
En muchos casos, envejecer es sinónimo de soledad no deseada. En Madrid el 21,5% de los mayores, y cerca de 30 millones en Europa, viven un sufrimiento diario al no poder desarrollar actividades sociales, lo que en muchas situaciones genera graves problemas para la salud física y mental. Este fenómeno, que tiene una mayor presencia en mujeres, tiene importantes consecuencias económicas y sociales, con un aumento del consumo de fármacos, demanda de cuidados y presión sobre el sistema sanitario, como indica una publicación en abril de 2024 de la Revista Española de Salud Pública.
Por eso, algunas asociaciones, como Solidarios, han impulsado programas de convivencia o de voluntariado para que los mayores no tengan que pasar por esa situación. José Luis Pol, trabajador social y responsable del plan ‘Convive’ para la organización sin fines de lucro en la capital, es el encargado de al menos “unas cien convivencias al año”. Dicho programa trata de solucionar dos problemas existentes en la sociedad española: la soledad no deseada en la tercera edad y la precariedad económica de los jóvenes estudiantes.
Al ver cómo las “convivencias en otras ciudades” tenían éxito, “Solidarios decidió que era una buena opción para hacerlas” en Madrid, comenta el trabajador social a Infobae. “Se comenzó con unas pequeñas convivencias, hasta que con el apoyo económico y financiero el programa fue cogiendo el volumen y estructura actual”, explica. Sus “fuentes de derivación” son variadas, ya que cuentan con “un convenio con el Ayuntamiento de Madrid y con la teleasistencia, el botón rojo que da Personal Mayor”. Aunque “a veces del boca a boca se enteran. Y otras veces, vienen cuando salimos en medios de comunicación”, afirma.
Isabel y Yuri, de 88 y 25 años, participan en el programa desde hace más de un año. Juntas han encontrado un equilibrio y una compatibilidad que no se habrían esperado antes de conocer el plan ‘Convive’. “Me pareció muy bonita la iniciativa de poder convivir con una persona mayor”, asegura la joven, que vino desde Colombia para estudiar un máster de informática. La oportunidad que le ha brindado Isabel le ha permitido “tener una vivienda independiente” y dejar de compartir habitación. Y pese a los más de 60 años de diferencia, no solo han encontrado a alguien con el que convivir, sino que las dos han hallado a una persona con la que pasar tiempo, siempre que Yuri no está estudiando o trabajando.

