a veces salir de las zonas más concurridas, acudiendo a los barrios que ofrecen ofertas más populares y, muchas veces, con una calidad que nada tiene que envidiar a grandes establecimientos. Todas estas características se encarnan en Freiduría Ramonchi, una freiduría ubicada en el barrio de la Luz que se ha ganado a pulso su fama gracias a servir pescaíto frito fresco a un precio casi inédito.

Podríamos encontrar precios económicos en muchos otros lugares de la Costa del Sol, pero esta pequeña freiduría tiene un detalle que marca la diferencia: su propia pescadería dentro del local. Antes de sentarte a comer en una de sus solicitadas mesas, una gran vitrina llena de pescado y marisco fresco te permite ver el género en crudo, productos que llegan a diario de los puertos cercanos y que se transforman en un auténtico banquete en las mesas.

La pescadería del restaurante Freiduría
La pescadería del restaurante Freiduría Ramonchi (Instagram / @ramonchifreiduria)

Aquí no hay nada de congelados ni productos preparados: la materia prima es la reina. Boquerones, calamares, rosada o jibia salen de la vitrina y pasan por el aceite, consiguiendo un resultado crujiente, ligero y con mucho sabor, rebozada con la harina justa para disfrutar de cada bocado. El resultado son raciones generosas con listas de precios que parten desde los 6 euros, un precio difícil de encontrar hoy en la capital, y que no superan los 11 euros.

“Aquí no trabajamos con congelados, aquí todo es fresco, tanto los calamares, las gambas, los carabineros, la gamba roja...”, indican desde el establecimiento. “Se nota la diferencia entre el producto fresco al congelado. Aquí sí hay marisquito de verdad”. El producto frito se acompaña además de opciones a la plancha, y de una breve lista de entrantes entre los que destacan las berenjenas con miel de Frigiliana, a 5,50 euros; o los langostinos al pilpil y las croquetas, a 6,50 euros. También ensaladas de pimientos, ensaladilla rusa o cogollos con gambas al pilpil.

El ticket medio por persona oscila entre los 15 y los 20 euros, lo que convierte a esta freiduría en una de las opciones más asequibles de la ciudad en los que probar el pescaíto. Las mesas vuelan, así que desde el restaurante recomiendan llamar y reservar en cualquiera de sus dos locales (C. Antillas 5 y C. Gaucín 30). Los locales permanecen abiertos de martes a sábado en horario de 13.00 a 16.30 horas, y de 20.00 a 23.30 horas.

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Las reseñas que este local acumula en Google funcionan como prueba fidedigna de su éxito: “Puedes pedir el marisco por unidad, cosa que me gusta, por qué puedes comer de todo un poco”, cuenta uno de los clientes en su opinión, mientras que otros destacan la “calidad y buen precio” al tiempo que destacan lo difícil que resulta encontrar una mesa libre sin reserva previa.