Susana Ros, psicóloga: “No te falta fuerza de voluntad, te sobra exigencia”

La presión por seguir dietas estrictas puede generar culpa y dificultar la construcción de hábitos saludables sostenibles

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La psicóloga Susana Ros (TikTok
La psicóloga Susana Ros (TikTok / @susanaros.psiconu)

La relación con la alimentación suele estar atravesada por expectativas sociales y personales que generan un alto nivel de presión. Muchas personas experimentan malestar cuando sienten que no cumplen de manera estricta con un plan alimenticio, lo que puede derivar en emociones negativas y autoexigencias difíciles de sostener.

Este escenario, común en quienes buscan mejorar su salud, refleja un fenómeno extendido: la tendencia a juzgarse con dureza ante cualquier desliz, por mínimo que sea, y a interpretar estos momentos como fracasos personales. Esta percepción se ve reforzada por mensajes culturales que promueven estándares poco realistas y fomentan la idea de que solo la perfección garantiza resultados duraderos.

Sentirse frustrado y culpable al romper mínimamente un plan alimenticio no significa falta de fortaleza, sino un exceso de presión interna, según la psicóloga Susana Ros. En un vídeo reciente subido a su canal de TikTok (@susanaros.psiconu) sostiene: “No te falta fuerza de voluntad, te sobra exigencia”.

Presiones y autoexigencia

Ella enfatiza que el impulso de mejorar los hábitos suele transformarse, sin darnos cuenta, en una disciplina estricta: “Tienes el deseo de mejorar tu alimentación y empiezas una dieta saludable. Lo haces perfecto. Tu ensalada, tu pescadito al horno, tu fruta... No comes nada fuera del plan”.

El entorno social puede poner en evidencia esa rigidez. Susana Ros ilustra el momento en que socializar pone a prueba la autoexigencia: “Pero llega el fin de semana y quedas con unos amigos para tomar algo, y aunque te has pedido una agüita con gas, no has podido reprimir las ganas de picar cuatro patatas”.

Comer poco es un riesgo
Comer poco es un riesgo para la salud física y mental a medio y largo plazo (AdobeStock)

Tras ese pequeño desliz, la reacción suele ser desproporcionada: “Y entonces, al llegar a casa, aparece la culpa. Piensas que la has liado, que has tirado el día a la basura, así que total, como ya has fallado, te comes todo lo que pillas por casa”.

Este tipo de dinámicas emocionales pueden afectar la percepción de uno mismo y la confianza en la capacidad para mantener hábitos saludables a largo plazo. Muchas veces, la presión por no cometer errores alimentarios hace que la atención se centre más en los fallos que en los logros, desvalorizando el esfuerzo y la constancia demostrados durante el proceso. Se instala la idea de que cualquier desvío anula los progresos previos, lo que alimenta el círculo de culpa y frustración.

Optar por el realismo

El ciclo negativo se afianza cuando, tras el atracón, la autocrítica cobra fuerza. La experta señala cómo los pensamientos de derrota aparecen fácilmente: “Después del atracón te sientes superculpable y piensas que nunca lograrás comer sano porque no tienes fuerza de voluntad, así que decides abandonar”. Sin embargo, llama a reconocer la verdadera raíz del problema: “¿Te das cuenta de lo exigente que eres?”

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Para Susana Ros, ni un pequeño desvío ni un exceso puntual pueden invalidar los avances logrados: “Picar cuatro patatas o una bolsa entera no tira a la basura los hábitos que has ido construyendo a lo largo de los días y de las semanas”. La especialista invita a transformar la concepción sobre el esfuerzo, defendiendo que “una dieta saludable debe ser sostenible, no perfecta”.

Su consejo se asienta en el realismo: “Baja la autoexigencia, reduce las expectativas, que sean realistas y entiende que eres humana”. En palabras de la psicóloga, buscar la perfección solo conduce al desgaste: “Cuidarte desde la rigidez no es cuidarte, es castigarte”.