Un programa que “no es para todo el mundo”
Para poder ingresar en el programa, todos los aspirantes pasan por una entrevista personal con José Luis, quien va a ser también el encargado de realizar un seguimiento de la convivencia. Las personas que pueden participar son estudiantes desde “los 18” y mayores “a partir de 65”, aunque “puede haber algún caso que a partir de sesenta o sesenta y pocos”, comenta el trabajador social. “Si de repente nos llegan, esto con flexibilidad pues lo vamos a meter”. Aún así, añade que “las edades cada vez son más avanzadas. O sea, que esos casos son muy pocos”. De hecho, los mayores que recurren al plan suelen haber podido “tener un susto”, como una caída o el “miedo a vivir solos”.
Según cuenta José Luis, “hacemos entrevistas” previas para prever la compatibilidad de los convivientes. Concretamente, se hacen “valoraciones en el domicilio de la persona mayor”, así como “entrevistas a las personas estudiantes que quieran participar en el programa”. Normalmente, los jóvenes suelen ser “personas que tienen claro dónde van a participar”, por lo que suelen ser de un perfil concreto. Por su parte, los mayores también deben cumplir unas características: “No pueden tener un deterioro cognitivo avanzado, que quieran compartir su casa, que quieran compartir su espacio y que quieran compartir con una persona que en un momento inicial no conocen”, son los requisitos que señala el trabajador social.
Por este motivo, el programa “no es para todo el mundo”. A pesar de que esto restringa en gran medida el número de hogares, “lo tenemos claro: llegamos a una parte de la población pequeña y esto no es un programa de unos números desorbitantes en cantidad”. Pero lo bueno es que “no disminuye”, subraya José Luis. Además, “la gente en general cuando participa está bastante contenta. Una vez rompen esa barrera del miedo, pues al final se crean lazos y vínculos muy fuertes”.
El primer encuentro, en este sentido, se hace en el domicilio del mayor, con José Luis presente, para solventar cualquier duda y apostar por un clima más íntimo. “Acabábamos de conocernos -en la entrevista- y fue bien. El día siguiente fue el primero de convivencia. Un amigo me ayudó a traer mis cosas y a instalarme en casa de Isabel”, narra Yuri. A pesar de que ambas empezaron “con muchos nervios” por una etapa nueva con un desconocido, un año después están “muy contentas”. Y es que, además de vivir en el mismo hogar, “también hay una parte en la que hacemos actividades socioculturales”.
“La importancia de compartir un tiempo y un espacio y hacer cosas juntos”
Al ser un programa que lucha contra la soledad, “nosotros lo que queremos es que compartan un tiempo y un espacio”. Por ello, “estipulamos que pasen dos horas al día juntos o juntas, dentro de que no son máquinas, son personas; y habrá días que va a ser mas tiempo que otros”, indica José Luis. Además, desde la organización se solicita que los estudiantes " no lleguen más tarde de las 22:30 entre semana. Aunque en líneas generales puede haber una excepción". Del mismo modo, “los fines de semana tienen unas 24 horas libres -por lo que que se pueden marchar la noche si quieren-. Y luego hay un fin de semana al mes que en vez de 24 horas tienen 48 horas, con dos noches”, estipula.

“Ella está siempre trabajando y estudiando”, comenta Isabel, por lo que en su caso solo pueden compartir tiempo por la noche. “Cuando nos inscribimos, colocamos una franja en la que estamos disponibles. Mañana, tarde o noche. En mi caso, puse jornada de disponible noche”, explica Yuri. Para divertirse juntas siempre optan por “ver ‘Pasapalabra’ por la tele a las 20 horas o ‘La ruleta de la suerte’, que la dan a las 22. Y compartir la comida o la cena, dependiendo de si salgo pronto o de si es el fin de semana”, explica la joven de 25 años. También dan paseos de vez en cuando, pero como “Isabel ha estado pachucha, no le apetece mucho tampoco”.
De este modo, Isabel puede tener tiempo para ella. “Es bueno tener mi espacio y luego tener momentos para compartir”, coincide Yuri. Con este programa, los estudiantes “no abonan un alquiler, sino que en concepto de los gastos que puedan ocasionar del agua, la luz, el incremento de las facturas de la casa, pues pueden abonar hasta 120 euros al mes a la persona mayor", revela José Luis.
La duración de cada caso puede variar, dependiendo normalmente de “los cuatro años de carrera” o los dos del master del estudiante. Aunque “pueden estar dentro del programa los años de estudio y luego un año posterior a la finalización”. Con esto, muchas veces se pueden ver “convivencias que duran muchos años dentro del programa”. El lazo que crean entre los participantes hace que “mantengan el contacto e incluso se vean después” de la experiencia. “Pero ten en cuenta que hay estudiantes que vienen de España y otros que viven fuera. Muchos son de países de Latinoamérica que normalmente más tarde o más temprano se suelen volver. Entonces ya físicamente es difícil que se vuelvan a ver”, añade el trabajador social.
“El miedo paraliza y hace que no hagas cosas”
A pesar de que la experiencia de Yuri e Isabel haya funcionado, hay muchos mayores que tienen miedo de probar esta alternativa. “Yo siempre digo que el miedo paraliza y hace que no hagas cosas. En la vida en general, a todos nos pasa”, explica José Luis. En muchos casos, “son los hijos los que les apoyan para que participen”. Este fue el caso de Isabel, pues fue su hijo el que la introdujo al programa: “No supe nada hasta la entrevista”, comenta ella.
Y es que es común que muchos tengan “sus dudas”, porque “obviamente, meter a alguien en su intimidad, en su vida... Al final no hay nada más íntimo que tu casa”, expresa el trabajador social. Pero el programa tiene sus beneficios: “Sabes que está ahí y que es más joven y en cualquier momento te puede ayudar”, asegura Isabel. Especialmente “con el móvil o los botones del mando de la televisión”, comentan entre risas. Así, “las cosas que no sé yo, pues se lo pregunto a ella”, y viceversa; porque la de 25 años también ha aprendido mucho.
“Como recetas, porque a ella le encanta hacer rosquillas, croquetas, cocido. Y para mí eso es como muy novedoso y me asombra mucho ver todo el desarrollo. Lleva mucho trabajo y aprendo mucho yo también", afirma Yuri. Así como “barrer el patio” cuando “hay demasiadas hojas”: un pasatiempo que han desarrollado juntas durante su convivencia. “Ahora ya no se barre tanto porque ya se han quitado las hojas de la higuera, pero la última vez sacamos siete sacos”, añade Isabel.
La confianza que han desarrollado con el tiempo ha permitido que Isabel confiase en Yuri el verano pasado para quedarse un mes sola en la casa “mientras ella iba donde su hijo”, explica la joven. “Por suerte somos bastante compatibles y siempre dejamos todo en su sitio. No me meto yo con sus cosas ni ella con las mías. O sea, cada una tenemos nuestro espacio y el espacio compartido de la casa, pues se mantiene siempre”, coinciden ambas.
Un “envejecimiento activo”
Sin duda, todas estas actividades tienen sus beneficios. “Ayuda a la permanencia en el domicilio de la persona mayor, porque ahora, obviamente, todos queremos permanecer en nuestro entorno el mayor tiempo posible”, señala José Luis.
Del mismo modo, este programa ayuda especialmente “a personas que han tenido un estado de ánimo bajo, una depresión o temas de ansiedad por el tema de la soledad, pues al final están más entretenidos”. Durante la convivencia se consigue que retomen “hábitos saludables”. Según comenta el trabajador social, “muchas veces vemos que ya no cocinaban o cocinaban cada vez menos, se hacían comida menos saludable”. Así, el hecho de volver a tener “una conversación” o “salir a la calle a dar un paseo” es fundamental para ellos. “Al final, esto lo que fomenta es el envejecimiento activo, que se cuiden más”, asegura.
Definitivamente, como señala José Luis, “se sienten más contentos, se sienten más acompañados y al romper esa barrera de soledad hace que su estado de ánimo mejore en líneas generales, porque hay un cambio en su vida ¿Y qué mayor impacto hay que el estar viviendo con alguien, no?”
Últimas Noticias
Ainhoa Vila, psicóloga: “Esta técnica regula la ansiedad en menos de un minuto y es muy poco conocida”
La experta denomina a este método exposición interoceptiva controlada, utilizada en el tratamiento de los trastornos de ansiedad

Simeón II de Bulgaria consigue deshacerse de su palacio real entre aguas termales: La Villa del Zar es comprada por 1,3 millones de euros
El exzar de Bulgaria y primer ministro entre 2001 y 2005 ha vendido su propiedad más difícil en la localidad de Banya
Janira Sánchez, dentista: “Ni se te ocurra cepillarte los dientes con el mismo cepillo después de haber estado resfriado o con gripe”
Descubre los hábitos fundamentales para tu salud bucal en invierno

El propietario de una lavandería de autoservicio confiesa: “Solo le dedico media hora al día: abrir, limpiar y recaudar el dinero”
Sin embargo, el empresario añade que tampoco garantiza grandes ganancias: el beneficio mensual ronda los 500 euros

Feijóo propone una reforma del suplicatorio con la que ningún político pueda eludir la justicia ni “asegurarse la impunidad”
El líder del PP plantea así que, si el Congreso no aprueba este trámite, la causa penal contra un diputado no se archive definitivamente




